El obispo de Getafe afirma que aprobar una ley educativa en estas circunstancias y sin diálogo «no es una buena noticia» - Alfa y Omega

El obispo de Getafe afirma que aprobar una ley educativa en estas circunstancias y sin diálogo «no es una buena noticia»

En su última carta, sostiene que no es propio de un Estado democrático pretender sustituir a los padres en la tarea educativa de sus hijos. También defiende la escuela concertada y la clase de Religión

Fran Otero
Foto: Diócesis de Getafe

En su última carta, sostiene que no es propio de un Estado democrático pretender sustituir a los padres en la tarea educativa de sus hijos. También defiende la escuela concertada y la clase de Religión

«¿Una ley de Educación en tiempos del coronavirus?». Con esta pregunta comienza su última carta el obispo de Getafe, Ginés García Beltrán, en la que cuestiona la conveniencia de abordar una reforma educativa en un momento tan delicado, al tiempo que defiende el derecho de los padres a elegir la educación que en conciencia quieran darle a sus hijos y el mantenimiento de los colegios concertados y de la clase de Religión.

«Sinceramente no sé si es el momento más apropiado para legislar sobre un tema tan importante como la educación, un tema que, desgraciadamente, en España ha sido en los últimos tiempos tema de debate y disenso. No sería justo en este caso y en este momento utilizar aquellos de “A río revuelto…”», afirma.

En este sentido, sostiene que aprobar esta ley en un tiempo como este, «sin diálogo ni consenso, no es una buena noticia». Considera «una pena» que España tenga una nueva ley de educación cada vez que hay un cambio de Gobierno: «Nos merecemos algo más, nos merecemos una ley de educación que nos ofrezca un hombre y una sociedad mejores».

En su opinión, la labor educativa la desarrollan la familia, la escuelas, la calle, los medios de comunicación, la Iglesia…, pero recalca que el derecho y la obligación de procurarla para sus hijos recae en los padres. «Son los padres los que han de dar a los hijos la educación que en conciencia crean, y lo hacen en casa y fuera de ella. Las otras instancias sociales también tienen esa obligación, pero siempre en subsidiariedad con respecto a los padres. Pretender sustituir a los padres en esta tarea no es propio de un estado, y menos de un estado democrático», explica.

Del mismo modo, defiende la conveniencia de que el Estado proteja y apoye las iniciativas sociales que contribuyen al bien de la persona. Y añade que «no se entiende que los colegios concertados no puedan tener las mismas posibilidades que los llamados públicos cuando así lo quieren sus padres por las razones que sean». «Todos son ciudadanos y a todos hay que respetar el derecho de elegir la educación para sus hijos», continúa.

Finalmente, en lo que respecta a la clase de Religión, el obispo de Getafe afirma que «querer negar lo trascendente en el hombre es cerrar los ojos al propio corazón, a la realidad y a la misma historia». «Negar hoy la educación religiosa a los niños y jóvenes es un hecho trasnochado. Para los creyentes es una necesidad básica, para los no creyentes respetar esta opción libre de los que lo somos, una exigencia de la libertad, de la justicia y del respeto al otro», agrega.

F. O.