El efecto sanador de un sagrario que «vuelve a casa» dos años después de la DANA
La parroquia de Santa Fe, en Alfafar, quedó destrozada por la riada y, con ella, su sagrario. Su párroco cuenta a Alfa y Omega cómo ha sido esta primera semana en la parroquia tras meses de restauración en Sevilla
El sagrario de Alfafar ha vuelto a casa. Desde el lunes pasado, está de nuevo en la parroquia de Santa Fe de este municipio valenciano que sufrió tremendamente los efectos de la DANA. El martes pasado hubo una bendición del sagrario y el primer domingo con él en su sitio también ha sido muy especial. Salvador Aguado, el párroco, cuenta a Alfa y Omega que la vuelta del sagrario «ha sido como cerrar una herida, dar un pasito más hacia la sanación».
Sanar de las heridas que, aquel 29 de octubre de 2024, la ingente masa de lodo y agua dejó en la piel de la tierra valenciana. Han pasado casi dos años y, para muchos en Alfafar, este sagrario es símbolo de resistencia. Y, por supuesto, de fe, esperanza y caridad.

150 personas se salvaron en la parroquia
Aquella fatídica tarde, había alerta por lluvias pero, a la hora de la Misa en Santa Fe, no caía una sola gota. Así que Salvador decidió celebrar. Terminó poco antes de las 19.40, justo cuando empezó a entrar la avalancha de agua en la parroquia. Pensó que lo mejor era cerrar la puerta y poner toallas, pero pronto se dio cuenta de que el agua superaba ya el metro de altura en el interior del templo y de que fuera había coches flotando con personas en los techos intentando salvarse. Abrió la puerta e hizo entrar a todo el mundo en la iglesia. Los llevó al techo, junto a los veinte parroquianos que habían asistido a Misa. Así pasaron horas hasta que, a las cinco de la mañana, las aproximadamente 150 personas que se salvaron en la parroquia pudieron regresar a sus casas.
El sagrado destrozado
Con la luz del día, lo que encontraron era difícil de describir con palabras. El padre Salvador explica que, aunque estaba todo lleno de barro y descolocado. Pese al desastre, todo había quedado dentro del templo. Incluido el sagrario que, como era de madera, se había hinchado y había quedado muy estropeado. «Mi obsesión era abrir el sagrario para poder recuperar el Santísimo. La llave se había perdido así que cogí una palanca y forcé la cerradura. El Santísimo estaba todo diluido. Me calmaron, me dijeron que al haberse mojado y diluido el Señor ya no estaba allí», rememora el párroco.
Exteriormente, la parroquia había quedado también muy tocada. Por la fuerza de la riada, muchos coches impactaron contra uno de los muros haciendo peligrar la estructura. Los salones parroquiales y el despacho parroquial quedaron totalmente inhabilitados. Poco a poco se han ido subsanando estos problemas, aunque todavía, dos años después, queda mucho por hacer.
Un regalo desde Triana
¿Y qué pasó con el sagrario? Estuvo algunas semanas en la parroquia hasta que pudo enviarse al taller de José Manuel Cosano, en Triana. «Conocí a una amiga en el Camino de Santiago y, diosidencias del Señor, trabaja en ese taller. Se puso en contacto conmigo para decirme que su jefe quería colaborar con nosotros restaurando el sagrario», cuenta Salvador. Así que, de Valencia viajó a Sevilla. Casi dos años después, ha vuelto como nuevo a la parroquia.

Salvador asegura que «los fieles están impresionados por el trabajo realizado y sienten gratitud, ha sido un regalazo». Para él, como sacerdote, este regreso del sagrario también ha supuesto un regalo, «un broche de oro que me ha regalado el Señor porque en pocas semanas cambio de parroquia». De hecho, tendría que haberse marchado hace un año, pero quiso quedarse un poco más para acompañar a un rebaño en el que también la DANA tuvo efectos devastadores.
«Psicológicamente, para nosotros ha supuesto un reto. Levantarte allí todos los días y ver situaciones complicadas… El primer año fue muy duro», reconoce. Incluso, acogió en la casa parroquial a una familia que lo había perdido absolutamente todo. «Todos nos apoyamos mucho», recuerda. En Alfafar ya no quedan restos visibles de la DANA. El párroco explica que el ayuntamiento hizo un gran trabajo y también quiere reconocer expresamente la labor de Cáritas diocesana de Valencia, que «ha hecho mucho bien en el barrio, un trabajazo».
Sin embargo, los restos invisibles, paradójicamente, se hacen notar más. Salvador cuenta que, cada vez que salta una alerta en el móvil, vuelve a la memoria de todos esas terribles horas y los muchos días posteriores. «Rememoramos todo el trauma y tememos que vuleva esa ola de fango. Pero, con ayuda del Señor tiraremos para adelante», sentencia. Dice que se marcha de Santa Fe «con todo el dolor de mi corazón», pero confiado porque «les dejo en las manos del Señor», ahora por fin, en su sagrario de siempre.