El abrazo más amoroso - Alfa y Omega

El abrazo más amoroso

Cristo es crucificado de nuevo hoy, aquí, pero también hoy vuelve a ofrecernos su perdón y la posibilidad de cambio

Alfa y Omega

Los fieles estamos viviendo con especial intensidad y emoción una Semana Santa que ya recuerda a las de antes de la pandemia. En los templos y en las calles de España, en los oficios y en las procesiones, ha de resonar la invitación que el Papa Francisco hizo el Domingo de Ramos, el pasado 10 de abril, en la multitudinaria Misa en la plaza de San Pedro: «Contemplemos a Jesús en la cruz y veamos que nunca hemos recibido una mirada más tierna y compasiva. Contemplemos a Jesús en la cruz y comprendamos que nunca hemos recibido un abrazo más amoroso».

Es difícil imaginar el «dolor lacerante» que Cristo experimenta en la cruz, «cuando siente que los clavos le perforan las muñecas y los pies» como describió el Pontífice, y cuando se ve solo, quizá con miedo y dudas. Pero sí oímos alto y claro su «Padre, perdónalos», que nos cuesta entender en esta sociedad individualista y polarizada. Al examinar nuestro interior y revisar nuestro modo de obrar vemos que, al afrontar situaciones difíciles, perdemos mucho tiempo «pensando en quienes nos han hecho daño», que acabamos «lamiéndonos las heridas» e incluso tenemos sed de venganza. Jesús —en expresión del Sucesor de Pedro— alienta «a romper el círculo vicioso del mal y de las quejas», pide «responder a los clavos de la vida con el amor y a los golpes del odio con la caricia del perdón» como hace Él.

En un mundo «violento» y «herido», marcado por conflictos como la invasión de Ucrania, hemos de mirar de nuevo a la cruz, contemplar el rostro de Jesucristo y pensar si, en nuestro día a día, nosotros también olvidamos que Dios es Padre y maltratamos a quienes son nuestros hermanos. Cristo es crucificado de nuevo hoy, aquí, en tantas y tantas situaciones, pero también hoy vuelve a ofrecernos su perdón y la posibilidad de cambio. Como remarca Francisco, «no nos cansemos del perdón de Dios», ni nos cansemos de «recibirlo y testimoniarlo».