Educar en verde - Alfa y Omega

Educar en verde

Los salesianos están presentes en la COP25. La congregación celebra el protagonismo de los jóvenes en la lucha contra el cambio climático, y busca fórmulas para que esta «conciencia ecológica admirable» les lleve a asumir compromisos personales concretos

Ricardo Benjumea
Un grupo de jóvenes ugandeses participan en una de las actividades de Don Bosco Green Alliance. Foto: Misiones Salesianas

Los salesianos están presentes en la COP25. La congregación celebra el protagonismo de los jóvenes en la lucha contra el cambio climático, y busca fórmulas para que esta «conciencia ecológica admirable» les lleve a asumir compromisos personales concretos

«Como salesianos, nos alegra y nos motiva especialmente el protagonismo de los jóvenes contra el cambio climático», asegura Koldo Gutiérrez, director del Centro Nacional Salesiano de Pastoral Juvenil. En vísperas de la COP25, la congregación lanzó la iniciativa Ponte en verde por el futuro de los jóvenes, para incitarles en la necesidad de tomarse en serio ese «compromiso personal y colectivo». Y presentó la Don Bosco Green Alliance, que agrupa a 213 obras salesianas de 51 países comprometidas en acciones concretas para combatir la contaminación, reducir el calentamiento global y eliminar el plástico de un solo uso.

Uno de sus integrantes, el joven gaditano Salvi Macías, es uno de los representantes del European Youth Forum –que agrupa a unos 45 consejos nacionales europeos de la juventud y a otras organizaciones juveniles– en los actos de la COP25 de esta semana. La defensa del planeta –destaca– significa hoy «un gran espacio de diálogo con todo tipo de jóvenes, porque esta es una cuestión que nos afecta a todos, y con el impulso del Papa los católicos estamos cada vez más implicados en esta lucha».

No todo lo verde es ecología integral

Para los salesianos –explica Koldo Gutiérrez– «la defensa de la casa común ofrece una magnífica oportunidad para dialogar con otros grupos sociales, con la ciencia, con el mundo de la política, con otras religiones…». Pero también son conscientes de que no todo lo verde pasa el filtro de lo que el Papa ha denominado «ecología integral», donde lo social y lo ambiental van necesariamente de la mano. La transición energética –advierte Gutiérrez– puede servir de coartada a los países ricos para mantener su posición hegemónica en un mundo postpetróleo.

De ahí que la Don Bosco Green Alliance –añade Salvi Macías– tenga a gala su condición de «iniciativa que proviene del sur», concretamente de la India, donde la deficiente gestión de los residuos genera graves problemas de sanidad pública y, ciudades como Bombay y, sobre todo Delhi, son periódicamente noticia mundial por la hiperbólica contaminación del aire que respiran sus ciudadanos. Fue en países del sur, de hecho, donde la iniciativa tuvo mejor acogida. «Especialmente en África se ha extendido mucho», añade Macías. «Se están organizando en los colegios y centros juveniles grupos encargados de la sensibilización en sus entornos sobre la importancia del reciclaje», con gestos públicos como la recogida de basuras o la plantación de árboles. La congregación ha buscado formas de expandir esta mentalidad en sus obras, llevándola a parroquias o adaptando sus programas de formación profesional para capacitar a sus alumnos en oficios relacionados con las energías limpias. «Sabemos que los países del sur son los que en mayor medida sufren las consecuencias del cambio climático y la contaminación; lo que queremos es que sus jóvenes asuman también un papel protagonista en la búsqueda de soluciones», zanja el representante de la Don Bosco Green Alliance.

Pasar al compromiso personal

Más tardó en llegar la iniciativa a Europa, donde –confiesa Koldo Gutiérrez– la acogida ha sido más tibia. Con la excepción de España, hoy el segundo país del mundo donde más obras salesianas se han sumado. De momento, mayoritariamente a través de campañas de concienciación en redes sociales, o la elaboración de vídeos sobre cuestiones como el ahorro del agua. La idea, sin embargo, es introducir progresivamente compromisos concretos que obliguen a los centros a llevar a cabo medidas por la sostenibilidad energética o contra la generación de residuos, tales como evitar el desperdicio de comida (una tercera parte de los alimentos termina en España en la basura).

Claro que no es lo mismo predicar que dar trigo. «Los jóvenes de hoy tienen una conciencia ecológica admirable, pero les cuesta dominar su afán de consumir», afirma el director del Centro Nacional Salesiano de Pastoral Juvenil, advirtiendo de que «la crisis ecológica requiere una respuesta por parte de todos, no solo de los poderes públicos».

Salvi Macías cree que es necesario que los jóvenes tomen conciencia de que «esta historia también va con ellos». Y cita el ejemplo de su ciudad, Cádiz, «que dentro de 30 años –yo tendré 50– será una zona muy afectada por las inundaciones periódicas, igual que la zona de Huelva o la Comunidad Valenciana».

Echando mano de pedagogía salesiana, Koldo Gutiérrez propone otras formas de inculcar «estilos de vida diferentes», caracterizados por «la sobriedad, aprender a apreciar lo bello y a disfrutar con las pequeñas cosas de la vida, desarrollar una mayor apertura a la trascendencia y una mayor sensibilidad a los problemas en nuestro entorno…». En definitiva, el reto educativo consiste en «fomentar el sentido de la gratitud y de la gratuidad; en interiorizar que todos somos interdependientes, que no estamos solos en este mundo, que otros vendrán después que nosotros y tenemos una responsabilidad hacia ellos con respecto a qué mundo vamos a dejarles».

R. B.