Editorial: Christchurch: no en nombre del cristianismo - Alfa y Omega

El atentado contra dos mezquitas en Nueva Zelanda, que provocó 49 muertos, es una abominable muestra de odio a la religión islámica, no menos que las matanzas del Daesh son manifestaciones de odio al cristianismo. ¿Quién, sin embargo, identificaría al asesino de Christchurch como un cruzado defensor de los valores del Evangelio? En el terrorismo de tipo religioso se juntan siempre otros factores de tipo económico, ideológico o político, lo cual obliga a las comunidades de fe –y en particular a sus líderes– a distanciarse y condenar cualquier forma de utilización ilegítima de la religión. Como miembros activos de la sociedad, sin embargo, es necesario ir un paso más allá. El rechazo al migrante pobre, sobre todo si proviene de otra cultura y religión, exige una respuesta contundente, no tanto en forma de palabras y discursos, sino de una fraternidad concreta y real, que comienza –como pide insistentemente el Papa– por establecer lugares de encuentro en el que el otro deja de ser una idea abstracta y estereotipada, y se convierte en una persona con todos sus derechos y su dignidad.

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