Dos Papas, santos de la misericordia

El Papa Francisco ha confirmado la fecha de la canonización de los Beatos Juan XXIII y Juan Pablo II: el 27 de abril de 2014, en la fiesta de la Divina Misericordia. Y es que ambos Papas tuvieron especial preferencia por la propuesta de un Dios que es amor

José Antonio Méndez
Las imágenes de la Divina Misericordia y el lema de Santo Subito -¡Santo ya!- acompañaron la muerte de Juan Pablo II

El Papa Francisco ha confirmado la fecha de la canonización de los Beatos Juan XXIII y Juan Pablo II: el 27 de abril de 2014, en la fiesta de la Divina Misericordia. Y es que ambos Papas tuvieron especial preferencia por la propuesta de un Dios que es amor

El pasado lunes, el Santo Padre anunció que la canonización de los Beatos Juan XXIII y Juan Pablo II tendrá lugar el domingo 27 de abril de 2014, en la fiesta de la Divina Misericordia. Lo hizo en el transcurso del Consistorio de cardenales, convocado para la ocasión, en el que repasó -en latín- las vidas de ambos Beatos Pontífices.

Con la fecha elegida, el Papa ha venido a subrayar la vinculación de sus dos predecesores con el mensaje del amor de Dios, y con los llamamientos que ambos hicieron a los católicos para que viviesen y transmitiesen con su testimonio la misericordia de Dios. De hecho, fue Juan Pablo II quien instituyó, durante el Jubileo del año 2000, la festividad de la Divina Misericordia en el segundo domingo del tiempo pascual. Lo hizo tras canonizar a santa Faustina Kowalska, la religiosa polaca que recibió, en la década de 1930, y según ha reconocido la Iglesia, la visión de Jesucristo, con el pecho abierto e irradiando dos haces de luz: uno rojo -por su sangre derramada-, y otra blanco-azulado -por el agua y el Espíritu Santo que se recibe en el Bautismo-, así como varios mensajes que incidían en el amor incondicional de Dios al hombre, animaban a confiar plenamente en Él, y recordaban lo apremiante que resulta para cada cristiano ser reflejo de su amor. Así, no era ningún secreto la preferencia que Juan Pablo II mostró por esta devoción nacida en su Polonia natal; y como, providencialmente, él mismo murió en la tarde del sábado víspera del domingo de la Divina Misericordia de 2005, cuando la liturgia de la Iglesia ya celebraba esa fiesta, no faltaron voces que definieron a Karol Wojtyla como el Papa de la Divina Misericordia.

La medicina de la misericordia

La vinculación de Juan XXIII con la misericordia de Dios no ha quedado tan plásticamente definida como la de Juan Pablo II; sin embargo, también el Papa Roncalli pasó a la Historia como uno de los Pontífices que más habló, directa o indirectamente, con gestos y palabras, del amor incondicional del Padre, que comprende y corrige a sus hijos sin despreciarlos. De hecho, en su célebre discurso Gaudet Mater Ecclesiae, con el que abrió el Concilio Vaticano II, Juan XXIII explicó que la misericordia debe ser la gran bandera de la Iglesia para nuestra época: «La Esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia más que la de la severidad. Ella quiere venir al encuentro de las necesidades actuales, mostrando la validez de su doctrina más que renovando condenas», dijo el 11 de octubre de 1962. Y añadió unas palabras que parecen resumir el pensamiento del Papa que, 50 años después, le sucedería al frente de la Barca de Pedro: «La Iglesia católica quiere mostrarse madre amable de todos, benigna, paciente, llena de misericordia y de bondad para con los hijos separados de ella. (…) La Iglesia no ofrece riquezas caducas a los hombres de hoy, ni les promete una felicidad sólo terrenal; los hace participantes de la gracia divina que, elevando a los hombres a la dignidad de hijos de Dios, se convierte en poderosísima tutela y ayuda para una vida más humana; (…) ella, valiéndose de sus hijos, extiende por doquier la amplitud de la caridad cristiana, que más que ninguna otra cosa contribuye a arrancar los gérmenes de la discordia y, con mayor eficacia que medio alguno, fomenta la concordia, la justa paz y la unión fraterna».

José Antonio Méndez