«Dios dice que debemos perdonar. Estás perdonado»

Gary Leon confesó haber matado a 48 mujeres y enterrarlas en los alrededores del Río Verde. Durante el juicio, los familiares de las víctimas pudieron dirigirse al asesino y le dedicaron todo tipo de insultos y desprecios. Sólo las palabras de perdón de Rober Rule consiguieron emocionar a Gary y hacerle llorar

José Calderero de Aldecoa

Gary Leon Ridgway, más conocido como el asesino de Río Verde, nació en 1949 en Salt Lake City, Utah. Su infancia se vio truncada por una madre que le pegaba y que, según el propio asesino, le genero un intenso odio hacia las mujeres.

Ya en la adolescencia sacó a relucir su carácter violento, asestando varias puñaladas a un niño de seis años tan sólo porque «quería saber lo que se siente matar a alguien», aseguró Gary.

Más allá del ataque al niño, Ridgway llevaba una vida aparentemente normal. Estaba casado, tenía un hijo y llevaba 32 años trabajando en la misma empresa. Pero detrás de esa fachada de hombre responsable y estable se escondía uno de los peores asesinos en serie que se ha conocido en la historia de Estados Unidos.

La policía le halló culpable de asesinar a 48 mujeres, que posteriormente enterraba en los alrededores del Río Verde. Durante el juicio, él se declaró culpable de todos los cargos e incluso ayudó a localizar el cuerpo de otras mujeres que la policía no había descubierto todavía. Su colaboración con las autoridades le valió para evitar la pena de muerte, pero no consiguió ablandar el corazón de los familiares de las víctimas.

Durante el juicio, los familiares pudieron dedicarle unas palabras al asesino de sus seres queridos. «Dices que no tienes memoria de todas las mujeres que mataste. Nosotros sí las recordamos. Tú mismo dijiste que no significaban nada para ti pero eran todo para nosotros», aseguraba una de las familiares.

Otros se dedicaban a insultar o despreciar al asesino. «Es un animal»; «Espero que su muerte sea dolorosa y larga»; «Él irá al infierno y allí es donde pertenece», dijeron otros familiares.

El asesino escuchaba impávido el relato de las familias de sus víctimas. Sólo el testimonio de Robert Rule, padre de Linda Jane Rule, asesinada cuando sólo tenía 16 años, consiguió resquebrajar el semblante de Gary.

Robert, profundamente emocionado, se dirigió al asesino para decirle: «Señor Ridgway. Hay personas aquí que te odian. Yo no. Has hecho que sea difícil cumplir con mis creencias. Dios dice que debemos perdonar. Estás perdonado». Inmediatamente Gary sacó un pañuelo y se echó a llorar.

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