De la cárcel a Dios: «Cuando todo está perdido, solo me quedas tú, Señor» - Alfa y Omega

Desde el otro lado de la reja el padre Ángel García, capellán de la prisión de Sevilla I, comparte con nosotros el testimonio de un interno que hoy se siente el hombre más libre de la cárcel. Trabaja duro en la cocina y en sus ratos libres piensa, reflexiona y escribe:

«Cuando llegas a la cárcel esposado y rodeado de guardias, un gran sentimiento de silencio y soledad invade tu vida. Atrás quedan tu hijo, tus padres y amigos. Y ante este silencio y soledad comienzas a pensar que todo está perdido… Cuando todo está perdido caes a un pozo sin fondo que parece nunca terminar. Cuando todo está perdido la desesperación inunda tu corazón. Cuando ni tus seres queridos se acuerdan de ti, el mundo olvida que aquí hay personas que un día se equivocaron, pero que aman y luchan por cambiar. Desde la soledad de mi chabolo descubro que la cárcel no es buena porque me va robando la vida poco a poco. Y en el silencio de la noche me doy cuenta de que Alguien me dice que, a pesar de todo, aún hay vida y esperanza.

Entonces y solo entonces, Señor, cuando todo está perdido, me acuerdo de tu nombre y con mucha confianza sale de lo profundo de mi corazón una súplica confiada: ¡Ayúdame, Señor, Dios mío! Y es entonces y solo entonces, cuando ya nadie me cree por mis mentiras y la vida se me escapa de mis manos, cuando te pido: ¡Señor, misericordia!

Ahora, en este punto oscuro y gris de mi vida, entro en mi interior y me doy cuenta de que todos me han abandonado a causa de mis errores. Sin embargo tú, Dios, haga lo que haga y lo que haya hecho, nunca me abandonaste. Ahora, cuando ya todo estaba perdido descubro, Señor, que haga lo que haga y lo que haya hecho, tú nunca me avasallaste… Aunque no te vea, Tú estás y has estado en mi vida de caídas. He sido yo el que me aparté de tu camino.

Señor, cuando todo está perdido, solo tú permaneces siempre a mi lado y nunca me abandonas. Gracias Jesús por tu amor inconmensurable. Ahora no me siento solo. Sé que tu amor lo tengo para siempre. Te ruego Señor que me enseñes a quererte».

Paulino Alonso
Capellán de la cárcel de Soto del Real. Madrid