CSI: En la escena del sepulcro vacío

Juan Orellana
Joseph Fiennes (en primer plano) como Clavius en Resucitado. Foto: Sony Pictures

Con buena acogida de la crítica, la película Resucitado parte de los relatos neotestamentarios, para crear un personaje de ficción, el tribuno Clavius, que recibe el encargo de Poncio Pilato de velar por la seguridad en el proceso de crucifixión y sepultura de Jesús, el Nazareno, y evitar cualquier tipo de alboroto popular, en vísperas de la visita del emperador a Galilea. Todo parece controlado hasta que Jesús desaparece del sepulcro. Clavius empieza a investigar y a interrogar a testigos y discípulos de Cristo, y se encuentra con que la versión más difundida es que el cuerpo no ha sido robado, sino que Jesús ha resucitado y está vivo. Clavius, cada vez más presionado por Pilato, decide averiguar la verdad al precio que sea.

La película, que recuerda bastante a aquella de Damiano Damiani, Una historia que comenzó hace 2.000 años, de 1987, está dirigida por Kevin Reynolds, un singular director al que debemos películas tan dispares como Tristán e Isolda, Rapa Nui o Waterworld. Aunque la puesta en escena es comercial y convencional, con actores de segunda línea, y con un aire general de déjà vu, la película tiene aciertos indiscutibles. Por un lado, no plantea ninguna duda sobre la historicidad de la Resurrección de Cristo. Lo presenta como un hecho tan real como desconcertante para el escéptico Clavius, que aunque no sabe qué explicación racional dar al suceso, sí que tiene una certeza, y es que él ya no es la misma persona desde que se encontró cara a cara con Cristo. Clavius es un testigo de excepción de los orígenes del cristianismo, presentado como una frágil comunidad de amigos, desbordados por la Resurrección de su Maestro. Se subraya la caridad entre los apóstoles y la explicitud de la alegría y del mensaje del amor.

Respecto a los personajes, ciertamente los apóstoles parecen un poco naíf, pero su gozo por el Resucitado está muy bien reflejado; Pilatos está más estereotipado que el que nos ofreció Mel Gibson, y María Magdalena no tiene la fuerza de la Cucinotta en la miniserie homónima. Sin embargo, el conjunto funciona, quizá por la sobriedad sugerente de Joseph Fiennes en el papel de Clavius, aunque no hubiera estado mal un mayor desvelamiento de su camino interior. Para el papel de Jesús, el director rompe con la iconografía más tradicional y elige un actor de facciones duras, el maorí Cliff Curtis, que probablemente cuadra más con la imagen de la Sábana Santa, que tiene su propio protagonismo en el filme.

En definitiva, aunque está lejos de las grandes películas sobre Jesús, Resucitado es muy estimable en su planteamiento esencial, muy desinhibida en su presentación no moralizante del hecho cristiano, y sin complejos ante la mentalidad dominante positivista y racionalista. Cualquiera que se identifique con el personaje de Clavius, un hombre moderno aunque religioso –reza a Marte a diario– no podrá evitar preguntarse seriamente por la verdadera naturaleza de Jesús, el Nazareno. Por fin, una película típica de Semana Santa.

Juan Orellana