Cristóbal López: «Es clave el trato personal con el islam»

El tono del viaje del Papa este fin de semana a Marruecos estará marcado por su visita a un centro que forma a imanes de distintos países de África y Europa, y a una comunidad de hijas de la Caridad «totalmente entregadas a los musulmanes». 76 misioneros españoles, incluidos los dos obispos, hacen de puente entre España y nuestro vecino del sur

María Martínez López
Monseñor Cristóbal López saluda a representantes musulmanes el día de su ordenación episcopal, el 10 de marzo de 2018. Foto: Diócesis de Rabat/Malik Nejmi

El tono del viaje del Papa este fin de semana a Marruecos estará marcado por su visita a un centro que forma a imanes de distintos países de África y Europa, y a una comunidad de hijas de la Caridad «totalmente entregadas a los musulmanes». 76 misioneros españoles, incluidos los dos obispos, hacen de puente entre España y nuestro vecino del sur

El Papa realizará este fin de semana su segunda visita en menos de dos meses a un país musulmán. El arzobispo que lo recibirá en Rabat (Marruecos), el salesiano español Cristóbal López, cree que es significativo que el lema de la visita (Servidor de esperanza) se inspire en la carta pastoral que la Conferencia Episcopal del Norte de África publicó en 2014 describiendo su misión. «Estamos aquí para alentar la fraternidad universal. En un mundo en el que algunos quieren enfrentar las civilizaciones entre sí, queremos demostrar que el diálogo y el encuentro son posibles», afirma en entrevista con Alfa y Omega.

Diez de los 40 países visitados por Francisco hasta ahora (Marruecos inclusive) son de mayoría musulmana. «Sin duda quiere mejorar las relaciones entre estas dos grandes comunidades religiosas» que suman cerca del 40 % de la población mundial, opina López. «Es el momento de que las religiones no sean un problema, sino la solución a los problemas del mundo».

El acercamiento ha ocurrido en paralelo a un proceso de reflexión sobre el radicalismo, auspiciado dentro del propio islam por entidades como la prestigiosa universidad egipcia de Al Azhar, importante interlocutora del Vaticano en los últimos años y con cuyo imán firmó Francisco, en febrero en Abu Dabi, el documento Fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común. En Marruecos, la figura del monarca alauita, que tiene el título de emir de los creyentes, ha ejercido de dique frente al radicalismo. En 2015, por impulso de Mohamed VI, se puso en marcha el Instituto de Imanes y Predicadores que lleva su nombre para la promoción de un islam moderado. El Santo Padre visitará el sábado al cerca de un millar de estudiantes que se preparan en él. «Vienen también de España, Francia y muchos países subsaharianos –comenta el arzobispo–, y vuelven a sus países con una mentalidad más abierta y tolerante». El instituto ha pedido a la Iglesia textos para que los predicadores conozcan los fundamentos del cristianismo.

«Hay muchos islames»

La Iglesia católica, que cuenta tan solo con 23.000 fieles en Marruecos, promueve junto con la Iglesia evangélica este conocimiento mutuo desde el Instituto Ecuménico de Teología Al Mowafaqa. Haciendo honor a su nombre (encuentro), además de enseñar Escritura, Cristología o Eclesiología, este centro ofrece un posgrado sobre diálogo con el islam. De la mano de profesores cristianos y musulmanes, los alumnos profundizan en el Corán, la espiritualidad o la doctrina jurídica islámicas. También cuenta con un seminario intensivo de islamología, al que a veces asisten también musulmanes.

El mismo monseñor López, que vivió en el país de 2003 a 2010, ha querido hacer estos cursos. «Somos muy ignorantes sobre el islam. Creemos que lo conocemos porque sabemos que tiene cinco pilares y que hay sunitas y chiitas. Y la realidad es muy compleja; hay muchos islames. Cualquier simplificación conduce al error. Tomando frases sueltas se puede demostrar el bien o el mal, lo blanco o lo negro [de esta religión]. Por eso lo fundamental es el contacto personal. Ahí descubres que la mayoría de personas son buenas y viven en paz».

Es la experiencia de los 76 misioneros españoles que en la actualidad viven en Marruecos, incluidos los dos obispos del país. Pero para vivir este diálogo –recuerda López– no hay que viajar a un país musulmán. Invita a aprovechar la presencia de musulmanes en España para fomentar el conocimiento mutuo. «Muchos hablan del islam sin haber tenido nunca contacto con un musulmán, y eso no es justo. Por ejemplo, un día alguien preguntó a mi hermana que por qué en Marruecos no había iglesias. Cuando les dijo que sí, que ella las había visitado, no la creía».

López, quinto por la izquierda, y sus compañeros del seminario de islamología. Foto: Cristóbal López

«Las obras continuarán, o no. Queda el amor»

Al hablar de diálogo interreligioso en la nación alauí, es imposible no recordar la visita de san Juan Pablo II en 1985. «Fueron apenas unas horas –destaca el salesiano–, pero marcaron al país. Para el pueblo marroquí fue sorprendente que el líder de los católicos se dirigiese a 70.000 jóvenes en un estadio y les transmitiese un mensaje que todavía inspira la relación entre nosotros: que nos une más que lo que nos separa, y que también hay diferencias, pero no son motivo de enfrentamiento. Concluyó con una oración al Dios único y misericordioso, para mostrar que la experiencia mística nos une en lo más profundo».

Este terreno espiritual común es especialmente accesible en Marruecos por la fuerte presencia social del sufismo. Allí es bastante típica –continúa– la existencia de cofradías de esta corriente, asociaciones que reúnen a veces a millones de musulmanes y se han extendido luego por el África subsahariana. Sus miembros «se reúnen semanal o diariamente para sus momentos de oración y reflexión, y viven su fe desde una dimensión muy profunda».

A la exigua comunidad católica, el Papa polaco también le dejó un importante mensaje hace 34 años: «Las obras realizadas continuarán o no. Pero lo que siempre queda es el testimonio de amor que podéis haber dado en nombre de Cristo». Cuando Karol Wojtyla pronunció estas palabras, llevaba ya diez años en marcha el centro de las Hijas de la Caridad en Temara, que su sucesor visitará este domingo. Su superiora, sor Gloria Carrilero, explica que las tres hermanas que lo gestionan son las únicas católicas de la zona. «Va a ser un gran bien para el pueblo musulmán ver que aquí hay religiosas totalmente entregadas a ellos, y que nuestro jefe quiere visitarlos. Nosotras los respetamos, y ellos también nos respetan, nos aceptan y creo que nos quieren. Hay musulmanes que nos traen donativos. También la relación con el Gobierno es muy buena. A una de nuestras cinco trabajadoras le paga la Administración». En 2010, cuatro hermanas que trabajaban en el orfanato de Alhucemas recibieron el Wissam Alauí, una de las principales condecoraciones del reino.

María Martínez López