Conocer a niños diferentes nos enriquece a todos

Ir a clase con niños que aprendían más rápido que ella hizo que Teresa, con síndrome de Down, progresara mucho mejor. El resto de alumnos aprendió también mucho de ella

Laura García Pesquera
Teresa, en el centro, en el colegio Sagrado Corazón de Madrid con sus primas. Foto: Archivo personal de Fátima del Moral

Ir a clase con niños que aprendían más rápido que ella hizo que Teresa, con síndrome de Down, progresara mucho mejor. El resto de alumnos aprendió también mucho de ella

Teresa tiene 16 años, le encanta la música, y toca el piano. Además, tiene síndrome de Down. Esto significa que parte de la información que hay en sus células está repetida. Entre otras consecuencias, hace que tarde más en aprender las cosas. Sin embargo, desde pequeña y hasta el año pasado, cuando acabó 3º de la ESO, ha ido a un colegio con otros niños que no tienen discapacidad. Su centro era el Sagrado Corazón, en el barrio de Chamartín de Madrid. Este centro está cerca de la sede de la fundación Down Madrid y, por eso, bastantes niños con este síndrome han estudiado allí. Hemos hablado con Teresa y su familia porque el martes se celebró el Día Mundial del Síndrome de Down.

Sus padres pensaron que ir a este colegio sería lo mejor para Teresa. Las asociaciones que trabajan con niños con este problema piden que, siempre que sea posible, vayan a colegios ordinarios. «Al tratar con niños que no tienen dificultades, aprenden más y más rápido» al ver lo que hacen los demás, explica Fátima, la madre de Teresa. Por ejemplo, esta niña aprendió a hablar mucho mejor y antes que si hubiera estado rodeada solo de otros niños con síndrome de Down. Además, «la convivencia en el día a día» ha hecho que sea muy sociable.

En el Sagrado Corazón, «en Infantil y los primeros cursos de Primaria la integración es perfecta», y los niños están juntos en todas las clases, explica Fátima. Luego, a medida que crecen y las asignaturas se van haciendo más difíciles, los niños con discapacidad dan por separado algunas clases, adaptadas a su forma de aprender. Durante bastantes años se siguen juntando para Música, Educación Física y Plástica.

Un musical en clase

Teresa nos cuenta que «de mi viejo colegio me gustó todo». Su asignatura favorita era Música, que le gusta «una barbaridad». La que menos, «Educación Física, porque me mandaban correr». Pero, a punto de acabar ESO, seguir el ritmo del colegio le costaba cada vez más y este año se cambió al colegio Carmen Fernández Miranda, de Down Madrid. Este colegio solo admite a niños a partir de 12 años, precisamente para intentar que hasta entonces estudien en colegios normales.

En su nuevo colegio, Teresa le ha cogido gusto a Educación Física. Le parece «muy divertida», porque puede hacer deporte libre. También le «encantan» las Matemáticas, una asignatura en la que, por ejemplo, aprende a usar el dinero. Y, por supuesto, sigue enganchada a la música. «Cantamos y bailamos», y están preparando el musical Mamma Mia, cuenta.

La integración de niños con y sin discapacidad no solo ayuda a los que les cuesta más aprender. Conocer desde pequeños a niños diferentes enseña a todos que no son peores ni hay que rechazarlos. «No hay que esperar a que los demás se acerquen», explica Fátima, sino intentar conocerlos nosotros, aunque a primera vista nos parezcan diferentes; ayudarlos, y aprender de las muchas cosas buenas que los niños con discapacidad también nos aportan.

Laura García Pesquera