Cómo comprarse un súper por 100 euros

Con el apoyo de insituciones como Manos Unidas, el Hogar del Empleado o el banco ético Fiare, vecinos madrileños abrirán próximamente dos supermercados cooperativos en los que el ánimo de lucro queda superado por el deseo de consumir de forma responsable

Rodrigo Moreno Quicios
José Antonio Villareal muestra el producto fresco que se vende en 2decologico, una tienda que será relevada por La Osa. Foto: Rodrigo Moreno Quicios

Con el apoyo de insituciones como Manos Unidas, el Hogar del Empleado o el banco ético Fiare, vecinos madrileños abrirán próximamente dos supermercados cooperativos en los que el ánimo de lucro queda superado por el deseo de consumir de forma responsable

«El ecosistema de los supermercados cooperativos va a hacer que nos unamos más personas para dar una alternativa a la alimentación y no se convierta en un monopolio», pronostica José Antonio Villareal, uno de los responsables de la tienda 2decologico. Tras cinco años gestionando los grupos de consumo del madrileño barrio de Malasaña y tres coordinando este pequeño comercio, ahora se prepara para dar el salto a un establecimiento de más de 400 metros cuadrados.

Bajo el nombre de La Osa, este nuevo supermercado cooperativo abrirá sus puertas en la primavera de 2020 para ofrecer productos ecológicos a precios populares y expandir la labor de 2decologico, una iniciativa que, a juicio de Villareal, se ha quedado pequeña. «Vimos que el potencial transformador de un proyecto como este es grande porque aquí no solo intentamos comer más sano y sostenible. También generamos relaciones sociales y de amistad», opina este madrileño que, con ayuda de su compañero Tomás Fuentes, coordina la tienda.

Asesorados por MARES, un proyecto del Ayuntamiento de Madrid financiado por el Pacto de Milán para hacer más sostenibles las ciudades europeas, los dos cooperativistas buscan socios para poner en marcha La Osa. De momento, ya han reunido a más de 500 personas interesadas en crear redes alternativas de alimentación. En noviembre lanzarán un crowdfunding y, cuando reúnan a 700 cooperativistas, inaugurarán su local en la avenida de Asturias.

Aparte del apoyo de sus socios, los supermercados cooperativos también cuentan con aportaciones voluntarias de particulares y empresas. «Estamos en contacto con gente de la economía social y solidaria y la banca ética», cuenta José Antonio Villareal. De hecho, entre los principales aliados de este proyecto hay instituciones de inspiración católica como Fundación Hogar del Empleado, Manos Unidas o el banco ético Fiare, con gran presencia de Cáritas desde sus inicios

Pablo Bachiller muestra las instalaciones de Supercoop, que abrirá en 2020 en el Mercado de San Fernando de Madrid. Fotos: Rodrigo Moreno Quicios

Cooperación para bajar precios

A pocos minutos de Malasaña, en el Mercado de San Fernando, Pablo Bachiller está implicado junto a sus vecinos en la creación de Supercoop, otro supermercado cooperativo que comenzará a funcionar en 2020. «Pretendemos aunar la ecología y el trabajo comunitario dando servicio a todos los perfiles socioeconómicos de Lavapiés, para lo que tendremos que tener en cuenta el precio», explica.

Una forma de conseguirlo es eliminando todos los intermediarios posibles entre productor y consumidor. Por ese motivo, ni Supercoop ni La Osa contarán con personal contratado más allá de una pequeña asamblea desde la que tomarán sus decisiones. «Siempre hay un porcentaje mínimo de profesionales, que somos los que nos vamos a dedicar a la compra, el aparato más profesional de un supermercado», explica José Antonio Villareal. Fuera de este órgano de gobernanza, el resto de tareas son realizadas por los propios cooperativistas, quienes deben dedicar tres horas cada cuatro semanas a trabajar en caja, limpiar, reponer estanterías o descargar camiones. «Los precios son tan baratos porque nuestro formato deja fuera el lucro», explica Bachiller.

Además, los interesados en participar en estos supermercados deben hacer un pago de 100 euros para formar parte de la cooperativa. Un desembolso que los convierte en propietarios del proyecto y que, a medida que aumenta el número de socios, lo hace más viable. Así, Supercoop, que ya cuenta con 600 apoyos, empezará a cubrir costes cuando supere el millar. Y según su plan de empresa, «cuando lleguemos a 1.200 personas empezaremos a bajar los márgenes comerciales», comenta Pablo Bachiller.

Estos precios tan bajos provocarán, según calcula Bachiller, que otras personas alejadas del mundo ecológico se sumen a Supercoop o La Osa para hacer su compra convencional, pues estos supermercados también venderán a precios rebajados productos similares a los que se puedan encontrar en cualquier cadena. «Queremos hacer una oferta completa de fruta y verdura accesible a todos los perfiles socioeconómicos de Lavapiés. No queremos imponerle que consuma agroecológico a una persona que tiene dificultades para llegar fin de mes. No buscamos hacer proselitismo», aclara.

Su plan es seguir los ejemplos de éxito que han supuesto otros supermercados de este estilo como Park Slope Food Coop, fundado en Nueva York en 1973 y con 16.000 cooperativistas a sus espaldas, y La Louve, creado en París hace apenas dos años. «El cooperativismo es un modelo de negocio que debemos recuperar porque nos trata a todos como iguales para que, participando de una misma fórmula, tengamos beneficios todos», opina José Antonio Villareal.

Cuidando a los productores

«El modelo de la gran distribución consiste en acumular beneficios y no tiene en cuenta las condiciones laborales sus empleados; de hecho, parte de su beneficio se deriva de tener unas condiciones precarias», diagnostica José Antonio Villareal. Los supermercados cooperativos, en cambio, tienen un fuerte compromiso ético y, según este cooperativista, prestan especial atención a los trabajadores de las empresas con las que se relacionan.

Acostumbrados a trabajar para grandes cadenas que «se quedan con toda la producción y someten al agricultor a una política de precios muy estricta», los productores tienen un gran interés en colaborar con estos nuevos supermercados. «El agricultor está deseando que le digamos qué queremos para el año que viene porque muchas veces está ciego y no sabe qué plantar», explica José Antonio Villareal». «Intentamos negociar palés, que no son cantidades astronómicas pero sí lo suficientemente grandes para que sean buenas para el productor y el consumidor», añade.

Además, estos supermercados cooperativos fomentan el comercio local y miran con lupa la huella ecológica de los productos que llegan a sus baldas. «Entendemos que lo ecológico, entre sus criterios, tiene que tener la cercanía. Un tomate que viene de la otra parte del mundo, para mí, ha perdido esa cualidad», explica José Antonio Villareal. Por ese motivo, según explica, nos «dedicamos fundamentalmente a la huerta de Navarra, Cataluña, Aragón, Murcia y Andalucía».

Laura Marques ha visitado varios proyectos ecológicos europeos a través de la iniciativa On The Way With The Amazon. Fotos: Rodrigo Moreno Quicios

Amigos insospechados

La promesa de la creación de estos nuevos supermercados cooperativos ha captado la atención de personas de todos los pelajes. Entre ellas, Laura Marques y Madelena Meneses dos jóvenes portuguesas pertenecientes a la Asociación Casa Velha, un proyecto de inspiración jesuita centrado en ecología y espiritualidad.

Animadas por el Papa Francisco y el Sínodo para la Amazonia que se celebra actualmente, estas dos portuguesas comenzaron en octubre On The Way With The Amazon, un viaje desde sus casas hasta Roma para recopilar diferentes experiencias ecológicas por toda Europa y ponerlas en común con los miembros de CIDSE, la alianza internacional de ONG católicas para el desarrollo.

Ataviadas con una bandera con el lema Living Laudato si, estas dos jóvenes han completado su viaje «intentando vivir de forma coherente lo que nos ha aportado el Papa Francisco en la encíclica, que hace hincapié en la economía y la política para responder a un problema que hay que mirar desde varios frentes», cuenta Marques.

Su testimonio ha impresionado a José Antonio Villareal, quien no tiene convicciones religiosas pero, al recibir su visita, ha llegado a la conclusión de que «nuestros valores son iguales y estamos muy a gusto hablando de sostenibilidad, cuidado del planeta y de cómo uniéndonos las personas podemos desarrollar alternativas diferentes».

Rodrigo Moreno Quicios