Auza: La Santa Sede e Israel deben «trabajar juntos» por la vida de todos

Auza: La Santa Sede e Israel deben «trabajar juntos» por la vida de todos

El Centro de Estudios Judeo-Cristianos reúne a los embajadores de la Santa Sede y de Israel para analizar las consecuencias de las relaciones diplomáticas entre ambos estados

María Martínez López
Claudio Maria Celli (izquierda) y el viceministro de Relaciones Exteriores de Israel, Yossi Beilin, durante el establecimiento formal de relaciones diplomáticas en 1993. Foto Andres Lacko / WorldJewishCongress

Las relaciones bilaterales entre la Santa Sede y el Estado de Israel tienen «un carácter verdaderamente especial» al que ambos estados «conceden particular importancia». Estas palabras del nuncio en España, Bernardito Auza, resumen el encuentro Las consecuencias del acuerdo entre la Santa Sede y el Estado de Israel, que tuvo lugar este miércoles y en el que participó también la embajadora de Israel en España, Rodica Radian-Gordon. Organizada por el Centro de Estudios Judeo-Cristianos de Madrid, la cita analizaba la repercusión de la firma en 1993 del acuerdo fundamental que establecía estas relaciones, y que llegó a su plenitud al año siguiente con la apertura de sus respectivas embajadas.

Este entendimiento, subrayó Auza, es el colofón a una relación de dos milenios que «como todos conocemos no han sido siempre felices». Y, por ello, empuja a ambos a «trabajar juntos para proteger la dignidad y la vida de cada ser humano y promover el derecho fundamental a la libertad religiosa». Esto implica «rechazar» cualquier elemento de intolerancia, en un momento en que «los ataques a unos y otros se están incrementando desde las mismas fuentes».

«Estamos en deuda»

«Estamos en deuda con el Estado de Israel», añadió el eclesiástico de origen filipino, «por su compromiso para asegurar que la Iglesia tiene libertad para llevar adelante su misión» en esa tierra. Un compromiso que pasa por asegurar el mantenimiento de status quo de los Santos Lugares.

El nuncio recordó que ya en su día san Juan Pablo II «reconoció el derecho del pueblo judío a su patria, como cualquier otra nación». Un derecho que la Iglesia «apoya y sigue apoyando» dentro de la solución formulada por la Asamblea General de la ONU en su resolución 181, de 1947: la creación de dos estados, uno israelí y otro palestino, y un estatus separado para Jerusalén. Algo que «hasta ahora no se ha logrado», lamentó. La Ciudad de la Paz, añadió, tiene un «carácter único» que la hace «lugar de reconciliación y encuentro», de «respeto y convivencia pacífica».

Más que un Estado

Radian-Gordón explicó durante su intervención que lo específico de estas relaciones diplomáticas se basa en que se dan entre «dos entidades de carácter dual». Al igual que la Santa Sede, Israel es por un lado un Estado, y por otro «el representante del pueblo judío» en todo el mundo y el único Estado «inspirado en el judaísmo». El reconocimiento de la Santa Sede a Israel también es relevante por «el papel fundamental de referente moral que juega».

En este sentido, presentó el acuerdo de 1993 como una consecuencia de la «revolución teológica y el cambio histórico» que supuso la declaración Nostra aetate, del Concilio Vaticano II, al rechazar la «culpa colectiva» de los judíos en la muerte de Cristo. Asimismo, «los tres últimos Papas han sido figuras clave». Sobre todo Juan Pablo II, al «tratarse del primero con un conocimiento personal profundo del pueblo judío», adquirido durante su infancia y juventud.

La Iglesia y el antisemitismo

El más del cuarto de siglo de entendimiento diplomático entre ambos estados, en opinión de Radian-Gordon, ha influido de forma importante en la promoción del diálogo interreligioso y de las peregrinaciones a Tierra Santa. Asimismo, ha reforzado la lucha de la Iglesia contra el antisemitismo, «asumiendo el papel importante» que en él «han tenido las enseñanzas de la Iglesia a lo largo de los siglos».

En contraste con esto, la embajadora compartió su preocupación por la «pasividad de la Conferencia Episcopal Española» ante el mantenimiento de algunas celebraciones religiosas basadas en leyendas que recogen «calumnias antijudías medievales». Citó, por ejemplo, el caso del Santo Niño de La Guardia (Toledo), el de san Dominguito de Val (Zaragoza) y la fiesta de la Catorcena (Segovia). Hechos sobre los que el nuncio se comprometió a documentarse.