Ante la frecuente pregunta, propia de esta época, por alguna novedad, voy a arriesgarme con dos novelas. Distintas en muchas cosas, pero comunes en uno de sus temas principales: esa peculiar y deliciosa relación que se establece entre hermanas bien avenidas. ¿De qué está hecho el amor de hermanas? Es una curiosa mezcla de solicitud y camaradería, solidaridad y cuidado. La conciencia de estar marcadas hasta lo más hondo por un tronco común, una herencia que amalgama genética, pasión y educación. Parecidos anhelos y temores conviven –con frecuencia– con caracteres y temperamentos opuestos.

La primera novela, Villa Vitoria, forma parte de la serie de novelas de la autora escocesa D.E. Stevenson que Alba Editorial está recuperando. Caroline, la protagonista, es una mujer madura, ya viuda, que vive consagrada a sus tres hijos y a todas las personas que la necesitan, en el pueblo de Ashbridge. Entre atinadas descripciones de personas y paisajes, y con la excusa de un amor de madurez, se presenta la reconfortante relación que une a la protagonista con su hermana pequeña, Harriet, actriz de éxito y vida cosmopolita. Harriet y Caroline son muy diferentes en todo (vida, responsabilidades, carácter) pero el cariño mutuo –que se expresa en el cuidado recíproco– se impone a cualquier posible malentendido o falla de comunicación.

En la segunda novela, La flor y nata (editorial Espasa) la periodista Mamen Sánchez recrea un tiempo muy cercano y que, sin embargo, parece ya muy lejano: la década de los 90. La protagonista, una chica muy joven de la que no sabemos el nombre –quizá por ser un trasunto de la propia autora– pertenece, como ella, a una familia de periodistas, creadores de una de las más populares revistas del corazón. Precisamente a través de un reportaje para esa revista, conoce a un peculiar heredero británico del que cae platónicamente enamorada… enamoramiento que enseguida rivalizará con su incipiente vocación profesional. Novela de humor chispeante, de un optimismo levemente nostálgico, es ante todo un gran homenaje a la familia: padres, hermanos y abuelos brillan con luz propia. Y entre ellos, nuevamente, la hermana de la protagonista: las escenas de ambas son, a mi juicio, lo mejor de la novela.

Ana Rodríguez de Agüero y Delgado
Directora de CEU Ediciones