Al pedir inculturación, los indígenas no quieren «un nuevo rito»

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El salesiano Justino Sarmento en una celebración con indígenas. Foto: Justino Sarmento

Para el obispo español Rafael Escudero López-Brea, de Moyobamba (Perú) la inculturación en la liturgia «significa introducir en la Eucaristía algunos símbolos y ritos que no afecten a lo que es esencial». Esta semana, además, un sacerdote indígena y un obispo misionero han cuestionado que el celibato sea la principal causa de la falta de vocaciones entre los indígenas

¿Qué es y qué no es la inculturación? ¿Hasta dónde se puede llegar para acercar el Evangelio a los pueblos indígenas de forma que sea comprensible para ellos? Estas son algunas de las preguntas que más inquietud han suscitado en torno al Sínodo de los Obispos sobre la Amazonía. Sobre ellas han hablado esta semana, en las ruedas de prensa del mediodía, varios obispos.

La inculturación no es, en primer lugar, pedir «un nuevo rito litúrgico». Así lo explicó monseñor Rafael Escudero López-Brea, originario de Toledo y ahora obispo de Moyobamba (Perú). Los fieles de los pueblos originarios, explica, quieren mantener los elementos esenciales «recibidos del Señor y [transmitidos por] los apóstoles en la Eucaristía»; pero introduciendo elementos propios de su cultura.

«Cuando hablamos de esta posibilidad, significa introducir en la Eucaristía algunos símbolos y ritos que no afecten a lo que es esencial». Ya ocurre, explicó, en la liturgia de las iglesias orientales y en las misas de rito latino que se celebran, por ejemplo, en África. También a lo largo de la historia hay ejemplos de ello. «Antes de que todo se unificara bajo el rito romano, existía una multiplicidad de diferentes ritos, según la zona».

El italiano monseñor Eugenio Coter, de Pando (Bolivia) explicó cómo un obispo japonés le contó que en ese país «se pidió cambiar la liturgia, porque golpearse el pecho como se hace en el acto de contrición es un gesto de orgullo, de autoafirmación».

Él mismo –añadió– ha sido testigo, en el Amazonas, de cómo se ha cambiado el uso del incienso. En el rito latino –explicó– quemar incienso «es un signo de la presencia de Dios». Pero para los indígenas simboliza el ascenso de las oraciones hasta el cielo. Por eso, en sus celebraciones «se utiliza durante la oración de los fieles».

En cambio, si los nuevos elementos que se introducen afectaran a las características centrales de la celebración, «arruinaríamos el sacramento e iríamos contra la revelación», recalcó como conclusión monseñor Escudero.

El celibato no es el obstáculo

Las ruedas de prensa de esta semana han servido también para presentar visiones diferentes de las planteadas hasta el momento sobre la cuestión de la ordenación de ancianos casados. Este jueves, el padre Justino Sarmento Rezende, primer indígena sacerdote salesiano y único sacerdote indígena en el Sínodo, subrayó que el hecho de que a los indígenas les cueste entender el celibato no es exclusivo de ellos, dando a entender que no debería considerarse modificar esta norma por ello.

«No es algo con lo que la persona nazca. Es algo que se ha establecido a lo largo de la historia. Ninguno de los aquí presentes está preparado para vivir el celibato, que es un don de Dios». Por ello, prosiguió, «es una virtud que puede ser vivida por cualquier ser humano».

Recordó que, cuando empezó a plantearse la vocación, encontró muchas dificultades tanto entre los salesianos como en su propia familia. Cuando un grupo de jóvenes indígenas tuyuka se interesó por la posibilidad de hacerse sacerdotes, un sacerdote les dijo «eso no es para vosotros, idos a jugar».

Esa misma afirmación, «ser sacerdote no es para nosotros, ¿de dónde has sacado esa idea?» fue la respuesta que recibió de su abuelo. «Mi madre lloró, porque quería que me casase y tuviera nietos».

Cuando por fin lo consiguió, «los indígenas habrían podido decir que para mí iba a ser difícil. No fue fácil –reconoció– pero para mí era muy importante vivir el celibato mediante el esfuerzo, la oración y la ayuda de las personas, para vivir mi vocación de la forma más equilibrada posible».

Santidad para suscitar vocaciones

Un día antes, el miércoles, monseñor Wellington Tadeu de Queiroz Vieira, de la diócesis de Cristalândia, subrayó que el problema de la falta de sacerdotes no afecta solo a la Amazonía. Y, aunque no cree que haya obstáculos bíblicos ni teológicos para la ordenación de viri probati, «muchos en el aula piensan, como yo, que el celibato no es el principal obstáculo para tener más sacerdotes».

El verdadero problema sería «la infidelidad y los escándalos causados por los ministros ordenados», que muchas veces no huelen a oveja sino que se anuncian a ellos mismos. Por tanto, el primer camino para suscitar nuevas vocaciones, también entre los indígenas, «es la santidad de los evangelizadores actuales».

Monseñor Tadeu apuntó además a otra causa de la falta de sacerdotes en la Amazonía: la mala distribución de los mismos. «En América Latna hay zonas con buena presencia de sacerdotes, pero con poco espíritu misionero. Muchos de ellos podrían ir a zonas fronterizas como el Amazonas».

Agencias/Alfa y Omega