La Virgen del Carmen, a prueba de persecuciones

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Altar mayor de la iglesia del Carmen. Foto: Belén Díaz

Año 1571. El rey Felipe II sube desde palacio por la calle Arenal hacia la Puerta del Sol. Al llegar dobla hacia el norte y se encuentra una barraca de piedras y maderas sueltas a modo de capilla, levantada esa misma noche en un solar anejo a una casa de prostitutas. Pocas horas antes se había celebrado la Santa Misa con la intención de fundar allí un convento masculino, contraviniendo de este modo la ley del Consejo de Castilla que prohibía explícitamente levantar en Madrid un solo convento más. El autor de este acto de desobediencia es un gran amigo del rey, Jacobo Gratij, el Caballero de Gracia, uno de los personajes más relevantes de la sociedad y de la Iglesia de aquella época. Pese a que el presidente del Consejo de Castilla lo amenazó con pagar con su cabeza su rebeldía, el abrazo que le ofreció Felipe II aquella mañana logró que en este caso se hiciera una excepción. Dos años después de este suceso, con una construcción ya en condiciones, entraba en el edificio la primera comunidad de carmelitas calzados procedentes de Toledo.

Se iniciaba así una presencia ininterrumpida de carmelitas, calzados y descalzos, que al final acabó permeando la piedad popular y desarrolló entre los madrileños una devoción particular a la Virgen del Carmen que perdura hasta hoy. El convento, inicialmente llamado de San Dámaso, pronto pasó a ser denominado como del Carmen, y terminó dando nombre también a la calle en la que se levanta.

Fuera de la ciudad

Un poco más lejos, fuera de lo que entonces era el recinto de la ciudad, junto a la plaza del Rey, se construye en 1586 el convento de San Hermenegildo, fundado por carmelitas descalzos. De aquel gran edificio solo queda en pie hoy la iglesia, que constituye actualmente la parroquia de San José, en la confluencia de las calles Alcalá y Gran Vía.

Ambos conventos fueron el epicentro de la propagación por los carmelitas de la devoción a la Virgen del Carmen, que prendió con fuerza en los madrileños durante los siglos siguientes. A este apostolado influyeron también, de manera providencial, las leyes de exclaustración del siglo XIX, que expulsaron a los religiosos de sus conventos. El padre carmelita José Damián Gaitán, estudioso de los inicios de la orden en la capital, conjetura que «muchos de aquellos religiosos seguramente acabaron dispersándose por las parroquias de Madrid, con lo que probablemente se extendió aún más la devoción a la Virgen del Carmen, tanto en la capital como en los pueblos de alrededor».

Patrona de varios barrios

El padre Gaitán asegura que, si al principio solo esas dos iglesias tenían imágenes de esta advocación, «pronto muchos templos cobijaron imágenes de la Virgen del Carmen. Y sabemos que entre el siglo XIX y principios del siglo XX había en Madrid numerosas novenas a la Virgen del Carmen, y con los años también se tomó como patrona de algunos barrios de la capital, como Vallecas, Carabanchel y Chamberí».

La tradición sigue, y durante estos días numerosas parroquias asociadas al Carmelo, así como las comunidades de carmelitas de toda la diócesis preparan la fiesta de su patrona con novenas, misas y procesiones (toda la información en archimadrid.org). La víspera de la fiesta, el sábado 15, el cardenal Osoro presidirá la Eucaristía en la parroquia San Andrés Apóstol, de Villaverde. Será a las 20 horas y al terminar habrá un besapié a la imagen de la Virgen. Al día siguiente, el arzobispo de Madrid presidirá la Eucaristía en la iglesia de las carmelitas de San Lorenzo del Escorial, después del rosario de las 18:30 horas; a su término, la Virgen del Carmen saldrá en procesión por las calles.

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo