A los obispos europeos les preocupa que se rompa la UE

De la crisis de refugiados, a los obispos europeos no solo les preocupa la situación de las personas que tratan de llegar al continente. «¿Se mantendrá Europa unida, o nos enfrentamos a un lento deshacer de la integración alcanzada?», se preguntó el cardenal Reinhard Marx en la apertura de la asamblea plenaria de la COMECE

Ricardo Benjumea

De la crisis de refugiados, a los obispos europeos no solo les preocupa la situación de las personas que tratan de llegar al continente. «¿Se mantendrá Europa unida, o nos enfrentamos a un lento deshacer de la integración alcanzada?», se preguntó el cardenal Reinhard Marx en la apertura de la asamblea plenaria de la COMECE

«La Unión Europea atraviesa una severa crisis, que sobre todo es una crisis de solidaridad y de confianza entre los propios europeos», advirtió el cardenal Reinhard Marx en su discurso inaugural de la Asamblea plenaria de primavera de la COMECE. Los obispos de los países miembros de la UE se reunieron del 2 al 4 de marzo en Bruselas, la ciudad que este lunes acoge una decisiva cumbre de los Veintiocho con Turquía para abordar la crisis de los refugiados.

Europa va de crisis en crisis en los últimos años. A la crisis del euro, que aún no está plenamente superada, se superpone ahora el debate sobre la acogida a los refugiados, que «genera división en Europa». «La situación política es difícil: los países de acogida de refugiados en el sur protestan contra los Estados menos afectados en el norte; el oeste contra el este; los que están dispuestos a recibir a refugiados contra los que se oponen; los que buscan una solución europea contra los que pierden la paciencia y optan por una vía nacional». Todo esto genera «un ambiente cargado de desconfianza».

Lo que está en juego aquí no es solo la situación de los propios refugiados, sino también uno de los logros históricos de Europa, que es «la supresión de los controles en las fronteras comunes», es decir, el tratado de Schengen, pilar de una Europa que «crece unida», resaltó Marx. En otras palabras, «está en juego el futuro de Europa». Ese tratado de Schengen es hoy en muchos casos papel mojado, con los cierres selectivos de fronteras por parte de varios Estados miembros. El gran reto de la cumbre de la próxima semana es buscar una solución antes de que sea demasiado tarde.

«El arte de lo posible»

De ahí que los jefes de Estado y de Gobierno vayan a tener que optar por una solución que seguramente no será la óptima. «En la crisis de refugiados vemos que la política y la diplomacia son el arte de lo posible, no de lo deseable», afirmó Marx. El arzobispo de Munich da por supuesto que no sería realista pedir más generosidad de la estrictamente necesaria a los Estados europeos. Hará falta buscar una solución colaborando con «países que a los que Europa ha criticado en otras materias y no sin razón»: Turquía y Rusia.

«Sin la colaboración de Turquía no habrá solución en la cuestión de los refugiados», dijo con respecto al primer país. Una de las grandes propuestas en la cumbre del lunes será, de hecho, que la Unión acepte a más refugiados procedentes de Siria o Irak a cambio de ayudas a Turquía, país de tránsito, y de que Ankara acoja a los inmigrantes económicos interceptados en Grecia.

Con respecto a Rusia, el cardenal Marx pidió colaboración para «luchar contra las causas del éxodo de refugiados», esto es, para «parar la guerra en Siria». «El Papa Francisco y el patriarca Cirilo» llamaron la atención en Cuba sobre «la emergencia en Oriente Próximo, y particularmente sobre la situación de los cristianos». Como el gran valedor del régimen de Bashar al-Assad, Rusia es un actor central en el conflicto sirio.

Por otro lado, frente a todas estas divisiones políticas, el cardenal arzobispo de Munich resaltó que, a mediados de febrero, los obispos de todos los países incluidos en la ruta de los refugiados se reunieron en Heiligenkreuz, cerca de Viena (Austria). «Un encuentro así, desde los obispos de Siria e Irak, hasta los de los Balcanes y Escandinavia, es una señal poderosa de la solidaridad católica, y también de la necesidad de que se oiga más claramente la voz de la Iglesia en la crisis de los refugiados».

La cohesión de los europeos

Marx recordó que la crisis actual se debe a causas externas. No obstante, «Europa puede elegir hacer frente conjuntamente a estos desafíos a través de la Unión Europea. La gran pregunta que se plantea por lo tanto hoy es si Europa se une para solucionar estos problemas o si cae en un «todos contra todos». La cohesión de los europeos es el gran desafío de nuestro tiempo». Influye en ello también el debate sobre la separación del Reino Unido de la UE, que plantea una pregunta: «¿Se mantendrá Europa unida, o nos enfrentamos a un lento deshacerse de la integración alcanzada?».

Es un debate peligroso que amenaza, en primer lugar, no la riqueza de Europa, sino «la reconciliación entre las naciones», algo «que no se puede medir en euros y céntimos». «El valor principal de Europa no consiste en el dinero», sino en «un dividendo de paz y de libertad de los pueblos de Europa, que se refleja en el libre intercambio de personas, ideas y mercancías».

Por todo ello, la Iglesia siempre ha apoyado la integración del continente, lo que explica la concesión al Papa del Premio Carlomagno, que le será entregado el 6 de mayo. Esa es también la razón –recordó Marx– por la que san Juan Pablo II recibió el mismo galardón en 2004.

Marx concluyó con una cita del discurso de Francisco en el Parlamento Europeo, en noviembre de 2014: «Ha llegado la hora –decía entonces el Papa– de construir juntos la Europa que no gire en torno a la economía, sino a la sacralidad de la persona humana, de los valores inalienables. Ha llegado el momento de abandonar la idea de una Europa atemorizada y replegada sobre sí misma, para suscitar y promover una Europa protagonista, transmisora de ciencia, arte, música, valores humanos y también de fe. La Europa que contempla el cielo y persigue ideales; la Europa que mira y defiende y tutela al hombre». Estas palabras, advirtió el presidente de la COMECE, se dirigen «también a la Iglesia», que debe contribuir a la construcción de la «casa común europea».

Ricardo Benjumea