«Condenado a desaparecer»: ni héroe, ni mártir, un misionero y un testigo más
Vicente Altaba fue misionero en Argentina y vivió en sus propias carnes la persecución vivida durante la dictadura
Entre los más de 3.000 sacerdotes enviados en misión por la Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana, la OCSCHA, algunos han tenido que enfrentar la persecución en los países a los que fueron destinados. Una persecución que vivió en sus propias carnes Vicente Altaba en los 10 años que fue misionero en Argentina, concretamente en la diócesis de Mar del Plata, durante la dictadura que gobernó el país entre 1976 y 1983.
Lo cuenta en «Condenado a desaparecer», el libro presentado en la sede de Caritas Madrid este 19 de octubre de 2026, por el obispo auxiliar de Madrid, Vicente Martín, el director de Obras Misionales Pontificias, José María Calderón, el director de la obra editorial Fonte, Oscar Ignacio Aparicio, y el propio autor.

Memoria viva y testimonio
Vicente Martín, que a lo largo de años ha conocido anécdotas vividas por Vicente Altaba en Argentina, definió el libro como «memoria viva, testimonio y un ejercicio de justicia con la verdad», en un tiempo de represión, miedo y violencia sistemática, que relata como acompañar a los que sufrían, sin callar ante el horror y manteniendo la esperanza cuando el entorno parecía condenar al olvido a tantas personas.
Un libro que ayuda a «no ser indiferentes ante el dolor ajeno y a valorar el coraje de quienes, con sencillez y entrega defienden la vida». En él se acoge «un testimonio de fe encarnada», transmitido por alguien que mostró «fidelidad ministerial, misionera y pastoral en un contexto de oscuridad, miedo y violencia, donde la dignidad humana era pisoteada», reconoció el obispo auxiliar de Madrid. Alguien que «eligió el camino del Buen Pastor» y optó por «defender el don sagrado de la vida».
El testimonio del autor es visto por monseñor Vicente Martín como «un acto de memoria pascual, que nos recuerda que para Dios nadie es un número, ni un olvidado, cada vida tiene un valor infinito». En el libro encontramos «una interpelación pastoral y espiritual muy actual», una pregunta por cómo respondemos a los dolores del mundo.
En sus palabras, el obispo ha destacado la presencia en la obra del cardenal Eduardo Pironio, «profeta de la esperanza en tiempos difíciles», que recodaba que «la cruz del cristiano nunca es estéril, sino el paso necesario hacia la Resurrección». Por ello, el libro, en una sociedad herida por tensiones, divisiones e intentos de deshumanizar al otro, anima a «asumir el compromiso de ser artesanos de paz, puentes de reconciliación, defensores firmes de la verdad y de los derechos humanos».
Pasión por Cristo y por la gente
José María Calderón reconoce que hablar de los misioneros es fácil, porque su testimonio es admirado por mucha gente. Leer el testimonio de un misionero nos ayuda a entusiasmarnos con el deseo de llevar a Cristo a los demás y querer que la semilla del Evangelio crezca en el corazón de muchas personas. Un libro en el que se percibe la pasión por Cristo y por la gente, y que nos anima a tomarnos en serio nuestra vocación cristiana y a ser instrumentos del Señor, que se sirva de nosotros.
Se trata de hacer actual lo vivido por el autor en sus años de misión en Argentina y descubrir la belleza de lo que ha hecho, fruto del compromiso con Dios y con las personas, subrayaba el director de OMP. Los misioneros hacen ordinario lo que es extraordinario, afirmaba Calderón. Ellos transmiten una forma nueva de ver la vida, la sociedad y la Iglesia, de ahí la importancia de un testimonio que ayuda a abrir los ojos a nuestras formas, posibilidades y retos, en palabras del director de la OCSHA.
Mirada veraz y serena
Oscar Ignacio Aparicio reconocía que el libro le encandiló desde un primer momento. Una obra que muestra «una espiritualidad encarnada en un momento histórico muy profundo», donde está «el Dios de Jesucristo encarnado». Un texto que quiere hacer memoria de los hechos vividos para no ser olvidados y mostrar que hubo miembros de la Iglesia católica que fueron víctimas de la dictadura.
Una mirada veraz y serena, acrisolada por el sufrimiento, que muestra una Iglesia comprometida con los pobres y con los derechos humanos. Un estímulo para quien busca vivir el Evangelio en circunstancias difíciles. El relato de alguien que eligió vivir en fidelidad al Evangelio en tiempos de miedo y violencia, enfatizó el director de Fonte.
39 testimonios de vida misionera
El autor, sacerdote diocesano de Teruel, reconoció que fue a Argentina respondiendo a la llamada misionera de la Iglesia. Un lugar al que fue a ser cura, a anunciar el Evangelio, que le bastaba para trabajar por la liberación de los hombres, convencido de no querer hacer política, ni unirse a cualquier ideología o grupo revolucionario. Un libro en el que aparecen 39 testimonios de su vida como misionero español en la dictadura argentina.
Reconoce que ha sido el libro que más satisfacciones le ha dado de los 14 que ha publicado. Lo escribió para salir al paso de las acusaciones de complicidad de la Iglesia argentina con la dictadura y mostrar que siendo Iglesia fue víctima de aquella dictadura, como queda patente en el libro, así como mucha otra gente de Iglesia. Tardó tanto en escribirlo porque quiso ser fiel a la memoria histórica, a pesar de las dificultades para encontrar personas con las que recabar datos.
Un libro que en el 50 aniversario de la dictadura argentina «quiera Dios que sirva para avivar la conciencia colectiva, para recuerdo de cuantos fueron y fuimos víctimas y para erradicar todo deseo y pretensión de construir la paz por caminos de violencia y de falta de respeto a la dignidad de las personas y los derechos de los pueblos.
«No soy ni héroe, ni mártir. Soy un misionero más, un testigo más», subrayó Vicente Altaba. Un hombre con una vida centrada en su trabajo con los jóvenes, en la educación, en los barrios, donde fue muy feliz, por el hecho de ser coherente con sus opciones más hondas de su vida.