Camino para enriquecer la misión de la Iglesia en la familia - Alfa y Omega

Que la Iglesia se reúna para llevar a cabo «un ejercicio de escucha atenta de esos ecos que siguen resonando en la vida de la Iglesia y en el corazón de las familias», ya es motivo suficiente para que el encuentro Diez años después de ‘Amoris laetitia’: Anunciar el Evangelio a las familias de hoy, que se realiza en el Vaticano de 7 a 14 de octubre cobre un valor importante.

Dar respuesta

En las palabras pronunciadas ante los asistentes, el secretario general del Sínodo, cardenal Mario Grech, ha subrayado la necesidad de dar «una respuesta a los numerosos ecos que, como pastores, nos llegan desde diversos ámbitos de la vida eclesial y humana». Una necesidad que nace del hecho de que «el Evangelio de la familia es, en estos días de reflexión y diálogo, lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro camino», y junto con ello «la voz fundacional, en la que debe inspirarse toda auténtica acción pastoral cristiana». 

Un encuentro que es oportunidad para compartir como la Exhortación Apostólica Amoris laetitia se ha ido introduciendo en la práctica pastoral a lo largo de diez años en las diversas iglesias locales y realidades eclesiales, «moldeadas por los distintos contextos culturales, las tradiciones eclesiales, las oportunidades y los desafíos». En realidad, al escuchar diversas experiencias «podemos aprender unos de otros y discernir caminos capaces de enriquecer nuestra misión común».

En estas palabras del cardenal Grech somos llamados a plantearnos la necesidad de estar abiertos a la diversidad de realidades presentes en la vida de la Iglesia y así conocer «las experiencias concretas de maridos y esposas, padres e hijos, parejas jóvenes que se preparan para el matrimonio, personas mayores que viven fielmente su vocación e innumerables familias que buscan encarnar el Evangelio en la vida cotidiana. Entre ellas hay muchas familias que son auténticos ejemplos de esperanza».

Aprender de las familias

A veces, posturas personales, que poco tienen que ver con el Evangelio nos impiden conocer testimonios que nos ayudarían a reconocer la presencia de Dios en medio de nosotros. No olvidemos, como nos dice el cardenal Grech, que «las familias son protagonistas de la misión de la Iglesia, y de ellas tenemos mucho que recibir y aprender. Su experiencia puede ayudarnos a comprender más profundamente cómo el Evangelio se hace carne en la vida cotidiana y cómo estamos llamados a anunciarlo hoy».

Son vidas marcadas por la fidelidad y la fragilidad, como dimensiones que se entrelazan. De ahí la llamada de Grech «a escuchar también las dificultades que las familias enfrentan en su relación con nuestras comunidades cristianas y a preguntarnos cómo nuestra acción pastoral puede sostenerlas mejor». Acompañar a quienes pasan por dificultades, sean del tipo que sean, «puede ayudarnos a reconocer cómo la gracia de Dios ya está actuando en sus vidas y cómo el Evangelio puede responder a sus aspiraciones más profundas», resaltaba. 

Y hacerlo porque esas «alegrías y esperanzas, tristezas y angustias siguen interpelando e inspirando nuestro ministerio pastoral». Para ello puede servir un encuentro que «renueve nuestro compromiso de acompañar a las familias con la verdad del Evangelio, con compasión, sabiduría y esperanza». Sin duda, sería un buen modo de aprovechar esta ocasión y que ayude a hacer lo que nos debe mover como Iglesia: evangelizar. Y a llevarlo a cabo en un espacio decisivo para el futuro de la humanidad: la familia.