Una librería puede ser un buen escondite para quien no termina de sentirse cómodo en el mundo. Entre libros es posible desaparecer un rato y ordenar el ruido. En Bookish, que tienen disponible en Filmin, además, los libros sirven para resolver asesinatos.
Londres, 1946. La guerra acaba de terminar, pero la ciudad conserva heridas. En una librería de segunda mano trabaja Gabriel Book, un hombre elegante y excéntrico, antiguo espía y detective aficionado. Mark Gatiss —el Mycroft de Sherlock— se ha construido un personaje que parece salido de una novela. Tiene una carta de Churchill y la irritante costumbre de darse cuenta de todo antes que los demás.
Pero lo mejor de Bookish no son los crímenes. Ni siquiera sus deducciones, con algo de Poirot y Holmes. Lo mejor es el pequeño mundo alrededor de Book: Trottie, su esposa y cómplice; Jack, el joven recién salido de prisión; el inspector Bliss y, sobre ellos, esa mezcla de humor, melancolía y secreto que envuelve las calles de la posguerra.
Porque bajo la apariencia de confortable misterio hay una historia más triste. Gabriel es un hombre que ha aprendido a convivir con sus secretos y con las heridas de una época que acaba de salir de una guerra. Su matrimonio con Trottie es también una alianza, un refugio y una forma de seguir adelante. La serie entiende que algunas personas pasan buena parte de su vida intentando proteger aquello que más quieren.
Quizá por eso apetece tanto quedarse en esta librería. Bookish no corre. Prefiere conversar, mirar los detalles, dejar que una pista madure. En tiempos de series diseñadas para impedirnos respirar, ese ritmo se agradece. Y queda la certeza de que los libros todavía sirven para entender a los demás. Incluso a los asesinos. Incluso a nosotros.
Bookish es una serie pequeña, elegante y reconfortante que no pretende salvar el mundo, sino regalarnos durante unas horas uno un poco más habitable. Y eso, aquí, nos basta.