La Iglesia, la UME de Dios - Alfa y Omega

La Iglesia, la UME de Dios

Socorrer a los desvalidos es una necesidad que, en el caso de la Iglesia, se asume como expresión de la fe en un Dios que es compasivo y misericordioso

Alfa y Omega

Hay situaciones que no deberían darse. Pero cuando suceden, la ayuda se convierte en algo fundamental. En los incendios que asolan España en estos días, una vez más la Iglesia ha sido solícita en socorrer a los desvalidos. La Iglesia ha sido la UME de Dios.

En cualquier tipo de desastre, inclusive más allá de las fronteras, como hizo últimamente en el terremoto de Venezuela, el Estado envía a la Unidad Militar de Emergencias. Del mismo modo, la sociedad sabe que puede contar con la Iglesia. Una ayuda que va más allá del consuelo espiritual, que muchos agradecen, y que lleva a la Iglesia a ofrecer locales, alimentos y enseres de primera necesidad.

Cuando la Iglesia es samaritana recibe el reconocimiento de todos, también de los no practicantes, inclusive de quien se dice distante de la fe, inclusive quien reconoce no tenerla. Se trata de practicar la caridad, el amor perfecto, que nos lleva a estar al lado de quien por diversos motivos se queda tirado al borde del camino. Es el mejor modo de ser presencia de Dios, de un Dios que, por encima de todo, es compasivo y misericordioso, un Dios que consuela y da fuerza para salir del pozo y seguir adelante. Y eso lo hace a través de cada uno de nosotros que decimos tener fe, a través de la Iglesia, llamada a ser presencia de Dios en medio de la humanidad.

La prioridad es aquel que sufre, aquel que ha perdido lo que garantizaba su existencia. Hacerlo sin preguntar, como algo que brota espontáneamente de un corazón semejante al corazón de Dios. La fe, los sentimientos religiosos, deben traducirse en acciones concretas, especialmente cuando se trata de sofocar el dolor.

Siempre somos llamados a ser esa presencia que consuela, pero, ante las emergencias, la práctica de la caridad se convierte en necesidad. Pedir la ayuda de Dios nos tiene que llevar a hacer lo que esté en nuestra mano para que eso se concrete.