José Bordell: «La decisión más difícil es la de pasar a otro edificio» - Alfa y Omega

José Bordell: «La decisión más difícil es la de pasar a otro edificio»

Este oficial de bomberos del Ayuntamiento de Madrid fue rescatista en Venezuela. Entre 35 equipos solo lograron rescatar a una docena de personas vivas

María Martínez López
Bordell (izquierda) y un compañero ante uno de los edificios. Estuvieron en La Guaira del 26 de junio al 4 de julio.
Bordell (izquierda) y un compañero ante uno de los edificios. Estuvieron en La Guaira del 26 de junio al 4 de julio. Foto: ERICAM.

—¿Cómo acaba un bombero municipal de Madrid de rescatista en Venezuela?
—Los bomberos de la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento tienen un convenio y están ampliando los ámbitos de colaboración. Una cuestión que manejábamos era cómo colaborar en despliegues internacionales. Entones ocurrió el terremoto y desde el grupo operativo de Emergencia y Respuesta Inmediata de la CAM (ERICAM) nos plantearon si podríamos desplegar a alguna persona que los ayudase a valorar estructuras allí.

—Era su primera experiencia en desastres así, muy diferente a un hundimiento de un edificio en Madrid.
—Hablamos de ciudades enteras y de miles de víctimas. No sé quién está preparado al 100 % para algo así. En una tragedia como esta, el equipo de Evaluación y Coordinación de Desastres de la ONU distribuye el terreno en función del número de equipos. Como fuimos el primero europeo en llegar, el 26 de junio, menos de 48 horas después, nos dieron una zona inabarcable. Conforme fueron llegando más, se fue reduciendo. Pero no la hemos podido abarcar toda, ni mucho menos.

José Bordell
Foto: ERICAM.

—¿Cuál era su trabajo exactamente?
—Somos responsables de buscar víctimas vivas. Una de las cosas más difíciles en estos casos es que hay quien espera que rescatemos a sus fallecidos. Al llegar a tu zona se hace una primera valoración de la posibilidad de trabajar en cada sitio. Lo enfocamos parcela a parcela. Luego se hace una búsqueda metiéndose todo lo posible para intentar escuchar y se usan instrumentos; pero lo mejor son los guías caninos. Yo soy arquitecto y mi papel era asesorar sobre los riesgos al tocar la estructura o dónde hacer los cortes. También diseñábamos pequeñas estructuras para apuntalar y poder avanzar.

—Como arquitecto, ¿cree que la situación previa de las infraestructuras influyó en la cantidad de daños?
—Es complicado decirlo sin haber visto el estado original de los edificios. El terremoto fue potente; si hubiera habido uno así en Madrid nos enfrentaríamos a una tragedia del estilo. La cuestión es que Venezuela es una zona sísmica donde la normativa obliga a medidas de seguridad más exigentes. Todo apunta a que no se tomaron y los edificios no estaban bien construidos, pero no lo puedo decir con certeza. En Caraballeda y Macuto (La Guaira), donde estuvimos, todos los edificios de más de tres o cuatro plantas se habían caído.

—¿Cómo se decide dónde buscar y dónde no?
—Es durísimo. Al principio, con tanto terreno, los mandos más veteranos tenían claro dónde podía haber supervivientes y dónde no. Si había pistas se trataba de agotar las posibilidades. Nos dividíamos en dos equipos y mientras uno trabajaba en una parcela el otro iba empezando en otra. La decisión más difícil es la de pasar al siguiente edificio y decir a las familias que no podemos seguir trabajando ahí. Antes se intentaba repetir todas las pruebas, que pasase otro perro…

Misa en la catedral de la Almudena

La Archidiócesis de Madrid celebra este jueves 30 de julio, a las 19:00 horas, la Eucaristía en la catedral de la Almudena para rezar por las personas fallecidas en el terremoto que sacudió Venezuela hace unas semanas y por la pronta recuperación de quienes resultaron heridos.

La celebración, convocada por la Delegación Diocesana de Pastoral de la Movilidad Humana – Migraciones junto a Cáritas Diocesana de Madrid, estará presidida por el cardenal José Cobo Cano, y quiere «ser un gesto de cercanía, esperanza y comunión con el pueblo venezolano en estos momentos de dolor».

La Archidiócesis de Madrid invita a participar a toda la comunidad diocesana y, de manera especial, a las personas venezolanas que viven en Madrid, para «compartir la oración y acompañar a quienes sufren las consecuencias de esta tragedia», informa Archimadrid.

Desde el principio, Cáritas Madrid se sumó al llamamiento a la solidaridad para apoyar la respuesta de emergencia y contribuir a que la ayuda llegara a quienes más la necesitan. En este sentido, el brazo caritativo de la Iglesia en Madrid sigue recogiendo aportaciones para continuar ofreciendo ayuda humanitaria, y protección y acompañamiento a las personas y familias afectadas por esta emergencia.

—¿A cuántas personas rescataron?
—Nuestro equipo sacó a tres víctimas vivas: una abuela que se había roto la cadera y sus dos nietos. Y a otra que los detectores daban como viva pero estaba fallecida. Trabajar tantas horas para llegar y ver que no puedes hacer nada te desespera. En total, unos 35 equipos internacionales han sacado a doce o 13 víctimas. La mayor parte de rescatados con vida son los que solo quedan un poco pillados y puede sacarlos la gente de allí en las primeras horas. Cuando pasan 48, los casos que se encuentran vivos son los milagrosos.

—Usted es creyente. ¿Cómo se afronta algo así desde la fe?
—No sabría decir si lo he vivido mejor o peor. Me ha ayudado mucho el poder dar gracias por estar allí en condiciones de ayudar. Era lo que me motivaba pese al desánimo y al cansancio: estaba allí por algún motivo que solo Él conoce y si podía ayudar a alguien mi deber era seguir buscando. Viendo todo tan destrozado sentía mucha pena. Se veían las habitaciones de la gente, que habían estado en el cumpleaños de un niño pequeño, y en ese momento solo podía pedir por ellos, que no estuvieran sufriendo de más y, si podíamos, encontrar a alguien. Aunque no tenía fuerzas para rezar; cuando había descanso el cuerpo estaba rendido. Sí se notaba que la gente de allí tenía una gran fe. Muchos lo habían asumido y te decían «mi familiar está en la gloria».