«El campo volverá a estar verde, tenemos que ir a una» - Alfa y Omega

«El campo volverá a estar verde, tenemos que ir a una»

Miles de personas han sido evacuadas y confinadas estos días, entre ellas, las agustinas del monasterio de la Conversión de Sotillo de La Adrada. Hablamos con la superiora, madre Prado: «Nosotras queríamos quedarnos»

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Voluntarios y vecinos del valle del Tiétar en la evacuación.
Voluntarios y vecinos del valle del Tiétar en la evacuación. Foto: Europa Press / César Vallejo.

Entre las miles de personas desalojadas por la amenaza del fuego estas semanas también hay monjas, que hacen suyo el dolor de sus vecinos por la tragedia que comparten. Entre ellas están las monjas del monasterio de la Conversión, en Sotillo de la Adrada, que junto a todos los habitantes de los pueblos de la zona tuvieron que ser desalojadas para encontrar un refugio seguro.  

La madre Prado González, superiora de las agustinas de la localidad abulense, cuenta que las llamas estaban ya «muy cerca», y que la situación era «complicada», porque el fuego «llevaba días aproximándose». Al final, tuvieron que dejar su casa por decisión de la Guardia Civil, la Policía y la UME: «Nosotras queríamos quedarnos un pequeño grupo, al final nos desalojaron a todas». 

Junto a ellas, tuvieron que ser reubicados todos los vecinos del valle del Tiétar: Santa María del Tiétar, Casillas, Mijares, Gavilanes… «Han sido muchos pueblos», cuenta la madre Prado. «Solo quedaba abierta la carretera 501 para salir, y hubo que organizar muy bien el desalojo para evitar el caos. Salimos muy despacio y de forma ordenada, y eso dio tiempo a evacuar los pueblos dentro del plazo que habían previsto». 

España en llamas

ÁVILA: Con 50.000 hectáreas calcinadas, es el incendio forestal más grande de la historia reciente de España.

MADRID: Las 28.000 hectáreas quemadas lo hacen el más devastador de la Comunidad de Madrid.

GUADALAJARA: El fuego ha arrasado de 32.000 a 35.000 herctáreas.

TOLEDO: Con sus 2.000 hectáreas, se ha unido al macroincendio de Ávila y Madrid.

CASTELLÓN: Ha arrasado 8.500 hectáreas y provocado la evacuación de 16.000 personas.

La superiora responde a la llamada de Alfa y Omega desde Talavera de la Reina, donde las han acogido otras religiosas agustinas. «Nos han recibido con muchísimo cariño. La convivencia está siendo muy buena. Estamos viviendo una auténtica comunión con las hermanas y nos sentimos muy acompañadas», reconoce. Desde la distancia se acuerdan de todos los vecinos de Sotillo, rostros con nombre y apellido, «que lo están pasando muy mal». Y señala que «estamos rezando mucho también por todas las personas que siguen allí trabajando para controlar el incendio y por nuestros vecinos». «Ahora mismo todos los efectivos están intentando salvar las viviendas y protegerlas. Ojalá que lo consigan», abunda. 

Al cierre de nuestra edición, el frente abulense ya ha calcinado más de 50.000 hectáreas, lo que lo convierte en el mayor incendio forestal registrado en la historia de España. «Tenemos muchísima pena. No solo por haber tenido que abandonar el monasterio, sino por todo lo que está ocurriendo. Ver cómo ha quedado destruido ese patrimonio vegetal, esa creación tan hermosa, produce muchísimo dolor. Esto es una tragedia ecológica, una tragedia humana y una tragedia social», afirma la religiosa. 

«Fuerza para retomar la vida»

Mientras las llamas siguen encontrando pasto para extenderse en amplias zonas de España, en otros lugares el fuego ha sido extinguido y es hora de evaluar los daños. El devastador incendio de Los Gallardos, en Almería, fue oficialmente apagado el viernes de la semana pasada, tras dos semanas de intensa lucha. Las llamas destruyeron 5.200 hectáreas de terreno, lo que obligó a desalojar a 1.400 personas y provocó el fallecimiento de 13 personas. Lo que queda hoy es una calima que cubre la zona, como la que hay en buena parte de España según sople el viento. Desde ahí nos atiende Víctor Fernández, el párroco de Los Gallardos, que constata la «incertidumbre» con la que el pueblo está recuperando poco a poco la normalidad. «Han sido días de arreglar la documentación y de devolver el agua y la luz a las casas», dice, señalando que retornar a la vida de antes del incendio «llevará su tiempo». 

Fernández cuenta que, pasados los primeros días, hay vecinos que muestran «rabia e indignación» y quieren «buscar culpables». «Creo que ahora toca sacar todo eso, quizá como consecuencia de la tensión que hemos vivido, hasta que vuelva todo de nuevo a su ser», añade. 

Para el nuevo inicio que se presenta, el párroco desea el espíritu de solidaridad que se vivió en los momentos más duros: «cuando trabajamos juntos, las cosas funcionan. Tenemos que ir a una, ver al otro no como el enemigo, sino como alguien que ha sufrido lo mismo que yo». En este sentido, «esa es también la esperanza de los cristianos, el volver a ser uno, y que todos tengamos caridad».

Aun así, eso no podrá borrar la memoria de los fallecidos, un desafío para el que el sacerdote ofrece una esperanza basada en la fe y en la realidad: «el campo volverá a estar verde, y eso lo veremos nosotros. Lo vamos a ver porque la naturaleza es fuerte, siempre resurge y vuelve». Por eso, aunque algunos hayan muerto, «los que han quedado vivos seguimos aquí. No nos podemos quedar en que todo está perdido, sino que tenemos que renacer, como nos pidió Cristo, porque seguimos viviendo. Para los difuntos esperamos la resurrección y la vida eterna y para los que estamos aquí pedimos fuerza para retomar la vida».