Un modo de seguir haciendo el bien «cuando ya no estemos» - Alfa y Omega

Un modo de seguir haciendo el bien «cuando ya no estemos»

Buena parte de la labor que lleva a cabo Misiones Salesianas la realiza gracias a lo obtenido por la vía del testamento solidario, «un modo de prolongar en el tiempo los valores que nos han movido en vida»

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
120 niños que se buscaban la vida en la calle acuden diariamente al centro de los salesianos.
120 niños que se buscaban la vida en la calle acuden diariamente al centro de los salesianos. Foto: Misiones Salesianas.

«Quiero ser un ejemplo para mis herederos. Les he educado en vida en la solidaridad y quiero que cuando yo no esté, siga siendo así». De este modo explica una mujer anónima su deseo de realizar un legado a Misiones Salesianas tras su muerte. Se trata del testamento solidario, una vía de colaboración que permite a las organizaciones benéficas realizar su labor y a las personas con conciencia social extender su solidaridad más allá de esta vida. 

Este modo de incluir a una organización social en el testamento supuso el año pasado para Misiones Salesianas la cifra de 2,4 millones de euros, que así se han podido convertir en educación, protección, alimentación y oportunidades para niños, niñas y jóvenes en situación de vulnerabilidad.

En cifras

2,4 millones de euros recaudó Misiones Salesianas el año pasado vía testamento solidario

15,3 de su presupuesto anual

138 países son los destinatarios de su labor

Esta vía de financiación tiene «un peso decisivo en nuestra organización», afirma Carolina de Arana, responsable Herencias y Legados en el área de captación de fondos de Misiones Salesianas. De hecho, «constituyó el 15,3 % del presupuesto el año pasado, lo que ha permitido seguir realizando nuestra labor en 138 países de todo el mundo», añade. 

A pesar de no ser todavía algo habitual que los españoles se acuerden de una ONG en su testamento, «es algo que cada vez resuena más», señala De Arana, que constata asimismo que es una fuente de ingresos que «está creciendo de forma progresiva año a año. Es una tendencia al alza; cada vez hay más gente que quiere dejar tras de sí un impacto solidario» tras su fallecimiento.   

Un aula con su nombre 

Dentro del proyecto del testamento solidario está el caso de la familia de una maestra española, Concepción Ramón, que tenía la intención de sostener un centro educativo tras su muerte. Así nació el aula que lleva su nombre en el centro Canillitas Don Bosco, en República Dominicana, una ludoteca orientada al apoyo escolar de niños y niñas en situaciones precarias. 

Franklin Ortega, director ejecutivo de la Fundación Salesiana Don Bosco de las Antillas, explica que el centro «da respuesta a niños que a temprana edad tienen que salir a las calles a ganarse la vida vendiendo lo que pueden para así poder ayudar a la economía familiar». Son menores que vienen de familias «muy desestructuradas», abunda, que por su realidad socioeconómica «no pueden acompañar de manera efectiva el desarrollo psicoemocional y educativo de sus hijos». 

Así, al centro llegan niños que ya deberían estar escolarizados y no lo están. «Esa situación supone problemáticas de aprendizaje y a veces de comportamiento, por lo que intentamos hacer un abordaje integral que incluye a la familia y al entorno». De este modo, los 120 niños que atiende el proyecto acuden a la escuela y a la ludoteca en horario de mañana o de tarde, mientras que los fines de semana se dedican al acompañamiento familiar. «En la mayoría de los casos, esta es la única puerta que tienen los chicos para escapar a la pobreza en la que han vivido sus familias de generación en generación, y son muchos ya los adultos que han pasado por aquí y que reconocen haber visto transformada su vida», señala Ortega.  

La ludoteca Concepción Ramón, del centro Canillitas Don Bosco, lleva el nombre de una donante.
La ludoteca Concepción Ramón, del centro Canillitas Don Bosco, lleva el nombre de una donante. Foto: Misiones Salesianas.

El director ejecutivo de la Fundación Salesiana Don Bosco de las Antillas es testigo de cómo el testamento solidario constituye así «una gran oportunidad de solidaridad» para muchas personas y para las familias que quieren honrarlas con este legado. «Los valores que les han definido en vida se pueden proyectar a través de iniciativas como la nuestra», afirma, «y así pueden seguir cambiando vidas a través de las acciones que la misión salesiana lleva a cabo allí donde muchos no se atreven a llegar».

A la hora de tomar esta decisión solidaria de manera concreta, Carolina de Arana subraya que «no hace falta tener un gran patrimonio ni una gran fortuna. Cualquier aportación, aunque sea modesta, se puede convertir en un gran apoyo». Además, «la persona puede elegir libremente la cantidad o el bien que quiera donar, siempre respetando los derechos legítimos de los herederos».

En definitiva, para la responsable Herencias y Legados en Misiones Salesianas, el testamento solidario «es un modo de prolongar en el tiempo los valores que nos han movido en vida, con la satisfacción de saber que podremos seguir haciendo el bien cuando ya no estemos». De esta manera, es «una forma muy bonita devolver lo que se ha recibido en vida», conscientes de que «nuestra fe y generosidad se transformarán en futuro para los más necesitados».