Unos 500 rohinyá pueden haberse ahogado tras huir de dos países donde no tienen «ningún sitio seguro»

Unos 500 rohinyá podrían haberse ahogado tras huir de dos países donde no tienen «ningún sitio seguro»

Amnistía Internacional asegura que la persecución y las condiciones de vida obligan a los rohinyá a tomar «decisiones cada vez más desesperadas»

María Martínez López
Barcos de este tipo son los que usan los rohinyá para intentar llegar a otros países. Foto: Agencia de Control Marítimo de Malasia.
Barcos de este tipo son los que usan los rohinyá para intentar llegar a otros países. Foto: Agencia de Control Marítimo de Malasia.

Unas 500 personas podrían haber muerto frente a las costas de Myanmar en las últimas semanas, tras el naufragio de dos embarcaciones a finales de junio y principios de julio. Según un comunicado conjunto de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), se estima que la mayoría pertenecían a la perseguida minoría musulmana rohinyá. 

Los dos barcos partieron del estado de Rakáin a finales de junio, transportando en su mayoría a pasajeros rohinyá. Algunos habían regresado desde campos de refugiados de Cox’s Bazar, en Bangladés. Ambos viajes se realizaron durante el monzón, fuera de la temporada de navegación habitual, cuando el mar suele ser más peligroso.

Estas organizaciones alertaron del posible alcance de una tragedia que «pone de relieve el impacto devastador del conflicto prolongado» que sufre Myanmar. En 2025, más de 6.500 rohinyás emprendieron desplazamientos por mar y cerca de 900 fueron declarados muertos o desaparecidos, lo que equivale a uno de cada siete. Este hecho lo convierte en el año más mortífero desde que existen registros, según ACNUR.

«Decisiones cada vez más desesperadas»

Joe Freeman, investigador de Amnistía Internacional para Myanmar, asegura que los naufragios son «un recordatorio demoledor de las decisiones cada vez más desesperadas a las que se enfrentan muchos rohinyá hoy». Si este tipo de travesías son siempre peligrosas, «el hecho de que estén ocurriendo durante la época del monzón», cuando el mar es más hostil de lo normal «subraya aún más los riesgos que las personas están dispuestas a asumir».

«La gente no arriesga sus vidas en el mar a menos que las alternativas sean incluso más insoportables», asegura Freeman. Es lo que ocurre en el caso de este grupo, muchos de cuyos miembros no tienen «ningún sitio seguro al que ir» tras «décadas de persecución, apatridia, conflicto y graves dificultades humanitarias». 

Intentan «escapar de las pésimas condiciones» de vida tanto en los campos de refugiados de Bangladés como en su lugar de origen en el estado de Rakáin. En los primeros, carecen de «ayuda, educación y refugio adecuado», al tiempo que se enfrentan a «reclutamiento forzado por parte de grupos armados y a secuestros para pedir rescate». 

Y su región de origen «está bajo control del Ejército de Arakan», donde AI ha denunciado que «usan a los rohinyá para trabajo forzado». La persecución contra esta comunidad se desencadenó con toda su fuerza en 2017, cuando el Ejército birmano atacó, incendió y bombardeó sus aldeas. 

Equipos de Naciones Unidas reunieron evidencias sobre crímenes contra la humanidad y genocidio. Como resultado, más de 1,3 millones de personas huyeron hacia Bangladés, un éxodo que los ha convertido en la mayor población apátrida del mundo. 

¿Qué solución hay para los rohinyá?

Al analista no le sorprende que «estas tragedias en el mar sigan ocurriendo». Considera que «solo enfatizan la necesidad de una solución duradera» tanto para Bangladés como para Myanmar. Por ello, pide fortalecer los esfuerzos de búsqueda y rescate, asegurar acceso a la protección internacional y colaboración para acabar con el «ciclo de negligencia» que sufren.

Por último, subraya que lo ocurrido debería ser una llamada a «prevenir la repatriación forzada» a Myanmar, como pretende Bangladés. «Las condiciones en Rakáin no son seguras para retornos seguros y dignificados». 

Rohinyá tratan de rescatar a víctimas de un corrimiento el 8 de julio en Cox's Bazar. Foto: Reuters / Stringer.
Rohinyá tratan de rescatar a víctimas de un corrimiento el 8 de julio en Cox’s Bazar. Foto: Reuters / Stringer.

Además de haber facilitado el naufragio, el monzón también está poniendo en dificultades a los rohinyá en Bangladés, y a la misma población del país. La OIM alertó el jueves del impacto de las recientes inundaciones y deslizamientos de tierra provocados por semanas de lluvias monzónicas en el sureste de Bangladés. Esta crisis afecta a un millón de personas, entre los que hay más de 52.000 refugiados asentados en Cox’s Bazar. 

Allí, las lluvias torrenciales han dañado más de 5.000 refugios, además de infraestructuras y servicios comunitarios. Fuera de los campamentos, viviendas, carreteras, puentes y escuelas han sufrido graves daños.