Migrantes como Marta «fueron pioneros» y crearon redes para otros - Alfa y Omega

Migrantes como Marta «fueron pioneros» y crearon redes para otros

Lejos de sus raíces, los migrantes mayores en Madrid suelen sentirse solos, pero tienen menos problemas de depresión porque «tienden a participar más en la comunidad»

Rodrigo Moreno Quicios
Marta (tercera por la izquierda) junto a sus amigas de la universidad.
Marta (tercera por la izquierda) junto a sus amigas de la universidad. Foto cedida por Marta de la Rosa.

«Yo me vine a España como en las telenovelas, por amor», nos cuenta Marta de la Rosa. Procedente de Colombia, vive en Alcobendas desde 1999. Entonces ella tenía 41 años y una hija de 5 en común con su marido, un empresario alicantino que viajaba a menudo a su país y a quien conoció en una cena de negocios mientras ella tenía un cargo importante en la aerolínea Avianca. Al reunificarse en Madrid, el futuro parecía prometedor —ha acabado siéndolo—, pero «el primer año fue terrible» porque Marta no conseguía hacer amigas locales. Irritada, tenía choques frecuentes con su marido, quien estaba enamorado pero llegó a decirle: «Mira, yo te lo he dado todo, pero si quieres puedes regresar a Colombia». «Entonces me di cuenta de que nadie iba a cambiar por mí y también debía formar parte del paisaje» de Madrid, nos cuenta esta mujer de 68 años que desde entonces se volcó en todo tipo de asociaciones en la capital.

Su caso ilustra a la perfección el estudio Envejecimiento, soledad(es) y diversidad sociocultural en España, elaborado por la Universidad Complutense y la Pontificia de Salamanca, centrado en las condiciones de vida de los mayores de 55 años nativos y migrantes y cuyos resultados se han presentado en la Fundación Pablo VI. Esteban Sánchez, investigador en la UPSA, nos resume como conclusión que «más del 40 % de las personas que han nacido en Latinoamérica sienten soledad, mientras que los españoles lo hacen en un 26 %». Sucede porque sus familias y raíces están lejos. Sin embargo, «tienen menos depresión y malestar psicológico y se sienten más satisfechas con la vida». La explicación —Marta es un clarísimo exponente— es que «tienden a participar más en la comunidad, crear redes y contextos de relación social».

«El sofá mata el alma y la televisión las neuronas», nos explica esta colombiana que se desempeñó como psicóloga en la aerolínea. Por eso, en cuanto su única hija comenzó la universidad, Marta se convirtió también en estudiante y se apuntó a los cursos para mayores que ofrece la Universidad Autónoma de Madrid. «Llevo doce años estudiando allí y en el primero acabé como delegada de una clase de 180 personas, aunque no me presenté». Hablando con ella, resulta evidente por qué, pues «soy un torbellino».

Presentación del informe en la Fundación Pablo VI.
Presentación del informe en la Fundación Pablo VI. Foto: Fundación Pablo VI.

De hecho, el mismo día que hablamos con ella, nos revela que «me han nombrado socia emérita» de la Asociación de Estudiantes del Programa Universidad para Mayores de la Universidad Autónoma de Madrid, un ente del que fue presidenta, al igual que de la Federación de Asociaciones Madrileñas de Universitarios Senior. Son dos cargos que «me tuvieron ocupada todo el día por amor a la patria», bromea. Y que no presenta como algo negativo sino como precisamente la chispa que la mantuvo en marcha.

«Cuando te dan mucho hay que saber devolver», opina esta migrante agradecida, que intenta participar en todo tipo de congresos «para hablar de la soledad del mayor y el nido vacío». Ella la mantiene a raya a pesar de que aquí no tiene más parientes, porque ha sabido «buscarme la vida y salir del cascarón». «Me he inventado la forma con mis amigas, la universidad y mi gente. Si no, me volvía loca», bromea.

Las parroquias son clave

El investigador Esteban Sánchez explica que «cuando una persona joven que llega de Colombia encuentra hoy una comunidad» es gracias a que valientes como Marta «crearon esas redes». «Esas personas fueron pioneras», reivindica. Y añade que aquellos primeros migrantes a un país menos abierto «han sobrellevado una cantidad de dificultades que, al igual que pasó a nuestros abuelos, los han hecho más resistentes».

Por último señala que, según su informe, para prevenir el aislamiento «el ámbito parroquial es muy importante». «En la doctrina social de la Iglesia se dice que la comunidad no puede despojarse de su responsabilidad, ese es el principio de subsidiariedad». Y reivindica que «en el espacio parroquial está el potencial para conocernos mejor unos a otros».