La Fundación Pablo VI compra el convento de Santo Domingo

La Fundación Pablo VI compra el convento de Santo Domingo para «mantener este patrimonio en la Iglesia»

Su director general subraya que si entidades católicas «colaboramos, podemos salvar y potenciar lo que se pueda de sitios» que «es una pena que se pierdan»

María Martínez López
Una de las fachadas del edificio. Foto: Fundación Pablo VI.
Una de las fachadas del edificio. Foto: Fundación Pablo VI.

El convento de Santo Domingo el Real, en la madrileña calle de Claudio Coello, es uno de los edificios de estilo neomudéjar más característicos de Madrid. Desde el 1 de julio, está en manos de la Fundación Pablo VI, que ese día firmó el contrato de compra tras la salida, hace dos años, de las últimas seis dominicas lo abandonaran para instalarse en otras casas religiosas; sobre todo, en la homónima de Segovia.

Un año después, en el verano de 2025, el inmueble fue puesto a la venta. A partir de ahora, el edificio se destinará a «desarrollar los fines fundacionales de la propia institución». Estos son «la promoción del diálogo de la Iglesia con el mundo a través de la formación, la divulgación y la cultura».

El director general de la Fundación Pablo VI, Jesús Avezuela, detalla que «nos gustaría destinarlo a que sea un gran centro cultural de referencia». Tiene potencial para ello, pues aunque sufre un visible deterioro general, «arquitectónicamente es una maravilla, una joya en una ubicación magnífica. Eso nos gustaría potenciarlo». 

Avezuela es el director general de la entidad. Foto: Fundación Pablo VI.
Avezuela es el director general de la entidad. Foto: Fundación Pablo VI.

—Se trata de una decisión patrimonial importante, no solo por la compra sino por la inversión en su conservación. ¿Cómo se da este paso?
—Es un paso importantísimo desde el punto de vista económico e institucional. No deja de ser una inversión con una rehabilitación económica importante. No ha sido una decisión especialmente buscada, sino que ha estado motivada por el compromiso de mantener este patrimonio dentro de la Iglesia. Recibimos una llamada de que estaba en venta y planteando si la fundación podía hacer el esfuerzo de quedárselo con ese fin y no terminase fuera de la Iglesia, como había muchas probabilidades de que ocurriese. 

—Están respondiendo a una realidad que es un reto para toda la Iglesia en España y en Europa por la reducción de las vocaciones religiosas. Se han visto edificios religiosos convertidos en bibliotecas, piscinas o discotecas.
—Hace poco estuvimos en Bilbao y un convento magnífico cerca de la ría se ha convertido en sala de fiestas. Esa llamada a la fundación expresa un ejemplo. No solo lo hemos hecho para el rescate de este edificio sino para que sirva de ejemplo de cómo podemos ayudarnos unas instituciones a otras para salvar el patrimonio de la Iglesia y sobre todo para que edificios especialmente emblemáticos no acaben con destinos tan diferentes a aquel para el que se construyeron. 

—¿Cree que es una propuesta digna de plantearse a escala más amplia, de forma que otras entidades de iniciativa social vinculadas a la Iglesia hagan lo mismo?
—Totalmente. Aceptamos primero por la responsabilidad de lo que se nos estaba diciendo pero sobre todo porque consideramos que es una manera de decir a otras: si colaboramos entre todas, podemos hacer escalable esto y salvar lo que se pueda de estos sitios que estamos diciendo que qué pena es que se pierdan. Y no solo salvarlo sino potenciarlo y promoverlo para otros usos dentro de nuestro ámbito: cultural, diálogo con el mundo u otros tantos. 

—Estamos hablando de muchos edificios. ¿Hay músculo económico en la Iglesia para salvar todo?
—Respondo como santa Teresa de Jesús: uno a uno llegamos hasta donde llegamos pero todos juntos llegamos muy lejos. No sé si el músculo individual salvaría todos, pero el de todos juntos llegaría muy lejos. El ecosistema de instituciones en la iglesia es muy amplio. Si hacemos una colaboración estratégica se llegaría mucho más lejos de lo que somos conscientes y creemos.