«Cada vez pasan más horas sin conseguir cuerpos. Las familias empiezan a sentir el luto»

En Venezuela «las familias de los desaparecidos empiezan a sentir el luto»

Maribel Prada, directora de Impacto de la ONG World Vision en Venezuela, relata desde el estado de Miranda cómo la primera fase de emergencia tras los terremotos del 24 de junio llega a su fin. «No se olviden cuando deje de ser noticia»

María Martínez López
Un bombero busca a su hermana y su sobrino en un edificio de La Guaira. Foto: OSV News / Reuters / Maxwell Briceno.
Un bombero busca a su hermana y su sobrino en un edificio de La Guaira. Foto: OSV News / Reuters / Maxwell Briceno.

—¿Cuál es la situación ahora, seis días después, cuando la urgencia por rescatar va cediendo y se asume que, aunque oficialmente haya 1.700 fallecidos, casi todos los cerca de 50.000 desaparecidos engrosarán este dato?
—Estoy en Oropesa, estado de Miranda. Es una región contigua a Caracas y una de las afectadas por los seísmos. Aunque oficialmente no se ha declarado que no vaya a haber más actuaciones de rescate, se empieza a notar que los rescatistas pasan cada vez más horas sin sacar cuerpos. Cada vez hay menos posibilidades de que queden personas vivas bajo los escombros. Es un momento de mucho dolor porque las familias empiezan a sentir el luto y se abre en las familias un proceso psicoemocional muy difícil de afrontar. 

World Vision trabaja sobre todo con la infancia. ¿Son conscientes los niños de este cambio?
—De esto no. Sí están muy conscientes de lo que significó todo, te dicen «en esa infraestructura derruida está mi tío, mi abuela». Circuló mucho por redes el vídeo de un niño que cuenta la hora a la que su mamá dejó de respirar. Pero no creo que sepan lo que viene; lidiarán con ello cuando se declare que no habrá más búsquedas y los adultos de sus familias empiecen a colapsar por la noticia.

—¿Cómo los están ayudando?
—Es muy importante la presencia de entidades como la nuestra facilitando que los niños puedan recibir apoyo psicoemocional, generar espacios lúdicos y seguros para la niñez, con profesionales de psicología, de trabajo social y educadores. La intención es que los niños puedan ir a ellos, orientarlos para retomar el ocio con actividades como dibujar. A través de eso se logra ver su carga emocional: imágenes oscuras, mucho llanto e inquietud que empiezan a drenar a través de lo lúdico.

También promovemos reuniones con niños de su edad, dándoles la oportunidad de que hablen libremente si quieren —no todos lo hacen— y, sin negar la realidad que viven, ofrecerles también otros temas. 

Prada (izquierda) estos días preparando la respuesta de World Visión al terremoto. Foto cedida por Maribel Prada.
Prada (izquierda) estos días preparando la respuesta de World Visión al terremoto. Foto cedida por Maribel Prada.

—Además de las víctimas mortales y heridos, están los 12.700 damnificados.
—En Miranda hay comunidades donde hubo desastres y todavía no han sido intervenidas. Se perdieron edificaciones comunitarias y las personas están viviendo en la calle, en canchas y parques, con carpas improvisadas. Hay un conjunto de familias bastante alto que no pueden retornar a sus hogares. 

—¿Cuáles son las prioridades en la ayuda que ofrece su entidad?
—Además del apoyo psicosocial que le decía, estamos trabajando con asistencia alimentaria de emergencia, suministro de raciones alimentarias de fácil consumo, que no requieren preparación y con alta carga calórica. Necesitamos evitar que niños y embarazadas caigan en una desnutrición aguda. Además estamos suministrando paquetes de higiene para evitar la proliferación de enfermedades aunque las familias estén a la intemperie. Y por supuesto agua potable y pastillas para potabilizar. 

—¿La crisis que ya vivía Venezuela ha agravado el impacto de los terremotos?
—Al 200 %. El país no estaba preparado para esto. No había recursos para los rescatistas, Protección Civil y los bomberos no estaban debidamente provistos de medios y herramientas para un desastre de tal magnitud. Por eso estuvimos tan dependientes de los equipos internacionales, que empezaron a llegar el viernes, cuando ya se habían perdido 48 horas. Por eso se han rescatado vidas pero no ha podido ser masivo. 

La crisis de Venezuela es distinta a la de un país que ha sido atacado. Sigue habiendo infraestructura que conserva visos de lo que fue su buena situación, pero con mucho deterioro y poca capacidad resolutiva tras dos décadas. Y ahora el terremoto agrava todo. Hasta ahora la gente vivía en una vivienda con unas condiciones mínimas: acceso al agua dos o tres veces en semana, la electricidad que iba y venía pero estaban acostumbrados… Ahora no tienen ni vivienda, ni agua, ni electricidad, ni trabajo, ni acceso al sistema de salud, ni medicamentos. 

—¿Cómo se afronta el reto logístico de atender lo más urgente los primeros días?
—Se resuelve con recursos propios que se tienen previstos para emergencias, aunque no se contaba con algo de esta magnitud. Jamás se previó o por lo menos no se hizo público. Tiramos de esos fondos y del stock que teníamos preposicionado, que era muy poco frente a la alta demanda. 

Inmediatamente nuestras oficinas de todo el mundo se activan en la recaudación de fondos, comenzamos a recibir donaciones y a presentar propuestas a las fuentes de financiación global. Tenemos la intención de que se nos vea como una de las organizaciones con más músculo para hacer llegar la ayuda.

—Pero incluso teniendo fondos, hace falta poder acceder a los suministros.
—Después de nuestro stock, lo segundo es trabajar con la cadena de suministro del país, que son proveedores naturales, aunque también están muy mermados. Y ya hemos activado el tercer paso, que es comprar a través de las oficinas de los países de la región. Nos apoyamos mucho en Colombia —de allí vienen de camino carpas, suministros para albergues temporales y para dotar a cocinas comunitarias, kits lúdicos, etc.—, Brasil. Y vamos a tener que activar otras. 

—De cara a las próximas semanas y meses, que serán muy difíciles, ¿qué piden a las autoridades y a la comunidad internacional?
—World Vision y todas las organizaciones nacionales e internacionales pedimos al Gobierno que desarrollemos la capacidad de trabajar articuladamente y que cooperemos. Que se entienda que las organizaciones de ayuda humanitaria no tenemos más interés que hacer llegar ayuda a las comunidades vulnerables. 

Respecto a la comunidad internacional, que volteen su mirada a Venezuela como han hecho estos días. Pero que una vez que pasen estas primeras horas no se olviden de que aquí va a quedar una población muy vulnerable, con alta probabilidad de sufrir enfermedades, desnutrición, problemas mentales; y personas que han perdido medios de vida. Pasadas 96 horas que deja de ser noticia, y sin embargo queda mucha gente que requiere ayuda humanitaria. Ese sería el llamado: a no dejar de mirar a Venezuela.