Miguel llegó con 14 años a la Fundación Instituto San José. 70 años después, «es mi familia»
Este veterano residente, con discapacidad intelectual, pudo saludar al Papa León XIV en CEDIA. «Quería decirle que se venga a nuestra casa»
A sus más de 80 años, Miguel Sánchez lleva toda la vida en la Fundación Instituto San José, que preside el cardenal José Cobo y en la que participan el Arzobispado de Madrid y la Orden de los Hermanos de San Juan de Dios. Lleva allí casi siete décadas.
«Vine con 14 años. Me trajo directamente una monjita». Miguel tiene una discapacidad intelectual, y es consciente de que el futuro que le hubiera esperado si no hubiera entrado en esta institución habría sido bien diferente. Antes de que esa religiosa le buscara un lugar donde ser atendido, «tenía que trabajar en el campo. Aquí no; me cuidan», asegura a Alfa y Omega.
Miguel y Pilar, acompañados por el Dir. Pedagógico del área de discapacidad, así como el Hno. Diego y la Hna. Gloria, tuvieron el honor de participar en la #VisitaLeónXIV al centro CEDIA. Un momento inolvidable que guardarán para siempre en su memoria y en su corazón. 💛 pic.twitter.com/v9Rnz6HnUl
— Hospital Fundación Instituto San José (@FISJ_Madrid) June 8, 2026
Por eso, asegura que en este complejo entre cuyas paredes ha crecido, madurado y envejecido «me siento bien. Es como si fueran mis padres, mi familia». De hecho, al preguntarle por las personas que allí son especiales para él no deja de citar nombres de amigos: Silvia, Susana, Conchi, Rosa, Federico…
«Tenía que comprarme una chaqueta»
Con semejante grado de veteranía, no es de extrañar que Miguel fuera una de las dos personas con discapacidad que esta institución eligió para el encuentro del Papa León XIV con la pastoral social de la archidiócesis de Madrid, el sábado 6 de junio en el centro CEDIA 24 Horas. En cuanto se lo dijeron, se dio cuenta de que «tenía pantalón y camisa, pero tenía que comprarme una chaqueta. Quería ir muy elegante».
No contento con eso, «me afeité bien, me corté el pelo, me puse corbata…». El atuendo no era quizá el más cómodo para las temperaturas que hubo esa tarde, pero este residente quería ir como un pincel.

Eso no le impide reconocer que «hacía mucho calor». Pero valió la pena, porque «nos pusieron en una buena fila y se veía bien». Del acto, y de todo lo que se vivió esos días, «me gustó mucho ver a toda España aquí, contenta en la visita. Y ver que hablaban personas de otros lugares, la música, etc.».
«Que se venga a nuestra casa»
Sin embargo, el recuerdo que guardará para toda la vida es haber podido saludar al Papa. «Él me saludó, me dio la mano». A Miguel le hubiera gustado preguntarle «si conocía a san Juan de Dios». También «decirle que se venga a ver nuestra casa», como hizo Benedicto XVI en el año 2011, durante la JMJ de Madrid.
No fue posible. Pero a pesar de todo, y de que tampoco León XIV le pudo decir nada a él, «fue muy, muy emocionante. Nunca había visto a un Papa. Se le va cara de buena persona».
Asegura que «fue uno de mis días más especiales. No todos los días ves al Papa y le puedes tocar». Y todos esos amigos de la Fundación Instituto San José, Silvia, Susana, Conchi, Rosa, Federico…, lejos de tenerle envidia «se alegran mucho por mí».