Mueren 1.668 personas en España por eutanasia en cinco años
Durante el pasado año se realizaron 565 eutanasias, una de cada 750 muertes
La ministra de Sanidad, Mónica García, presentó la semana pasada los datos provisionales de 2025 sobre la prestación de ayuda para morir en España. De acuerdo con la información remitida por las comunidades y ciudades autónomas y publicada por el Gobierno, durante el pasado año se realizaron 565 prestaciones de eutanasia, el 0,13 % de los fallecimientos totales registrados en el país, equivalente a un caso por cada 750 decesos. Desde la entrada en vigor de la ley, hace cinco años, 1.668 personas han ejercido este derecho a la eutanasia en España. El balance provisional refleja también un aumento sostenido de las solicitudes: en total, se han registrado 3.716 solicitudes de ayuda para morir, 1.284 de ellas en 2025.
Perfil clínico de las prestaciones
El balance provisional muestra diferencias entre las patologías que motivan las solicitudes iniciales y aquellas asociadas a las prestaciones finalmente realizadas. Aunque las patologías oncológicas concentran el mayor número de solicitudes iniciales, con el 37 % del total, las enfermedades neurológicas son la causa principal en las prestaciones efectivas, con el 46 %.

Así, entre las 1.284 solicitudes registradas, las patologías neurológicas representan el 31 %, por detrás de las oncológicas. Sin embargo, esta distribución se invierte entre las personas que finalmente reciben la prestación: las enfermedades neurológicas ascienden al 46 %, mientras que las patologías oncológicas se sitúan en torno al 30 % de las 1.668 personas a las que se les practicó la eutanasia.
Por comunidades autónomas, Cataluña registró el año pasado la tasa más alta de solicitudes, con 6,14 por cada 100.000 habitantes, por encima de la media nacional, situada en 2,61. Tras Cataluña, las tasas más elevadas se registraron en Navarra y en el País Vasco, seguidas de La Rioja, Baleares, Cantabria, Asturias y Canarias.
«Me corresponde pronunciar hoy una palabra serena y firme ante quienes tienen la grave responsabilidad de ordenar jurídicamente la convivencia social», dijo el Papa León XIV hace tan solo unos días en su discurso en el Congreso de los Diputados. En esa ocasión, denunció la amenaza de «la cultura del descarte», pues «si la vida deja de ser reconocida como un valor fundamental, ¿qué futuro pueden tener nuestras sociedades? ¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás?» Así, en palabras del Papa, «la defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional: es una meta de civilización. Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia».