Tras ser bendecida por el Papa, «ojalá Sara sea una niña buena, pero sigue durmiendo regular»
León XIV bendijo a la niña más pequeña de Dani y Belén, de dos meses y aún sin bautizara, después de que su madre se zafara entre los peregrinos en el Corpus
Belén, Dani y sus tres niñas «estábamos en medio del Paseo del Prado» con más familias amigas durante la Misa del Papa el pasado 7 de junio cuando «empezamos a escuchar que iba a pasar el papamóvil», nos cuenta esta madre. Entonces llegaron los reflejos, tomó a su hija más pequeña —dormida en brazos de su abuelo— y se coló en tiempo récord entre la muchedumbre, que por suerte se lo puso fácil. «Nos separaban de la valla unos diez metros y llegué en dos segundos, todo el mundo me fue abriendo paso y fue muy emocionante», recuerda.
Cuando habla con nosotros, Belén cuenta con sencillez que «casi no recuerdo cuándo pasó el Papa de lo emocionada que estaba». Pero sí tiene memoria de que asomó a la pequeña Sara por encima de la valla, le dijo «por favor» al Pontífice y, sobre todo, «la delicadeza con la que la cogió el guardaespaldas». Y destaca que, «aunque van andando al lado del papamóvil cogiendo un bebe tras otro, con qué cariño lo hizo y con qué sonrisa me la devolvió». «Para ellos no es un simple trámite», sentencia.

«Tras recibir la bendición del Papa con esa sonrisa que tiene, me eché a llorar enseguida», nos confía Belén. Después, entre risas reconoce que pudo suceder porque la pequeña Sara tiene solo dos meses «y yo estoy en pleno posparto» y con las hormonas revolucionadas. Pero debió resultar también emocionante para los peregrinos alrededor porque «comenzaron a darme enhorabuena, me pidieron el número de teléfono y me enviaron un montón de fotos y vídeos del momento».
Unos peregrinos con paciencia
Habla el padre, Dani, quien acompaña a su esposa a todas partes pero aquel domingo se le escabulló en unos rapidísimos segundos. «Volvió con cara de susto y llorando y yo me dije: “¡Se le ha caído la niña!”. Pero no, «resulta que la había bendecido el Papa». Belén amplía: «Mi familia y mis amigos, que estaban ahí, no se habían enterado y se lo conté a todo el mundo».
Dani también recuerda el ambiente especialmente familiar de la Misa en Cibeles y difícil de encontrar en otros sitios, pues «estábamos todos hacinados y los niños se metían en el espacio personal de la gente» sin que esto desatara las quejas de nadie. Su mujer pone un ejemplo: «Yo llevaba un taburete sin respaldo y, en cuanto me vieron dando el pecho, me dejaron una silla». En su opinión esto sucede porque «nadie se planteaba estar bien uno mismo sino que lo estuviéramos los de alrededor». Y detalla que «fue muy bonito que, al acabar la Misa, una señora se nos acercó para darnos las gracias para darnos las gracias por ir con todos los niños».

Coordinar a todos ha sido complicado, y eso que se quedaron en la casa en el centro de unos familiares que se marcharon al pueblo para dejársela vacía. Dani explica que, mientras tantos peregrinos hacían oración en el Corpus Christi, él estaba «bajando a la tierra y muy centrado en evitar una catástrofe infantil» porque, aunque los niños son buenos, «en los últimos momentos de la procesión ya estaban jugando y chillando». «Es difícil concentrarse porque estás intentando no molestar mientras la gente está recogida, así que, si me preguntas de qué hablo el Papa, no sé nada», reconoce. Pero también son necesarios padres que cumplan en profundidad con ese rol.
«Notamos la cercanía de Dios»
Belén nos cuenta que, con solo dos meses, Sara «ni siquiera está bautizada todavía» —pronto lo estará—, y define como «un regalo que el Papa la haya podido bendecir porque es el vicario de Cristo en la Tierra». Su marido, muy amigo del recientemente ordenado sacerdote José María Ausín, apunta que esta bendición «vale igual que si la hubiera hecho él», pero para ellos significa algo especial porque «notamos la cercanía de Dios».
¿De qué servirá? Belén espera que Sara «ojalá sea una niña buena, pero por ahora sigue durmiendo regular» y llorando por las noches. Por suerte tiene tiempo para mejorar. Para sus hermanas mayores, Elisa y María, estos días también han sido especiales. La primera tiene tres años y ya fue con tan solo once meses acompañando a Belén a la JMJ de Lisboa en 2023. «Esta es la última vez que vi al Papa Francisco y era todavía joven porque no tenía 30 años», nos cuenta. Sigue siéndolo. Mientras hablamos con la familia por teléfono, Elisa «está aquí contentísima pintando dibujos del Papa León». El sucesor de Pedro es una persona muy querida en esta casa porque, si Dani y Belén son marido y mujer hoy, es porque antes comenzaron a salir como novios en la JMJ de Cracovia.