El Santo Padre clama contra los «muros que dividen» y llama a derribarlos de la mano de la Virgen - Alfa y Omega

El Santo Padre clama contra los «muros que dividen» y llama a derribarlos de la mano de la Virgen

«Para reemprender la ruta», ha subrayado el Papa en la Almudena, «hay que estar dispuestos a destruir los muros» porque «son necesarios espacios que nos permitan vislumbrar el horizonte»

José Calderero de Aldecoa
El Papa entrando en la catedral de la Almudena. Foto: José Calderero de Aldecoa.

Antes de colocar a los pies de la Almudena la rosa de oro, el Papa ha saludado brevemente a los fieles que se encontraban en la catedral madrileña. En sus palabras, ha rememorado la tradición en tono a la talla, que habla de una Virgen escondida en los muros de la ciudad por miedo a que fuera destruida por los musulmanes. Allí «permaneció oculta durante mucho tiempo, hasta que, tras el derrumbe milagroso de una parte de los muros, fue hallada intacta», ha resumido León XIV.

Para el Pontífice, esta milenaria devoción mariana «es un signo de las raíces cristianas que os caracterizan y os dan vida, pero también de la gran esperanza que continúa animándoos para seguir adelante». En este sentido, ha subrayado el hecho de que «fue gracias a una muralla demolida que se produjo el reencuentro de la madre con su pueblo».

Este hecho, lejos de ser una anécdota, «es providencial», ha advertido el Santo Padre, «porque señala el camino que Jesús, a través de su madre santísima, nos invita a recorrer». En un primer momento, «una muralla que cae provoca ruido, caos, desorden», pero también «abre espacios, restaura posibilidades e impulsa restablecimientos».

Derribar los muros

Durante su discurso, el Papa también ha advertido de que «en nuestras sociedades actuales siguen existiendo aún muchas murallas que no protegen, sino que dividen, alejan y aíslan». León XIV ha llamado a derribarlas, lo cual «supone tener que enfrentar lo que no nos gusta» y a veces «preferimos la comodidad de solo apuntalarlas y, más frecuentemente, de ignorarlas».

Sin embargo, Nuestra Señora de la Almudena, con su presencia y la seguridad de su protección, nos dice otra cosa, ha subrayado el Pontífice. A saber, que «para edificar algo nuevo, hermoso y duradero hay que estar dispuestos a destruir los muros, porque para reemprender la ruta son necesarios espacios que nos permitan vislumbrar el horizonte».

Por último, el sucesor de Pedro ha exhortado a los fieles y a la Iglesia de Madrid «a no desfallecer en vuestro testimonio de fe para contemplar el designio de amor del Padre; de caridad, para uniros como una única familia de hermanos y hermanas; y de esperanza, para sosteneros en vuestra acción en el mundo». Y por intercesión de Santa María la Real de la Almudena, el Pontífice ha expresado su deseo de que «podáis ser constructores de vínculos que restauren el lenguaje universal de la comunión, el amor fraterno y la concordia».