Y el silencio de León XIV fue tan poderoso como sus palabras

Y el silencio de León XIV fue tan poderoso como sus palabras

La adoración al Santísimo puso el brocha final a una larga tarde en la que cantantes de éxito, el rezo del rosario y el testimonio prepararon el terreno a la vigilia con el Papa

María Martínez López
Foto: EFE / J. J. Guillén

Todavía siguen llegando jóvenes al paseo de la Castellana cuando sobre la gran pantalla del escenario que se alza en la plaza de Lima, se proyectan imágenes que recorren la historia de España: sus santos, sus grandes catedrales; pero también la vida ordinaria y el servicio. Todo ello, para responder al debate sobre el redescubrimiento de la fe con un rotundo «no es moda, es verdad».

Ese mismo afán por vincular a los jóvenes y su anhelo de Dios con una tradición se hace presente en la selección musical, que no se avergüenza en recurrir a versiones actualizadas de canciones de toda la vida como Nadie te ama como yo, Más allá, Dios está aquí, Alabaré o Mi dios está vivo.

Presentan la parte de la vigilia previa a la llegada de León XIV la rapera Aisha Ruah (ganadora de la Mejor Canción de los últimos Catholic Music Awards) y Guillem Climent, presentador de Megastar. Pocos días antes, fuentes de la organización compartían con Alfa y Omega que se había pensado en ellos y no en rostros más conocidos por su «fidelidad» al participar con generosidad en iniciativas de la pastoral juvenil de la diócesis como Madrid Live Meeting o el WOW Fest.

Tras los bailes, el rosario

Las canciones de Lola Tuduri, Ignacio Serrano, Depol o Antonio José van caldeando el ambiente y son el telón de fondo mientras los últimos grupos de rezagados corren hacia sus zonas. Un grupo de Jóvenes Navarra, con camisetas turquesa, bailan entusiasmados en círculo escuchando a Inazio y Hey Kid, que actúan juntos. Pero son Malmö y Besmaya, Beret y Mr. Rain y, sobre todo, Siloé, los que llevan a más público a cantar a todo pulmón.

«Ahora que esta música ha tocado nuestro corazón, vamos a ponerlo todo en manos de Dios con el rosario», subraya Climent. Y Ruah confiesa que «no rezo el rosario todo lo que querría», pero que descubrir a la Virgen ha sido importante en su vida. Un grupo de jóvenes, un sacerdote y una religiosa hacen una ofrenda de flores mientras suena una versión actualizada del himno de la Almudena preparada por Jóvenes Madrid.

Con la patrona de Madrid ya sobre el escenario, da comienzo el rezo del rosario. En la zona de Nuevos Ministerio, se hace el silencio para el rezo del rosario. Cuando algún muchacho más joven y ajeno a lo que pasa hace una pregunta o pide algo, rápidamente se le anima a guardar silencio.

Mientras en la parte posterior del escenario se van iluminando cuadros relacionados con los misterios luminosos que se están rezando, las meditaciones elaboradas por un grupo de personas vinculadas a la Delegación de Jóvenes preceden a los avemarías y se intercalan con testimonios relacionados con estos temas y con canciones de Hakuna y Tuyo.

Misterios hechos vida

En su Bautismo en el Jordán, «Jesús se pone en la misma fila de los que buscan empezar de nuevo» y escucha «Tú eres mi Hijo amado». Padrenuestro… «Pidamos a María poder escuchar también tú esa voz que cambia la vida: Dios te ama, personalmente, profundamente, incondicionalmente». Dios te salve, María…

Conocer ese amor ha sido la experiencia de Claudia, que se bautizó hace poco. Nacida en una familia donde nunca se vivió la fe por el duelo por la muerte de un pariente, «aun así siempre sentí que había algo. Nadie me había enseñado nada, pero lo sentía». La muerte de otra persona cercana hizo a su madre y a ella replantearse muchas cosas.

También conoció a su hoy marido, Roberto. «Ver cómo vivía la fe y entendía la vida» contribuyó mucho en su búsqueda. Decidió bautizarse, y lo hizo después de dos años «fundamentales» de preparación, en los que aprendió, preguntó y dudó mucho. Hoy, «sigo siendo yo». De hecho, «soy más yo que nunca».

Siguen las reflexiones. Como en las bodas de Caná, María «conoce tu corazón y le presenta a Jesús lo que te falta, aquello que necesitas para recuperar la alegría». Dios te salve, María. El tercer misterio es el anuncio del Reino de Dios. «Necesitamos escuchar que nuestra vida puede ser distinta», y «pedimos a María poder comunicar con nuestra vida la Buena Noticia». Dios te salve…

Quién mejor para hablar de ese anuncio que Javier, un misionero digital de 33 años que trabaja en comunicación y colabora con la Delegación de Jóvenes. Cuenta cómo «poco a poco me fui dando cuenta de que no era una herramienta más de comunicación sino de que lo que llegaba a la persona que estaba al otro lado era la verdad. Y qué verdad más grande que lo amado que me sentía por Dios».

Eso le hizo darse cuenta de que era importante no predicar «palabras vacías», sino ponerse delante del sagrario y vivir la fe de forma que «me exigiese que cada palabra fuese verdad. Y eso no es fácil». Reflexiona sobre la necesidad de ver el Reino de Dios en un niño en un país de misión, el compañero de trabajo o las comidas familiares. «No estoy en este mundo para contar lo bien que me lo paso en un plan». Y concluye asegurando que «he comprendido que la gloria no son los seguidores o los likes, sino amar a pesar de mí».

Un joven sacerdote

Con la Transfiguración, se recuerda que «la vida de Jesús es luz que nos ayuda a reconocer nuestra propia verdad» al tiempo que «despierta en nosotros deseos de hacer el bien». Dios te salve… Y todo culmina con la institución de la Eucaristía. Al acercarnos a ella «somos invitados a hacer la experiencia del amor que se da hasta el extremo», a aprender el cuidado y la comunión y a cuidar, de la mano de la Virgen, la vida que recibimos. Dios te salve, María…

El último testimonio es de Antonio, sacerdote de 34 años ordenado hace un año. «Nunca he sabido muy bien qué contestar» cuando se preguntaba por qué ir a Misa, confiesa. Dejó de hacerlo cuando unos amigos murieron en un accidente de coche a los 19 años y se enfadó con Dios.

«La amistad con Jesús cayó en picado. La vida se empezó a hacer dura», continúa. «Sin Eucaristía, sin Jesús, sin su presencia en mi vida, sin su gracia, sin Él no soy nada. Pero la misericordia de Dios es grande y Él nunca me abandonó».

No solo reapareció en su vida sino que le llamó a ser sacerdote. Ahora celebra cada día «el don que tanto había despreciado». «Ese que está en la Eucaristía es una persona que vive, no es un simple rito, ahí está Dios», ha subrayado, aunque admitiendo que no siempre lo ha celebrado así, tampoco de sacerdote. Pero ha empezado a rezar ante la Eucaristía cada mañana, y eso lo hace más fácil. En ella, Jesús «se queda conmigo cada día y me llama a llevarlo a todos».

Foto: Luismagan
Foto: Luismagan

¡Llega el papamóvil!

Nada más terminar el rosario, se anuncia con emoción que el Papa ya ha comenzado su recorrido con el papamóvil. Suenan los primeros acordes del himno de la visita, Alza la mirada. Pero surge la sorpresa: no es la versión que se ha oído hasta este momento, sino una ad hoc, con un tono mucho más épico y más larga, pensada para acompañar todo el recorrido de León XIV por los 1.300 metros, abarrotados de jóvenes, que separan la plaza de San Juan de la Cruz (zona del último sector) de la plaza de Lima.

Tras el paso del Santo Padre, risas, gritos, palmas y bastantes lágrimas. Ajenos a ello, alrededor de la periodista, tres sacerdotes (uno de ellos agustino) están sumidos en conversación con alguno de los jóvenes a los que han acompañado a esta cita.

Con la llegada de León XIV al escenario, comienza la última parte, la más esperada, de la vigilia. Tras el saludo del cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, se ofrece al Papa la última actuación: un mix de varios números del musical Godspell, dirigido por Antonio Banderas.

Un faro en la Castellana

Le sigue el jugoso diálogo entre seis jóvenes madrileños y el Papa León XIV. Luego, el Pontífice se retira para revestirse para la adoración al Santísimo. La casi eterna tarde de junio finalmente va declinando. Y, al mismo tiempo que el sol se pone y el cielo se tiñe de añil y va oscureciendo, el escenario ilumina como un faro, como era intención de sus diseñadoras. La cruz se ilumina sobre la plaza, y al altar llega el «Sol que nace de lo alto» con la exposición del Santísimo.

Foto: LuisMagan
Foto: LuisMagan

El relato evangélico de la multiplicación de los panes se intercala con ratos de silencio y canciones. El Pontífice, que tan elocuente ha estado minutos antes con los jóvenes, impacta seguramente más por su silencio. Tras unas peticiones por diversas intenciones, especialmente por la paz, desciende la bendición sobre la enorme zona que llenan los peregrinos.

León XIV se retira, en silencio, entre algunos aplausos y aclamaciones. Algunos peregrinos intentan inmediatamente regresar a sus lugares de descanso, y casi se pierden la traca final. Literalmente, pues mientras un «Gracias, Papa León» ilumina la pantalla, se eleva sobre la plaza de Lima un castillo de fuegos artificiales, para delicia de los jóvenes.