Iglesia y Bienal: ver con los oídos para escuchar más allá del ruido - Alfa y Omega

Iglesia y Bienal: ver con los oídos para escuchar más allá del ruido

La Santa Sede vuelve a una de las citas culturales más importantes con una propuesta inspirada en santa Hildegarda

Ángeles Conde Mir
El Jardín Místico ofrece a los visitantes de la Bienal un espacio donde reposar.
El Jardín Místico ofrece a los visitantes de la Bienal un espacio donde reposar. Foto: David Levene.

No todos los días se puede acceder al huerto privado de un convento de carmelitas descalzos donde, desde 1650, generaciones de frailes han cultivado sus alimentos y han descansado en contemplación. Pero desde hace unos años, los carmelitas venecianos lo han puesto a disposición del gran público. Lo han llamado Il Giardino Mistico, El Jardín Místico, y está dividido en siete espacios, con siete tipos de plantas, como las siete moradas de El castillo interior de santa Teresa de Ávila. «Cada parte del jardín nos habla simbólicamente de las dimensiones distintas que alberga el corazón», explica a Alfa y Omega Ermanno Barucco, carmelita de esta comunidad. 

Desde hace unos días, el fraile es además el anfitrión de cuantos deseen asomarse a la propuesta que la Santa Sede ha presentado en la Bienal de Arte de Venecia. Se titula El oído es el ojo del alma y consiste en un recorrido sonoro en el que han participado 20 artistas. Han alumbrado una obra musical colectiva inspirada en la figura de santa Hildegarda de Bingen, la benedictina y erudita que, entre otras muchísimas cosas, compuso el Ordo virtutum, la alegoría musical litúrgica sobre los trabajos del alma para alcanzar las virtudes. «Teología, música, medicina, ecología no eran disciplinas separadas para Hildegarda, sino una forma continua de percibir la creación. Y en el centro de todo, estaba la oración», comentaba Ben Vickers, uno de los comisarios del pabellón en la presentación a los medios. 

En esta experiencia se entiende que «el silencio y la música no se contraponen».
En esta experiencia se entiende que «el silencio y la música no se contraponen». Foto: David Levene.

Los miembros de Soundwalk Collective, una plataforma artística de música experimental, visitaron durante meses Il Giardino para encontrar la clave con la que crear sonidos en el siglo XXI iluminados por una monja del siglo XII. Y la encontraron en la propia vida del jardín, en sus moradores y en la abadesa alemana. Con artistas de la talla de Brian Eno, Jim Jarmusch o Suzanne Ciani, pionera de la electrónica, Soundwalk ha conseguido crear «un océano de sonido», como explicaba en el Vaticano el otro comisario, Hans Ulrich Obrist. En esas aguas, «los visitantes se sumergen en el silencio y, al mismo tiempo, en la música. Entienden que el silencio y la música no se contraponen, sino que la música puede ayudar a hacer silencio, puede liberar el corazón y el alma de los ruidos», asegura Barucco pocos días después de que el gran público haya comenzado a ver con los ojos del alma. También habla de un efecto sanador de la experiencia de escucha: «La palabra “curación” aparece en la conversación con los visitantes. Hablan de la necesidad de ralentizar el ritmo de la vida, de una auténtica» sanación.

El Jardín mismo es como un director de orquesta gracias a un sistema que recopila lo que sucede en él: luminosidad, viento, vibraciones. De este modo, los datos se incorporan a la composición musical cambiándola en base a la propia vida del espacio. Así, El Jardín y el sonido remiten a Hildegarda, también botánica y mística. «Su figura está presente a través de la música inspirada en ella y en este verde, que amaba tanto. Ambas cosas van juntas cuando se percibe que la creación habla. Hay una voz, hay una música en la creación que no es la que oímos, sino la que sentimos a través de nuestra experiencia espiritual», concluye.

La segunda sede, el complejo de Santa María Auxiliadora, acoge el último proyecto de Alexander Kluge. El artista fue discípulo de Adorno, trabajó con Fritz Lang y ganó numerosos premios cinematográficos. Inspirado en la obra de Hildegarda, fue este alemán quien acuñó la expresión que estructura el pabellón de la Santa Sede: «El oído es el ojo del alma». Allí también se puede disfrutar de la experiencia sonora de la liturgia de las monjas de la abadía de Eibingen, fundada por Hildegarda en 1165.

Una oración de Patti Smith

La «madrina del punk» fue la encargada de inaugurar el pabellón de la Santa Sede en la iglesia de Santa María de Nazaret de los carmelitas descalzos, en cuyo complejo se encuentra El Jardín Místico. Patti Smith interpretó Sonic prayer, su aportación al proyecto de Soundwalk Collective. El padre Barucco cuenta que al hablar con la artista y destacar lo internacionalmente conocida que es, Smith le respondió: «Los árboles del olivar nos miran a todos de la misma forma». «Yo le conté que eran 13, como Jesús y los apóstoles y respondió que eso era muy hermoso». Para los comisarios, la obra de Smith encarna la definición de música de Hildegarda como «vínculo entre el alma y el mundo».