La iglesia que fue sede del Partido Comunista durante la Guerra Civil
La parroquia de San Manuel y San Benito es el único templo de estilo neobizantino que hay en España. De aquí salieron hacia la muerte cinco mártires agustinos. Hoy es foco de atracción para los turistas de la capital
«¿Qué iglesia es esa?», se preguntan propios y extraños al dirigir la mirada a uno de los edificios más llamativos que se asoman al parque del Retiro, pulmón de Madrid. Los más versados en las cosas de la religión quizá aventuren que se trata de un templo ortodoxo oriental, dada la particularidad de su cúpula. Y no andan desencaminados.
La parroquia de San Manuel y San Benito es el único templo de estilo neobizantino que hay en España; de ahí su aire tan atípico. Su autor es el arquitecto Fernando de Arbós, que tiene en el Panteón de España una torre en este mismo estilo. La obra fue un encargo del matrimonio catalán de origen italiano Manuel Caviggioli y Benita Maurici, que idearon la iglesia con el objetivo de encomendársela a los agustinos de la provincia de Filipinas.
Consagrada el 31 de diciembre de 1910, la iglesia se inauguró al día siguiente con el nombre de los santos de ambos esposos. El edificio no surgió solo como un lugar de culto, sino que además tenía anexa una escuela de formación profesional gratuita para hijos de obreros pobres. Esa función la llevó a cabo hasta la Guerra Civil, cuando el complejo se convirtió en sede del Partido Comunista, con la sacristía haciendo las veces de dispensario de emergencia. Por aquí venía con frecuencia la mismísima Dolores Ibárruri, la Pasionaria, histórica dirigente del partido de izquierdas. En lo que respecta a la comunidad de los agustinos, cinco de los religiosos fueron fusilados por su fe y algunos ya están beatificados.
Una iglesia muy vistosa
Tras la guerra, los agustinos que quedaban volvieron a su casa, haciendo de este lugar su curia provincial. Con alivio comprobaron que el templo no fue destruido por completo, como pasó con otros en la capital. Hoy siguen a la vista sus mosaicos, que representan a 22 santos relacionados con la Orden de San Agustín o con la figura del santo de Hipona, como san Ambrosio, el obispo que le bautizó. Los colores de estas figuras y el oro que las rodea dan a esta asamblea un aire celestial en torno al imponente Cristo Salvador del Mundo de la cúpula, rodeado de los doce apóstoles. Más abajo, tras el altar, otra figura del Señor como Maestro realizada en mármol de Carrara acaba de atrapar la mirada de quien entra a conocer la iglesia.
«Por aquí vienen muchos turistas, porque estamos en un lugar de paso, cerca de la Puerta de Alcalá y junto a uno de los parques más visitados», señala el agustino Modesto García, párroco del templo. «La iglesia está abierta buena parte del día y son muchos los que entran; unos a rezar y otros a conocerla, o a ambas cosas, porque es muy vistosa», añade.

Situada en pleno barrio de Salamanca, los fieles que la frecuentan habitualmente «tienen ya cierta edad», dice García, aunque «a veces se ven matrimonios jóvenes y niños pequeños, que a lo mejor no viven por aquí cerca pero sí que vienen los domingos». La catequesis de iniciación a la vida cristiana funciona con normalidad, como en tantas parroquias de Madrid, pero no acuden muchos chicos debido al perfil sociológico de la zona.
Además de las tres Misas diarias y las seis dominicales, por los locales de San Manuel y San Benito transitan varios grupos de profundización en la fe. Hay uno llamado Reflexión y Vida, otro de matrimonios y otro más de lectio divina. También se reúnen periódicamente varias personas para practicar la oración contemplativa en un estilo carmelitano y agustiniano, «para orar con la mente, con el espíritu y con el cuerpo», cuenta el párroco. Junto a estas posibilidades de formación, existe un grupo de discernimiento en el Espíritu y otro de estudio del Evangelio de san Lucas, que conviven junto al más veterano, el de la Fraternidad Seglar Agustiniana. Como curiosidad, la parroquia organiza un cinefórum una vez al mes para ver y comentar una película de interés, con la posibilidad de continuar la conversación después y unir lazos.
Este deseo de fraternidad se percibe también en la labor de Cáritas, pues, aunque la parroquia se encuentre en un barrio favorecido, «atendemos a todo el que lo necesita», cuenta el párroco. Además, «en lo posible destinamos nuestra ayuda a comedores y otras labores asistenciales de otras partes de Madrid».