El legado en construcción del Papa Francisco
Manuel María Bru, delegado de catequesis de la archidiócesis de Madrid, presentó en la sede de Alfa y Omega un libro que invita a comprender en 15 claves el legado del Papa Francisco
Apenas un año después de su fallecimiento en un lunes de Pascua, al echar la vista atrás, queda muy claro un rasgo del pontificado del Papa Francisco. «No se dan ni rupturas ni cambios bruscos en el servicio de llevar el timón de la barca de la Iglesia, sino que se da siempre continuidad en la novedad y novedad en la continuidad». Es el resumen que hizo el pasado miércoles el sacerdote y periodista Manuel María Bru Alonso al dar a conocer su último libro, El legado del Papa Francisco, recién publicado en Ciudad Nueva, en un acto que se convirtió en espacio de discernimiento compartido sobre el alcance de su magisterio.
Según el también delegado de Catequesis de la archidiócesis de Madrid, el de Francisco «es el legado de un Papa llano, natural, que, como sus precedentes inmediatos renuncio clara, expresa y rotundamente no sólo a los honores y prebendas del pontificado en otras épocas, sino a todo signo de boato y distinción».
Fue un hecho distintivo desde el primerísimo momento pues, como recordó Bru, «ya en la Misa de inicio de su ministerio pontificio no quiso ponerse la casulla engalanada que tenía preparada, sino la suya de lana sin dibujo, en un llamativo contraste con la que llevaban todos los obispos concelebrantes». Un gesto —de algún modo y en el mejor de los sentidos— «radical e intransigente» que no todo el mundo comprendió, pero que indudablemente ha quedado como una de sus herencias.
Junto a esta sencillez, el Papa Francisco dejó otros dos tesoros más para los cristianos —y no cristianos— que le sobrevivieran. Por un lado, una llamada una «Iglesia en salida», un encargo que daba constantemente y que entendieron incluso las personas sin convicciones religiosas. Y por otro lado —quizá por eso les llegó precisamente el mensaje—, una invitación «a la fraternidad universal, donde entran todo los pueblos».
¿Pero por qué no hablamos de ruptura? Manuel María Bru lo destacó de manera muy sencilla. Porque el de Francisco, «en definitiva, es el legado de un Papa conciliar». Siguió el rumbo de Juan XXIII, que convocó el Concilio Vaticano II, de Pablo VI, que lo concluyó, y de Juan Pablo II y Benedicto XVI, que «fueron entusiastas convencidos y comprometidos con la gran reforma conciliar».
Por tanto, «hablar de legado puede parecer prematuro, pero es necesario para empezar a comprender lo que el Espíritu está suscitando en la Iglesia a través del Papa Francisco», aseguró el autor. Lejos de una lectura superficial, Bru propuso «ordenar y ofrecer claves para interpretar un pontificado que a veces se percibe de forma fragmentaria».
La misericordia como centro
Uno de los ejes más repetidos durante el acto fue la centralidad de la misericordia. Bru insistió en que no se trata de un acento pasajero: «El Papa Francisco no puso la misericordia en el centro por estrategia pastoral, sino porque está en el corazón mismo del Evangelio».
En este sentido, explicó que «muchas de las incomprensiones que suscitó su pontificado nacieron de no haber entendido este punto de partida». Y añadió: «Cuando se comprende que la misericordia es la forma concreta del amor de Dios, todo lo demás empieza a encontrar su lugar».
Una Iglesia que sale de sí misma
El concepto de Iglesia en salida ocupó también un lugar destacado. Para el también delegado de catequesis de la archidiócesis de Madrid, no se trata de un lema, sino que es «una llamada a abandonar la autorreferencialidad y a volver a la misión, que siempre implica riesgo y entrega».
«El Papa ha pedido una Iglesia menos preocupada por conservar y más dispuesta a anunciar», señaló, subrayando que este dinamismo «no es opcional, sino constitutivo de la identidad cristiana».
Vicente Martín: «Una llamada a la conversión real»
Por su parte, el obispo auxiliar de Madrid Vicente Martín, presente en la presentación, ofreció una lectura centrada en la dimensión concreta de esta llamada. «El Papa Francisco nos pidió algo muy serio», afirmó. «No es solo un cambio de lenguaje o de estructuras, sino una conversión real de las personas y de las comunidades».
El prelado destacó especialmente la atención a los más vulnerables como criterio evangélico: «Cuando el Papa pone a los pobres en el centro, no está introduciendo una novedad sociológica, sino recordándonos dónde está Cristo».
Además, advirtió contra el riesgo de trivializar su figura: «A veces se subrayaba su cercanía, que es indudable, pero se olvida que su mensaje ha sido profundamente exigente». En su opinión, «Francisco incomodó precisamente porque nos devolvía al núcleo del Evangelio».

Más allá de los eslóganes
Uno de los aspectos más subrayados durante la presentación fue la necesidad de evitar lecturas simplistas. «El pontificado del Papa Francisco no se puede reducir a frases sueltas o titulares», advirtió Bru.
«Hay una profunda coherencia interna que solo se percibe cuando se estudia con detenimiento», añadió, explicando que el libro nace precisamente con ese propósito: «Ayudar a una comprensión más completa, más eclesial y menos polarizada».
La sinodalidad apareció también como una de los grandes claves del pontificado. Durante el acto se recordó que «no es simplemente una cuestión organizativa, sino una forma de ser Iglesia». En palabras del autor, «la sinodalidad implica escucha, participación y discernimiento, y supone redescubrir que todos los bautizados estamos llamados a caminar juntos».
Un legado en construcción
Lejos de conclusiones cerradas, el acto dejó una convicción compartida: el legado del Papa Francisco sigue abierto. «No estamos ante una etapa concluida», recordó Bru, «sino ante un proceso vivo que marcará el futuro de la Iglesia».
En este sentido, la presentación se convirtió en una invitación a acoger este tiempo con profundidad espiritual. Como se subrayó al final, «comprender el pontificado de Francisco no es solo una tarea intelectual, sino también una llamada a la conversión personal y comunitaria».
En el acto también intervinieron Cristina Sánchez, directora de Alfa y Omega, y Ana Hidalgo, de la editorial Ciudad Nueva, que ha publicado la obra, quienes aportaron una mirada especialmente significativa. Sánchez subrayó el valor del libro como herramienta de comprensión del momento actual de la Iglesia: «Ayuda a situarse ante el pontificado del Papa Francisco sin prejuicios, con profundidad y con mirada eclesial», y destacó que «no es un libro de actualidad pasajera, sino una clave para leer lo que está ocurriendo en la Iglesia».
Por su parte, Hidalgo puso el acento en la oportunidad de la publicación: «Este libro responde a muchas preguntas que hoy se están haciendo los cristianos», y señaló que «permite descubrir la coherencia del magisterio del Papa, más allá de lecturas parciales o interesadas». Asimismo, destacó que «es una invitación a entrar en el corazón del mensaje de Francisco y a acogerlo desde la fe».