Mientras el europánico cunde en las Bolsas europeas, tras el resultado de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Francia, con el aviso-amenaza del posible triunfo del socialista Hollande, desde España a Holanda y desde Grecia a Italia y Portugal, arrecia la epidemia del miedo ante un futuro cada día más incierto. Mientras, con una cara de cemento armado, los dirigentes socialistas españoles tocan a rebato invitando a la gente a que se eche a la calle para protestar contra las medidas con las que el Gobierno intenta remediar lo que los socialistas causaron, la gente normal y corriente, la de la calle, se alarma y con razón, como demuestra Ricardo en la viñeta que ilustra este comentario. Efectivamente, dice el Presidente del Gobierno que no hay dinero, que la caja está vacía, pero la gente —que de tonta no tiene un pelo— se pregunta cómo, si no hay dinero, se aumenta la subvención a las Autonomías, cómo sí hay dinero para cada vez más asesores, cómo también lo hay para los ex Presidentes del Gobierno, para los consejeros vitalicios de Estado, para los ex diputados —que ya me contarán ustedes por qué tienen que cobrar— y para tantas otras inconfesables cosas. KAP ha pintado, en La Vanguardia, a Rajoy en plan barman ante la cafetera nacional comentando: «Se acabó el café para todos…; ahora lo que se lleva es el cortado». Y Montoro, detrás, en plan camarero, precisa: «¡Recortado!».
Pues sí, todo lo cortado y recortado que quieran, pero resulta que las Autonomías siguen gastando 370 millones de euros al año en embajadas y ayuda exterior; resulta que los ex ministros de Zapatero se lamentan de que no cobran la indemnización, cuando lo que deberían hacer es indemnizarnos a todos de por vida; resulta que el señor Griñán dilapida 170 millones de euros en microordenadores y regala un millón de euros, de esos que no hay, a la Fundación de la mujer de Rubalcaba; resulta que los traductores siguen cobrando en el Senado; resulta que los sindicatos, la CEOE, y los partidos políticos, siguen recibiendo subvenciones no se sabe con qué derecho ni con qué motivo. O sea, que no hay dinero, pero parece ser que sí que lo hay para lo que no debería haberlo. La gente de la calle ha dado pruebas más que suficientes de sensatez, de comprensión, y de estar dispuesta a apretarse el cinturón, pagando la factura y cumpliendo la penitencia por haber vivido durante años, a sabiendas, irresponsablemente, por encima de sus posibilidades; pero, con toda razón, no está dispuesta a apretárselo más mientras no se lo aprieten antes todos esos que acabo de citar y muchos más. Resulta que los 17 Parlamentos y las 13 televisiones autonómicas nos cuestan 1.600 millones de euros al año, y ya me contarán ustedes para qué nos sirven, como no sea para facilitarnos la droga del fútbol, un día sí y otro también.
César Alonso de los Ríos acaba de preguntar, desde su columna de ABC, bajo el título La locura autonómica: «¿Las perversiones económicas producidas por los Gobiernos autonómicos, descubiertas gracias a la gran recesión y en proceso de corrección por exigencias de la Unión Europea, son la consecuencia inevitable del sistema, o de un uso incorrecto de éste?». Casi todo lo que ocurre en torno a las llamadas Autonomías es de aurora boreal, empezando por lo de llamar a Vascongadas y Cataluña Autonomías históricas. ¿Qué pasa, que Castilla y Aragón no son históricas? Cataluña no era otra cosa que un condado de Aragón, y Vascongadas era un señorío de Castilla. De manera que, aparte de a sí mismos, ¿a quién pretenden engañar? El escritor y filósofo Fernando Savater ha escrito hace poco: «En España se ha fomentado la estupidez disgregadora y ahora lo estamos pagando». Serán cosas de la LOE y de la LOGSE. El nuevo señor ministro de Educación acaba de ufanarse: «Podía haber derogado la LOE nada más tomar posesión del cargo, pero no lo hice». Pues tal vez debería haberlo hecho, porque cuanto antes se atajen los males, de raíz, tanto mejor.
Oigan ustedes, y a todo esto, ¿alguno de ustedes me puede informar qué pasó con los ERE de Andalucía, con las mamandurrias de los hijos del señor Chaves, con el caso Pepiño, con el caso Faisán, con lo del 11M, con los áticos de Bono…? Pero qué creen ¿que a la gente se nos olvidan las cosas? Que no hombre, que no es verdad…