Alabanza - Alfa y Omega

Alabanza

Papa Benedicto XVI

Nuestra oración, con mucha frecuencia, es petición de ayuda en las necesidades. Necesitamos ayuda, tenemos necesidad de los demás, tenemos necesidad de Dios. La oración que el Señor nos enseñó, el padrenuestro, es una oración de petición, y con esta oración el Señor nos enseña las prioridades de nuestra oración, limpia y purifica nuestros deseos, y así limpia y purifica nuestro corazón. Ahora bien, aunque de por sí es normal que en la oración pidamos algo, no debería ser exclusivamente así. También hay motivo para agradecer y, si estamos un poco atentos, vemos que de Dios recibimos muchas cosas buenas: es tan bueno con nosotros, que conviene, es necesario darle gracias. Y debe ser también oración de alabanza: si nuestro corazón está abierto, a pesar de todos los problemas, también vemos la bondad que se manifiesta en su creación. Por lo tanto, no sólo debemos pedir, sino también alabar y dar gracias: sólo de este modo nuestra oración es completa.

El primer capítulo de la Carta a los Efesios comienza precisamente con un himno de bendición, una expresión de acción de gracias, de alegría. La visión que nos presenta san Pablo en esta gran oración de bendición nos ha llevado a contemplar la acción de las tres Personas de la Santísima Trinidad: el Padre, que nos eligió antes de la creación del mundo, nos pensó y creó; el Hijo, que nos redimió mediante su sangre; y el Espíritu Santo, prenda de nuestra redención y de la gloria futura.

Es importante estar atentos precisamente ahora, también en el tiempo de vacaciones, a la belleza de la creación y a ver reflejarse en esa belleza el rostro de Dios.

(20-VI-2012)