El valor de la vida - Alfa y Omega

El valor de la vida

Del mensaje al Atrio de los Gentiles de Guimaraes y Braga (Portugal):

Papa Benedicto XVI
Benedicto XVI

La conciencia de la sacralidad de la vida pertenece a la herencia moral de la Humanidad. No somos un producto casual de la evolución, sino que cada uno de nosotros es fruto de un pensamiento de Dios. Sí; Dios ama a cada persona que, por eso, es incondicionalmente digna de vivir. La sangre de Cristo, mientras revela la grandeza del amor de Dios Padre, manifiesta qué precioso es el hombre a los ojos de Dios y qué inestimable es el valor de su vida (Evangelium vitae).

Pero en la época moderna el hombre ha querido sustraerse a la mirada redentora del Padre. Es un poco lo que sucede en los edificios de cemento armado sin ventanas, donde es el hombre quien provee la aireación y la luz. Pero, no obstante, en un mundo construido así, se buscan los recursos de Dios, que transformamos en productos nuestros. Hay que abrir nuevamente las ventanas, mirar la vastedad del mundo, el cielo y la tierra, y aprender a usar todo ello según el modo justo. De hecho, el valor de la vida resulta evidente sólo si Dios existe. Por eso, sería hermoso si los no creyentes vivieran como si Dios existiera. Aunque no tengan la fuerza para creer, deberían vivir basándose en esta hipótesis: de caso contrario, el mundo no funciona. Hay muchos problemas por resolver, pero no se resolverán nunca completamente si Dios no se sitúa en el centro, de nuevo visible en el mundo y determinante en nuestra vida. Aquel que se abre a Dios no se aleja del mundo y de los seres humanos. Al contrario, encuentra hermanos: en Dios se derrumban nuestras murallas de separación, somos todos hermanos; formamos parte unos de otros.

(13-XI-2012)