Cartas a la redacción - Alfa y Omega

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El Papa Francisco y los enfermos

Con enorme ilusión, con la sorpresa aún candente, los católicos celebramos que la barca de Pedro vuelve a tener un timonel que ha querido llamarse Francisco, en recuerdo al venerado y admirado santo de Asís, que revolucionó la Iglesia. Reclama así la esencia del Evangelio, el amor a la Creación y su apuesta por los pobres, como aquel que rechazó una vida de lujo y oropeles, propia de un niño de papá de la edad medieval. Sorpresa primera en la elección del hasta ayer cardenal Bergoglio, y sorpresa segunda en su primera intervención como sucesor de Pedro, ante los miles de católicos presentes en la Plaza de San Pedro, a los que sumar los millones de personas que la siguieron por otros medios de comunicación. Oración agradecida a su antecesor, el querido Benedicto XVI, la plegaria mutua con su pueblo, el recogimiento ante el Supremo Hacedor, sencillez hasta en su vestimenta, con su humilde pectoral de plata y el uso de la estola sólo para impartir la solemne bendición urbi et orbi. Un hombre sencillo, modesto y muy pegado al suelo. Encuentro en Internet, como por casualidad, una foto que me sobrecoge: el entonces cardenal arzobispo de Buenos Aires, arrodillado y besando –mientras los sostiene entre sus manos– los pies de un niño, sin duda enfermo de cáncer: cabeza sin pelo, mascarilla en la boca, piernas extremadamente delgadas, mirada perdida en el horizonte. ¡En todo amar y servir! No cabe mejor presentación y no resultará extraño que ése sea su camino en el pontificado que ahora inicia: los más pobres, los desvalidos, los enfermos, la humildad, resaltando el valor esencial del Evangelio, la Buena Noticia, la Esperanza en un mundo un tanto perdido y que necesita de un Buen Pastor que aleje los múltiples peligros que acechan al hombre de hoy: el nihilismo, la desesperanza, la angustia, la falta de horizontes; la ausencia, en suma, de Dios.

Álvaro Pineda Lucena
Madrid

La realidad supera a la ficción

Leí la crítica de Juan Orellana sobre la película Amor, en el número 815 de Alfa y Omega. Mi padre ha fallecido hace unas semanas, después de haber estado tres meses en una situación similar a la señora de la película: tras dos ataques, se quedó sin movimiento en el lado derecho, sólo que él no era muy consciente porque tenía problemas de memoria. La vida de mis papás, en estos tres meses, fue totalmente diferente a la de la pareja de la película: mi mamá no se separó ni un momento de mi padre (como el señor de la película), pero además nos tenía a mí y a mis hermanos todo el tiempo disponibles, más amigos, vecinos y familiares…, y la certeza de un Dios bueno que te acompaña en todo esto. ¡Cuan diferente lo de mi papá a esta película llena de soledad y nihilismo! No entiendo el título de Amor. ¿Amor a qué? El esposo se aplicó en cuidarla, pero no fue capaz de pedir ayuda; la hija es una persona ahogada en sus propios problemas… En fin, si la película sirve de crítica a la sociedad, bien, pero otras críticas que he leído dicen que es una muestra de lo que significa la vejez. ¡¿Qué dicen?! ¡Qué triste es todo esto, y que, además, llenen de premios a la película!

Sabrina Di Scipio
Venezuela

Toca rezar por él

Al nuevo Papa ya le quiero con locura; estaba emocionada cuando salió la fumata blanca. En aquel momento, di gracias a Dios y seguí rezando por el nuevo Papa, que no sabíamos aún quién era. En la Plaza de San Pedro fue la locura: empezaron a aplaudir y a gritar Viva el Papa. No eran unos pocos, sino miles de personas al unísono. Estábamos dispuestos a obedecerlo, sin poner condiciones, a aceptar su mandato, como nos pedía Benedicto XVI, porque al Papa se le quiere desde el primer momento. Al Papa no se le juzga, no se le critica, no se le lleva la contraria, porque ha sido elegido por un Cónclave cardenalicio bajo la mirada del Espíritu Santo. Fue una alegría inmensa que saliera Francisco. El Papa está demostrando que es un padrazo que abraza al mundo entero, el siervo de los siervos de Dios. Cercano a los jóvenes, a los mayores, a los niños…, es el Papa que la Iglesia necesita. A nosotros nos toca rezar mucho por él. Debe de ser muy duro llevar la Iglesia entera sobre los hombros.

Cristina González Herrera
Barcelona

Pensamientos desde Montmartre, en París

He puesto el pie en el último escalón que me separaba de las puertas de la imponente basílica. Entro. Cuando los ojos todavía no se han acostumbrado a la oscuridad, pienso en susurros. Miro hacia arriba. Impresionante. Fue puesta la primera piedra de este templo en 1875, y terminado en 1914, sobre el Monte de los Mártires (Montmartre). Este lugar es sobrecogedor. ¿Es posible esta forma de construir, si no es en tu Nombre y Honor, Dios mío? Desde que supe que mi novia eligió ser arquitecta, me hago este tipo de preguntas. Antes no lo hacía. Aquí fue donde san Dennís, primer obispo de París (siglo III), fue decapitado por su fe. ¿Qué piensas, Dios mío, cuando ves un ser minúsculo como yo buscándote con tanta necesidad, con tantas ganas? Enciendo una vela, de esas pequeñas de dos euros, y la coloco cerca de una capilla. Virgen María, Causa de nuestra alegría, acuérdate, cuida la bonita relación que me une con mi novia, a la que amo tanto. Este lugar es una pasada. Fue consagrada la basílica al culto católico en 1919, y a su vez al Sagrado Corazón de Jesús, revelación del infinito amor de Dios por la Humanidad. ¡Buena falta nos hace! Una campana de diecinueve toneladas, fundida en 1891 en la ciudad francesa de Annency, ofrenda de la familia Saboya (la Savoyarde), tomó lugar definitivo en el campanario, sobre la cúpula de la capilla de la Santa Virgen. María Inmaculada: ¡qué clara se ve hoy tu intensa Luz, en medio de la nada! Montmartre es enclave único. Desde el 1 de agosto de 1885, hace más de 125 años, la adoración Eucarística es continua, día y noche. Desde entonces, la basílica brilla como signo de esperanza. ¿Soy digno de ti, mi Cristo?; ¿y de preguntarte tanto?; ¿soy pesado? Te pido ser fermento tuyo. Toda la Humanidad puede decir, desde los rincones de piedra y argamasa de Montmartre: Aquí, el Señor se halla presente. Aquí, alguien reza por mí. Salgo. Que amor y familia sean hoy, y siempre, mis ilusiones..

José J. Vacas
París