Santo Tomás de Aquino afirma que el tiempo todo lo cura y que, al principio, el dolor se siente más. No sé si Rosa sabe muy bien quién es el santo, y tampoco que esté muy de acuerdo en lo que dice acerca del tiempo como medicina del alma. Ya hace tres meses que su hermana Teresa murió en el tiroteo del Walmart de Cielo Vista, en El Paso, y su dolor sigue en carne viva.

Me pregunta si me he enterado de que un hombre de origen peruano, Mahud Villalaz, fue víctima de un ataque racista en Wisconsin. El pasado viernes, un sujeto le arrojó ácido de batería en la cara, lo que le provocó quemaduras de segundo grado. Siento al leerlo como si me echasen sal a la herida, me dice.

«Íbamos de compras tan contentas… Nunca te imaginas que todo puede cambiar en un instante. A mi hija una bala le atravesó la espalda. A mí, la bala me entró por el vientre. Mi hermana Teresa murió en el hospital». Le pregunto que de dónde saca fuerzas. Toma la cruz que lleva colgada del cuello y me dice que de Él, que se sostiene gracias a que siempre le ha sentido cerca de su corazón. Teresa y Rosa eran inseparables, por eso no es de extrañar el vacío que siente Rosa por su ausencia.

«Mi madre me decía que yo era muy fuerte y que todo se podía superar si uno se esforzaba en hacerlo. [Llora] Pero aquel 5 de agosto alguien con odio en el corazón me robó la vida. Odiar no nos lleva a ningún lado, pero tampoco es sencillo perdonar. No logro entender lo que pasa por la mente de un ser humano para ser capaz de asesinar a 22 personas. Por muchas vueltas que le doy, no puedo entender. A veces me rompo por dentro. Tener que hacer el esfuerzo de aparentar que estás perfectamente ante los demás, cuando no es así, puede llegar a romperte. Esa es la razón por la que mi hija asiste a terapia. Yo me defiendo rezando».

Está muy agradecida por tantas muestras de cariño que ha recibido. También, porque el Gobierno le envió una bandera dedicada a su hermana. Bandera que había ondeado en el Capitolio, el lugar desde donde se podrían promulgar leyes para controlar la National Rifle Association. Se fundó en Nueva York en 1871 y es una de las asociaciones más fuertes del país.

Prometo visitarla con frecuencia y le doy un abrazo. Me vine a la memoria el Libro de la Sabiduría: «Te compadeces, Señor de todos, porque amas a todos los seres». ¡Qué hermoso sería que nosotros, sus hijos, fuésemos instrumentos de ese amor!

José Luis Garayoa
Agustino recoleto. Misionero en Texas (EE. UU.)