Y el emperador cruzó los Alpes - Alfa y Omega

No vamos a descubrir a estas alturas al Alejandro Rodríguez de la Peña prestigioso historiador. Pero la vida está llena de sorpresas, alguna tan agradable como descubrir la faceta de novelista de Rodríguez de la Peña que, con 1077. El invierno del Rey Mendigo (Schedas), nos regala una ambiciosa y entretenidísima novela histórica. El año elegido, 1077, va a resultar clave para la historia de la Iglesia y de Europa: en plena querella de las investiduras, enfrentados el Papa Gregorio VII y el emperador Enrique IV, este último cruzará los Alpes arriesgando su vida y la de su familia para llegar hasta Canossa, donde se encuentra el Papa, y tras hacer penitencia, consigue que le sea levantada la excomunión. 

Las luchas, no obstante, no van a acabar, y el libro nos sumerge en un torbellino de complots, asesinatos, traiciones y también lealtades que nos hacen vivir en primera persona una época apasionante. Y, además, los hechos que se van sucediendo, algunos realmente increíbles, son todos ellos ciertos (ningún hecho relevante es inventado, todos tienen su fundamento en las crónicas medievales). El autor, que conoce el periodo muy a fondo —son décadas de meticuloso estudio—, consigue realmente transportarnos a aquel momento, que cobra una inusitada vida ante nuestros encandilados ojos. 

Pero esto era más o menos previsible en alguien que ha leído y estudiado toda crónica y documento de la época a que tengamos acceso. Lo destacable es que Rodríguez de la Peña nunca deja que el prurito del historiador ahogue la pluma del novelista. Porque sí, estamos ante un libro magnífico para conocer una época convulsa, pero sobre todo estamos ante una novela que nos atrapa y nos hace disfrutar. Interesantes personajes van desplegándose, con sus virtudes y sus vicios, sin caer nunca en el maniqueísmo. Los diálogos son rápidos y creíbles, las descripciones están muy logradas y el manejo de varias tramas a través de capítulos cortos dotan al libro de un especial dinamismo. Así nos vemos transportados de Roma a Worms o de Normandía a Pavía siguiendo unos acontecimientos que sacudieron a toda la cristiandad. 

Pero sobre todo conoceremos, amaremos, detestaremos o sencillamente comprenderemos a los grandes protagonistas de la historia, aunque también a muchos y muy jugosos secundarios: benedictinos ejemplares, cardenales corruptos, mujeres poderosas (alguna experta en venenos) y caballeros leales… y traicioneros, todos ellos magníficamente perfilados por un autor que parece haber nacido para este tipo de novela.