Voluntarios de prisiones: un puñado de valientes - Alfa y Omega

Voluntarios de prisiones: un puñado de valientes

Las diócesis de Madrid y Getafe están informando a los fieles de las parroquias de la labor de Pastoral Penitenciaria, para considerar a los presos parte de la comunidad y solicitar nuevos voluntarios. «En la cárcel, veo a Jesús en cada esquina», dice uno de ellos

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Un grupo de voluntarios, entre ellos varios seminaristas, junto a algunos internos de permiso en la casa de acogida Isla Merced, en Casarrubuelos. Foto: Asociación entre Pinto y Valdemoro

«Tenemos que ir a contarlo a todas las parroquias que podamos», exclamaba uno de los voluntarios del Centro Pastoral de Fontarrón, interno en la cárcel años atrás, que quería hacer llegar a los fieles madrileños toda la labor que hacen los voluntarios en las cárceles. De ahí nació la campaña 12 meses, una causa. Jesús vive en la cárcel, por la que las delegaciones de Pastoral Penitenciaria de Madrid y Getafe ofrecen su experiencia a parroquias, comunidades y grupos, con objeto de informar y sensibilizar de la labor que se hace dentro y fuera de la prisión, y para mostrar cómo se puede colaborar.

«No damos abasto. Hay semanas en las que damos hasta seis charlas», afirma María Yela, delegada de Pastoral Penitenciaria de Madrid. «Es algo muy bonito tomar contacto con la gente de la parroquia. Yo suelo contar qué es una prisión y cuál es el perfil de los presos, y todo el sentido cristiano de nuestra labor allí. Y luego toma la palabra un interno que habla de su experiencia, y de lo que agradece la oración, las cartas y la ayuda que reciben. Luego surgen muchas preguntas y se ve cómo este tema interesa mucho a la gente», dice Yela.

La campaña está sirviendo «para que la gente se dé cuenta de que los presos son poco recordados y poco conocidos ni reconocidos. No sabemos que están ahí. Además, los delitos habituales hoy no son los de hace 30 años, sino que son cosas que podemos cometer todos».

Por eso, después de cada charla son varias las personas que se acercan a preguntar cómo pueden involucrarse, y aquí comienza el siguiente paso. «Están saliendo un montón de voluntarios –señala la delegada de Madrid–, pero luego hay que formarlos bien. No se trata solo de ir a la cárcel, hay que ver qué puede hacer cada uno, porque hay otras formas de ayudar: atender a las familias, acompañar a juicios, escribir cartas…».

«Una experiencia transformadora»

Uno de los nuevos voluntarios que ha salido a raíz de estos encuentros es Luis, que después de mostrar su interés entró en un período de formación antes de ir varias veces a visitar a los presos a la cárcel. «Antes de todo esto tenía la cabeza llena de prejuicios, porque es un mundo cerrado y con sus propias dinámicas», reconoce, pero la visita que hizo en Navidad y en Reyes le hacen exclamar que «han sido las Navidades más cristianas que he tenido». «Al ver a los presos con sus familias lloré como una magdalena. Impresiona ver a toda esa gente, pero enseguida te das cuenta de que cualquier padre quiere ser mejor padre. Es una experiencia trasformadora. Vi que la vida es frágil, que hay que dar gracias por la suerte que tenemos, aprendes a valorar todo».

Luis eligió prisiones por delante de cualquier otra forma de voluntariado porque «en la cárcel veo a Jesús en cada esquina». «Simplemente estando allí, teniendo una conversación normal con un interno, eso tienen un poder trasformador para el preso y para el voluntario. Al final engancha. Podría solo sentarme en una silla y escuchar, y ya sería perfecto».

María Yela (tercera por la izquierda) junto a varios voluntarios en un charla para jóvenes en la parroquia de San Ambrosio. Foto: Pastoral Penitenciaria

«Los más amados por Jesús»

Por su parte, Alfonso, que colabora en la casa que la asociación Entre Pinto y Valdemoro (EPyV) tiene para acoger a internos de permiso, habla de vocacióna la hora de explicar su labor en Pastoral Penitenciaria: «Mi vocación nació para cumplir el mandato de Jesús de predicar el Evangelio, especialmente a los más necesitados, y yo creo que son aquellos que están privados de todo tipo de afecto y de cariño, y despojados hasta de la dignidad aunque no hayan sido condenados a ello. Solo han sido condenados a una privación de libertad, pero la cárcel, hace tanto daño, la cárcel hace sufrir tanto y destroza tanto a estas personas y a sus familias… Desaparecen los amigos y los lugares sociales en los que se han movido antes. Yo creo que nuestros hermanos privados de libertad son los más amados por Jesús».

Con la campaña 12 meses, una causa. Jesús vive en la cárcel se hace realidad que «hablar de prisiones no sea un tabú en nuestras comunidades», y que se pueda hacer presente la labor de la Iglesia «en uno de los lugares donde más se la necesita».

Por eso es preciso «que se hable en nuestras parroquias de la labor de los voluntarios y de la vida de nuestros hermanos en prisión. Ellos están bautizados, como nosotros. La mayoría son creyentes, a su forma, como cada uno de nosotros lo es a su forma», explica Alfonso, para quien una de las mayores dificultades de su labor es «hacerles ver que Jesús los ama y acoge». Y ahí entra el trabajo de los voluntarios, para «sanar y acompañar, y preparar su futuro para después de la prisión. Teniendo en cuenta que ellos están heridos pero sin olvidar que también han hecho daño. No podemos olvidar a las víctimas: a los que sufren su error también hay que cuidarlos».

Desde su experiencia sabe que a los presos, a quienes «poco a poco va abandonando su círculo social, sus amigos, y a veces hasta sus familias, en muchas ocasiones solo les va a visitar un puñado de valientes que los quieren, y por quienes ellos rezan todos los días».