Una comunidad que celebra, sirve y acompaña

La Memoria de Actividades 2018 muestra que la Iglesia sigue siendo un pilar fundamental en la sociedad española en todas sus dimensiones: pastoral, caritativa, educativa, cultural… aunque expresa también la creciente secularización con un descenso en la práctica sacramental

Fran Otero
Foto: Eduardo Parra/Europa Press

La Memoria de Actividades 2018 muestra que la Iglesia sigue siendo un pilar fundamental en la sociedad española en todas sus dimensiones: pastoral, caritativa, educativa, cultural… aunque expresa también la creciente secularización con un descenso en la práctica sacramental

Puede parecer imposible dar cuenta de la ingente labor que la Iglesia católica realiza en nuestro país, aunque cada año por estas fechas la Conferencia Episcopal Española (CEE) la condensa en una completa memoria de actividades que sirve, además de para dar cuenta al Gobierno de todo lo que se hace con la asignación tributaria, para mostrar a la sociedad, como dice el cardenal Omella –presidente de la CEE–, en la introducción, «la amplitud y variedad de tareas que nacen de la fe vivida por el pueblo cristiano».

Tareas que tienen que ver con el anuncio del Evangelio, el acompañamiento en la fe, la defensa de la dignidad humana y el servicio a los más pobres y vulnerables. Esta labor pone blanco sobre negro, con cifras y rostros que elevan la dimensión de una institución crucial para la sociedad española.

La última memoria, que se presenta este jueves en sociedad y fue avanzada a la prensa hace unos días, recoge toda la labor realizada en el año 2018. Los datos dejan dos lecturas: en primer lugar, que el papel de la Iglesia en nuestro país sigue siendo muy significativo, su presencia muy capilar y su labor imprescindible, pero también, en segundo lugar, que la secularización está haciendo mella en el número de personas que acceden a los sacramentos.

Así, de 2017 a 2018 cayeron los Bautizos (de 214.271 a 193.394), las Primeras Comuniones (de 229.602 a 222.345), las Confirmaciones (de 136.503 a 129.171) y los Matrimonios (de 46.556 a 41.975). Aumentaron ligeramente las Unciones de Enfermos (de 25.471 a 25.663) y dio un buen salto el número de personas que asisten a Misa regularmente, pasando de 7,9 millones a 8,3 millones.

De las cifras también se deduce que, aunque el peso de la Iglesia lo siguen llevando sacerdotes y consagrados, el descenso de vocaciones y la consiguiente merma de efectivos está provocando una mayor implicación de los laicos. El número de sacerdotes (17.337), seminaristas (1.203), religiosos y religiosas (38.688), monjes y monjas de clausura, sigue siendo importante pero continúa una estela decreciente en los últimos años. Sin embargo, el número de catequistas crece hasta los 102.859, así como el número de laicos asociados –que pertenecen a algún grupo o movimiento–, que alcanzan la cifra de 412.173, un total de 43.808 más que el año anterior.

Una realidad que se repite en el campo de la misión: mientras el número de misioneros pierde 79 efectivos y se queda en 10.939, el número de familias en misión sigue creciendo hasta las 548, doce más.

Dentro de la actividad pastoral también se incluye la labor que la Iglesia realiza tanto en el ámbito de la salud como de las prisiones. En el primer campo, las cifran muestran una continuidad, aunque este año se han incorporado los datos de voluntarios en hospitales así como de las personas atendidas en ellos. Esto hace que la Pastoral de la Salud cuente con 20.288 agentes de pastoral y voluntarios y haya atendido a 176.276 personas al mes. Por su parte, la presencia en el ámbito penitenciario ha crecido, tal y como reflejan el mayor número de paquetes de ropa aportados (10.448) o los 239.845 euros entregados en concepto de ayuda económica a más de 9.530 personas, 3.000 más que el año anterior. Pero el crecimiento de este ámbito no se queda ahí, y se pone de manifiesto en las casas de acogida (75), los voluntarios (2.755), los capellanes (164), la capellanías (85) o las personas acogidas tras salir de la prisión (3.394), casi 600 más que en 2017. También es significativa la subida de participantes en las celebraciones que la capellanía organiza en la cárcel, como la Eucaristía, hasta las 7.150 personas.

Contra la pobreza

La actividad caritativa y asistencial es uno de los gruesos de la Memoria de Actividades 2018. En este apartado aparecen los 4.095.346 de personas que fueron atendidas por la Iglesia en sus  9.119 centros sanitarios y asistenciales. Ambas cifras se han visto reducidas ligeramente este año, probablemente por la mejora de la situación económica del país, aunque si se ve con perspectiva, el número de centros sociales y asistenciales de la Iglesia creció un 71 % en los últimos nueve años, o lo que es lo mismo, en 3.782 centros más.

Más en detalle, la memoria muestra que en 2018 se asistió a 1.291.019 personas en los 973 centros sanitarios disponibles: hospitales, ambulatorios, casas de ancianos, enfermos o para personas con discapacidad. El resto, 2.804.327, encontraron alivio a sus problemas en los 8.146 centros asistenciales para mitigar la pobreza, para menores, para promover el trabajo, para migrantes, para la promoción de la mujer, para la rehabilitación de dependientes, para atender a las familias y defender la vida…

Así, se ayudó, entre otros, a 64.490 menores y jóvenes en riesgo de exclusión social, a 141.316 personas que buscaban trabajo, a 134.406 migrantes y refugiados, a 23.279 mujeres maltratadas y en riesgo de exclusión y a 50.297 personas víctimas de la droga o nuevas adicciones. También a las que sufren la pobreza, el colectivo más numeroso, que suma 2.127.487 beneficiarios.

El ahorro de la escuela

Otra de las actividades que ganó peso fue la educativa. Así, el ahorro que la escuela católica supuso para el Estado a través de los centros concertados alcanzó los 3.531 millones de euros, 207 millones más que el año anterior. Aumentó el número de alumnos en 24.085, hasta los más de 1,5 millones, así como los trabajadores, que alcanzan los 130.448, 3.355 más que en 2017. Subió también el número de aulas, el número de alumnado extranjero y los profesores de Religión. Como nota menos positiva está el descenso de alumnos inscritos en Religión. En el ámbito universitario, creció un año más el número de alumnos que ha elegido formarse en centros católicos.

Finalmente, y no menos importante, es la actividad cultural de la Iglesia, que tiene dos vertientes: los bienes muebles e inmuebles, y las fiestas, peregrinaciones y celebraciones. Una actividad con un impacto en el PIB de nuestro país de 22.620 millones (un
3 %) y con una contribución de 255.000 empleos de forma directa, indirecta e inducida.

En este apartado se da cuenta de la aportación de la Iglesia en la conservación del patrimonio «para el disfrute de todos». De hecho, las diócesis españolas destinaron más de 53,3 millones de euros en 2018 a 404 proyectos de construcción, conservación y rehabilitación, una cifra que se acerca a los 400 millones si tenemos en cuenta los últimos seis años.

Cabe destacar, en este sentido, que la Iglesia cuenta en su haber con 3.096 bienes de interés cultural repartidos por toda la geografía, así como que celebra 409 fiestas que han sido declaradas de interés turístico tanto nacional como internacional. Además, de los 44 bienes culturales que ostentan la calificación de Patrimonio de la Humanidad, la mitad cuentan con una presencia significativa de las entidades de Iglesia.

Para Luis Argüello, secretario general de la Conferencia Episcopal Española, esta memoria muestra que «la Iglesia celebra, sirve, testimonia y acompaña siendo un pueblo entre los pueblos». «Cada una de las 20.000 parroquias es una casa entre las casas para que se reúna la familia entre las familias. Para anunciar la esperanza en estas últimas semanas donde tantas personas han perdido la vida y otras tantas lloran la ausencia», dijo en la presentación ante los periodistas.

Fran Otero