Desde el PSOE: «No creo que la Iglesia tenga motivos para estar preocupada con nosotros»

«No creo que la Iglesia tenga motivos para estar preocupada con nosotros», dice un alto cargo del PSOE. Pero algunos expertos alertan del peligro de «pasarse de frenada» con determinados gestos

Fran Otero

«No creo que la Iglesia tenga motivos para estar preocupada con nosotros», dice un alto cargo del PSOE. Pero algunos expertos alertan del peligro de «pasarse de frenada» con determinados gestos

Desde que llegara al Gobierno Pedro Sánchez, hace ya casi cuatro meses, algunas de sus medidas más llamativas han afectado directa o indirectamente a la Iglesia católica. Es el caso del Valle de los Caídos, las inmatriculaciones, la clase de Religión o la sempiterna amenaza de denuncia de los Acuerdos entre el Estado y la Santa Sede.

Lo cierto es que el PSOE ha mantenido tradicionalmente cierta dureza de discurso, pese a que la realidad ha sido otra cuando ha gobernado: la del entendimiento y diálogo con la Iglesia. Con el Gobierno de Felipe González se firmaron los conciertos educativos. Y en la época de Zapatero, a pesar de las tensiones, se revisó el acuerdo económico entre el Estado y la Iglesia, muy beneficioso para ambas partes. La pregunta ahora es si esta vez el Gobierno de Sánchez quiere realmente romper con la Iglesia o, como antaño, utiliza la confrontación pública para movilizar a parte de su electorado, el más ideologizado y que amenaza con irse a Podemos.

Un asesor del Gobierno que prefiere no ser citado reconoce que el Ejecutivo ha entrado en una fase «en campaña permanente, porque no sabemos hasta cuándo va a durar esto», y además «hay que contentar a muchos socios parlamentarios». Es ahí, en su opinión, donde se enmarcan los ataques a los supuestos privilegios de la Iglesia católica. «El PSOE no es beligerante en esta cuestión, solo busca acercarse a una parte de sus electores», añade.

Esa es la que tesis que mantienen algunos expertos como Julio César Herrero, que dirige Centro de Estudios Superiores en Comunicación y Marketing Político (Cescompol). «Es cierto que el PSOE ha insistido mucho en la idea de aconfesionalidad del Estado que recoge la Constitución, pero una cosa es tender a ella y otra hacer algunos movimientos que generan una cierta controversia y que su electorado puede percibir como anticlericales», añade. En su opinión, la línea que separa la aconfesionalidad del anticlericalismo es débil y que se vea como una cosa o la otra depende de la intensidad de la crítica o de la contundencia de las propuestas.

Autor de numerosos libros sobre comunicación política y campañas electorales, Herrero sostiene que levantar la bandera contra la Iglesia apenas ofrece al PSOE réditos políticos, pues no son cuestiones por las que los ciudadanos decanten su voto. «Al partido le puede servir para marcar diferencias o para dejar claro que defienden la aconfesionalidad del Estado, pero hay que tener cuidado, pues si se pasan de frenada pueden generar cierto rechazo entre sus propios electores. Ojo con utilizar estas cuestiones sin tacto o pensando que uno puede empezar a dar sin ningún tipo de temor».

Por su parte, un alto cargo del PSOE, que también pide mantener el anonimato, reconoce que «una cosa es el discurso y otra, la realidad». «No creo que después de tanto tiempo la Iglesia tenga motivos para estar preocupada con nosotros. A lo largo de los años que ha gobernado el PSOE no se han roto acuerdos troncales. Más aun, creo que a la Iglesia le ha ido bien con nuestro partido», afirma.

Tanto la Iglesia como el PSOE –añade– han defendido sus posturas de un modo férreo, aunque ambas partes han optado siempre por el pragmatismo, sostiene este responsable. «El momento actual no es diferente a los anteriores, aunque hay otros interlocutores y otros temas menos difíciles que la época del presidente Zapatero», apunta.

En cualquier caso, reconoce que desde el PSOE no se puede atacar a la Iglesia alegremente pues una gran parte de su electorado y muchos de sus militantes son católicos y no lo ven con buenos ojos. «Otra cosa es que queramos potenciar la separación entre la Iglesia y el Estado, es decir, la aconfesionalidad. Pero que se haga esto no va en detrimento de la Iglesia católica, sino todo lo contrario», apunta.

El dirigente socialista reconoce que puede haber miembros de su partido, incluso dentro del Gobierno, y obispos que tengan una salida de tono, pero esto no puede implicar la ruptura del diálogo. Y lanza un mensaje: «No rompáis el diálogo, que no se rompa, porque se corre el riesgo de que alguien quiera ir más allá».

F. O.