«Tumbado en la litera de mi celda, mi pensamiento se ha centrado en Ella» - Alfa y Omega

El testimonio de esta semana se convierte en oración sencilla y confiada que brota de lo más profundo del corazón de un hombre que ha sido capaz de descubrir, encerrado varios años entre cuatro muros, el rostro misericordioso de Dios Padre y la presencia amorosa de María, la Madre de Jesús. Poco a poco, reflexionando cada semana el Evangelio en la Eucaristía del domingo, ha experimentado que los muros pueden quitar la libertad exterior, pero que por muchos barrotes que pongan nadie le puede impedir ser libre interiormente, porque «la verdadera libertad me la da Dios, que me ama y me quiere a pesar de todos los fallos que haya cometido».

Pocos días después de la fiesta de la Merced, la mirada la dirige a esa mujer humilde y sencilla llamada María: «Tumbado en la litera de mi chavolo y atravesando con la mirada los barrotes que hay en la ventana, he podido contemplar las estrellas relucientes que llenaban el cielo, y contemplando su resplandor mi pensamiento se ha centrado en Ella. Sin saber cómo ha brotado de mi corazón, tantas veces roto por falta de amor, esta oración a esa Mujer que nunca deja de amarme: “Señora y Madre de la Merced, a ti acudimos los que estamos privados de libertad y en tu regazo ponemos nuestros pesares y nuestras alegrías. Ayúdanos a desechar de nosotros el mal que nos impide ser felices y nos lleva a caminar por lugares equivocados. Somos débiles y por eso te pedimos que no nos abandones, para que con tu ayuda nos vayamos liberando de cuanto nos ata y oprime.

Sé tú el norte que guíe nuestros pasos para volver a empezar y vivir una vida centrada en el amor a Ti y a los hermanos. Madre, cada uno de los que estamos aquí privados de libertad, peregrinamos por este mundo recorriendo nuestro propio camino de fe; un camino entre la duda y la tiniebla; un camino en el que no falta el dolor y los por qué. Hoy nos dirigimos a ti para pedirte que estés a nuestro lado, como estuviste junto a tu Hijo Jesús. Ponemos nuestros ojos en ti para que nos ayudes a acercarnos más al Padre de la misericordia, del amor y de la vida”».

Paulino Alonso
Capellán de la cárcel de Soto del Real. Madrid