«Soy iraquí, soy cristiano»

«¡Deténgase, por favor!», la violencia en Gaza y la persecución religiosa en Iraq, pide el Papa a los responsables…

Ricardo Benjumea
Manifestación en Erbil, al norte de Iraq

«¡Deténgase, por favor!», la violencia en Gaza y la persecución religiosa en Iraq, pide el Papa a los responsables

Un domingo más, durante el rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro, el Papa hizo un llamamiento a la paz en Oriente Próximo, sin olvidar mencionar Ucrania. A Francisco le preocupa especialmente la persecución a los cristianos en Iraq y la guerra en Gaza. El lunes se cumplía el centenario del estallido de la Primera Guerra Mundial, y en esta «jornada de luto en recuerdo de este drama», el Pontífice expresó su «anhelo de que no se repitan los errores del pasado», y pidió que sigan las oraciones por la paz. «Pienso sobre todo en los niños, a los que se les arrebata la esperanza de una vida digna, de un futuro: niños muertos, niños heridos, niños mutilados, niños huérfanos, niños que tienen como juguetes residuos bélicos, niños que no saben sonreír. ¡Deténgase, por favor!», dijo.

En los últimos días, el Papa se ha puesto en contacto con diversas autoridades políticas y religiosas de Oriente Medio, apoyando los esfuerzos de paz de las Iglesias locales. El Patriarca de Jerusalén, por ejemplo, visitó, el sábado, a un colaborador del Presidente Obama en la Casa Blanca, para tratar de involucrar más activamente a Washington, mientras en Ginebra, el Observador Permanente de la Santa Sede ante la ONU, el arzobispo Silvano Tomasi, calificaba de «intolerable» la matanza de civiles, los cuales, «según el Derecho internacional, deben ser protegidos». Esa protección la están ofreciendo, en la medida de sus posibilidades, iglesias y colegios católicos y ortodoxos de Gaza, acogiendo sin distinción a cristianos y musulmanes.

Genocidio en Iraq

Los cristianos están siendo asesinados sin piedad en Mosul. El miércoles de la semana pasada expiró el plazo para que se convirtieran al Islam, paguen un impuesto desorbitado o abandonen sus hogares. Al día siguiente, reunidos en Erbil, la capital del Kurdistán iraquí (región que ha acogido con los brazos abiertos a miles de refugiados cristianos), obispos católicos y ortodoxos pidieron al Gobierno protección para las minorías. Al frente estaba el Patriarca caldeo Louis Sako, quien ha escrito al Secretario General de la ONU agradeciéndole su apoyo, pero lamentando la impasibilidad del Consejo de Seguridad. Similar queja expresa el Patriarca en una carta al cardenal Barbarin, que encabeza, del 28 de julio al 1 de agosto, una delegación de tres obispos franceses a Iraq: «Estoy triste por la tibieza del mundo civilizado».

La letra Nun de nazareno, símbolo de una campaña de apoyo a los cristianos

Más duro en el tono ha sido el ex embajador del Reino Unido ante la Santa Sede, Francis Campbell, que ha denunciado el silencio cobarde de Europa ante un genocidio que compara al de Adolf Hitler. Igual que hacían los nazis con los judíos, los islamistas marcan las casas de los cristianos, en este caso con la letra árabe Nun, de Nasarah o nazareno, término con connotaciones peyorativas. En varias ciudades de Iraq, cientos de personas se han manifestado con pancartas Soy iraquí, soy cristiano, y en las redes sociales se ha extendido por todo el mundo la campaña Todos somos nazarenos, con el distintivo de la Nun. También muchos musulmanes han alzado la voz a favor de los cristianos. En Mosul, un profesor universitario musulmán perdió incluso la vida por ello. Y la Organización de la Cooperación Islámica ha denunciado la persecución. Numerosos obispos de Oriente Próximo, sin embargo, piden más claridad a los líderes musulmanes. «No oímos condenas», ha lamentado el cardenal Rai, Patriarca Maronita del Líbano, quien, por otro lado, ha advertido de que el conflicto sectario entre sunitas y chiítas en Oriente Próximo puede extenderse a su país si el Parlamento no es capaz de superar sus divisiones y elegir a un Presidente.

Uno de los principales focos de ese conflicto entre sunitas y chiítas es Siria. El domingo se cumplió allí un año del secuestro del jesuita italiano Paolo Dall’Oglio, fundador de la comunidad monástica Mar Musa, impulsora del diálogo con el Islam. Su familia difundió un videomensaje, implorando «a los responsables de la desaparición de un hombre bueno, de un hombre de fe, de un hombre de paz, que tengan la dignidad de hacernos saber su suerte. Nos gustaría volver a abrazarlo, pero estamos también preparados para llorarlo».