Los clásicos permiten que no nos acostumbremos a lo sabido, porque de su lectura brota lo nuevo. La relación entre lo que permanece, el eco del Evangelio, y lo que cambia en el presente, nos permite asentarnos en la distancia que nos facilita ser conscientes de nuestra realidad, de nuestros problemas, de nuestros deseos. Don Giussani es un pedagogo del cristianismo, no por el hecho de que compusiera una sinfonía orientadora de felicidad, a modo de curso básico del cristianismo, sino porque entendió que la modernidad y el tiempo de la postmodernidad habían dinamitado el método que permitía al cristianismo seguir enarbolando la bandera de su identidad, más allá de procesos ideológicos o emotivistas. Quien no haya leído aún Los orígenes de la pretensión cristiana tiene ante sí el reto de un texto que da forma, a través de una arquitectura teológica, a una propuesta de sentido.
Durante este curso, los miembros del movimiento de Comunión y Liberación trabajarán en sus Escuelas de Comunidad este libro, que es posterior en el proceso formativo a ese genial titulado El sentido religioso. En la presentación que don Julián Carrón, presidente de la Fraternidad, hizo del libro, insistió en un aspecto especialmente atractivo. Carrón se preguntó si «tiene la fe alguna posibilidad de arraigar, es decir, de fascinar, de atraer, de convencer a los hombres de nuestro tiempo». Para responder, a renglón seguido, con un texto de don Giussani: «Os habéis hecho adultos: mientras que demostráis vuestra capacidad en vuestra profesión, puede que exista una lejanía con respecto a Cristo (con respecto a la emoción de hace años, sobre todo de ciertas circunstancias de hace años). Existe como una lejanía de Cristo, excepto en ciertos momentos. Quiero decir que existe una lejanía con respecto a Cristo, salvo cuando os ponéis a rezar; hay una extrañeza con respecto a Cristo salvo cuando lleváis a cabo obras en Su nombre, en nombre de la Iglesia o en nombre del movimiento. Es como si el corazón estuviese lejos de Cristo».
Cuando nuestro autor habla de esa insidiosa lealtad cultural que, en parte por la ambigüedad y fragilidad de los cristianos, ha hecho posible que se identifique la idea del cristianismo con un discurso y, por consiguiente, con fábula o moraleja, está poniendo el dedo en la llaga de una de las más titánicas tareas del hoy de la conciencia cristiana: conducir la afirmación de lo cristiano a la geografía de lo que ha sucedido, al acontecimiento de Cristo y al encuentro con Cristo. En la pancarta de la expresión pública de la fe hay un lema que dice: Sí, esto ha sucedido. En la Historia, en nuestra vida, en nuestra experiencia, en nuestro pensamiento, en la Iglesia, Cristo está presente como conjugación de libertad. El problema del cristianismo es un problema no sólo de hecho sino del hecho. Existe la respuesta. Y así se descubren inusitados horizontes cuando don Giussani habla de la creatividad religiosa del hombre, de la exigencia de la Revelación, de la pedagogía de Cristo al revelarse, de la concepción que Jesús tiene de la vida y de la pretensión cristiana. Una magnífica guía para este tiempo pascual.
Luigi Giussani
Encuentro
2012
136