Segundo Llorente SJ, misionero en Alaska - Alfa y Omega

En medio de esta tormenta de nieve, resulta especialmente elocuente y conmovedor recordar a un misionero español en Alaska poco conocido, un jesuita ejemplar (¡hay tantos!), como fue Segundo Llorente. En las catequesis que, con la ayuda de Obras Misionales Pontificas, la Delegación de Catequesis de Madrid propone a los niños en su proceso de iniciación cristiana como «misionerísimos», aparece, precisamente para este tiempo tras la Navidad, la figura de este intrépido leonés, con esta presentación:

Misionero con los esquimales…

«Segundo Llorente (1906-1989) siempre quería «más» y no se conformaba con lo que hacían todos. Por eso quiso ser misionero en el sitio más difícil del mundo. En esa época, el Papa Pío XI había dicho que la misión en Alaska «era la tarea más heroica en la Iglesia», así que Segundo se lanzó: era allí donde debía ser misionero.

Antes de partir, tuvo que ir al médico para comprobar si podría aguantar el vivir en un sitio tan duro, donde las temperaturas pueden bajar hasta más de 50 grados bajo cero. Tras examinarle, el médico dijo: «Si alguien puede resistir el frío de Alaska es este boxeador», porque Segundo era muy, muy fuerte.

Con 28 años, Segundo era ya sacerdote y había cumplido su sueño de ir a Alaska para hablar de Jesús a los esquimales, algo que no le resultó nada fácil. Con el tiempo, y a medida que les iba conociendo más, llegó a querer muchísimo a los esquimales. Soportó innumerables sacrificios por ellos, incluso cogió varias veces los piojos por estar a su lado (allí no es tan fácil como aquí poder lavarse). Los esquimales también le quisieron mucho y hasta le eligieron diputado suyo en el Congreso de Estados Unidos.

Mientras él les daba catequesis, los esquimales le contaban cómo abrigarse para sobrevivir al frío del Polo, o cómo hablar a los perros que tiraban de los trineos, para que le llevaran por el hielo a través de largas distancias. De hecho, una vez estuvo a punto de morir congelado, y se salvó gracias a los perros, que lograron sacarlo a flote. Los perros siempre le ayudaron mucho, y se convirtieron en grandes amigos.

En los días de más frío, la gente no podía salir de sus iglús. Por eso, el padre Llorente pasó mucho tiempo completamente solo en la inmensidad de Alaska. Pero esa soledad no le asustaba: él decía que le había ayudado a encontrarse con Dios. A veces, en las largas y frías noches, pasaba horas ante el Sagrario rezando, y si se aburría, le decía al Señor: «¿Dónde voy a estar mejor que aquí?». Allí, en esa «blanca soledad», había encontrado su sitio».

…y su representante político

A esta presentación, con un lenguaje tan sencillo y agradecido para todos por estar escrita para los niños, quisiera añadir otra referencia que me ha resultado especialmente interesante.

Escribía hace seis años Javier Nicolás, en la página web del Ministerio de Inclusión y Seguridad Social y Migraciones del Gobierno de España, que «su faceta como político, siendo sacerdote y misionero, no deja de tener su lado curioso, pues se doblegó al destino que sus acólitos, los indígenas, quisieron que él condujera: tener un representante en el Gobierno para defender sus derechos».

Y continúa: «No deja de ser chocante que un misionero leonés, sacerdote católico, sea el representante político de los esquimales de Alaska. Fue el primer religioso católico en ser diputado en la historia de los Estados Unidos. Corría el año 1960, y en las elecciones presidenciales de ese año, muy reñidas, se presentaba John F. Kennedy. Alaska, ya recién estrenado como estado número 49 de Estados Unidos, iba a elegir sus primeros diputados. Y los esquimales tenían el derecho de elegir su propio candidato. Proponen, sin decírselo, a Segundo Llorente como su representante legal ante el Congreso en Anchorage. Cuando el padre Llorente quiere darse cuenta, ya es muy tarde, su nombre aparece en las listas junto al elegido Kennedy. Enseguida lo pone en conocimiento de su obispo, y ahí empiezan los problemas: ¿es compatible la labor sacerdotal con la política? El hombre propone y Dios dispone, pensó nuestro misionero. Y echar el freno representaba fallar a sus fieles, quienes le habían elegido por creer en él, y en la práctica se demostró luego que cumplió con creces su cometido. Hasta la revista Time se hizo eco de la noticia, pues era la primera vez que salía como diputado un sacerdote, y la coincidencia del catolicismo con el presidente Kennedy, levantó más de una suspicacia, y encima era un cura español. El hecho es que cumplió bien, y estuvo actuando dos legislaturas, consiguiendo numerosas ventajas para su distrito alaskeño. Y con sus dietas como político, construyó una iglesia nueva en su aldea principal, Alakanuk».

Sin duda, el testimonio de un misionero del que podemos sentirnos enormemente orgullosos, como creyentes y como españoles, que nos resulta especialmente elocuente en medio de esta tormenta Filomena, que a él no le vino, sino a la que él fue, y que, ríanse de este frío, pues él vivió durante casi toda su vida en un entorno exterior de 65 grados bajo cero.