El Domund llevará un sacerdote a Yapsie

Hay zonas de Vanimo (Papúa Nueva Guinea) donde los primeros misioneros llegaron hace menos de 60 años, y aún falta tiempo para que el Evangelio termine de echar raíces. En otras aún los esperan

María Martínez López
Cada comunidad tiene Misa el domingo y otro día a la semana. Además, «hacemos adoración a diario en cada una, y se llena». Foto: Tomás Agustín Ravaioli

Cuando el padre Tomás Agustín Ravaioli, del Instituto del Verbo Encarnado (IVE), estaba a punto de terminar sus estudios en Roma y su superior le preguntó si iría de misionero a Papúa Nueva Guinea, no lo dudó. Pero luego tuvo que buscarlo en un mapa. Su destino era la diócesis de Vanimo, en la provincia de Sandaun. Limítrofe con la vecina (y rica) Indonesia, es la zona «más aislada y pobre del país» insular. Hay áreas aún sin evangelizar, y otras que no han visto a un sacerdote en diez años. 14 presbíteros diocesanos y 20 misioneros «no damos abasto» para una superficie del doble de Navarra y con montaña, selva y mar.

Pero la Iglesia local, con ayuda de católicos de todo el mundo, no ceja en su empeño. De los 115.200 euros que recibirá Vanimo este año del Domund (que se celebra este domingo con el lema Aquí estoy, envíame), 25.400 se destinarán a construir una casa para que un sacerdote viva en Yapsie, que hasta ahora solo visitaba una o dos veces al año. Cantidades similares se destinarán a construir una iglesia en One y a la formación y remuneración de 55 catequistas a tiempo completo y 67 a tiempo parcial, «nuestra mano derecha en cada aldea», explica Ravaioli. Las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará (rama femenina del IVE) recibirán 11.900 euros para obras en su hogar para 24 chicas. El resto cubrirá los gastos ordinarios de la diócesis.

77,8 millones de euros recaudó el Domund en 2019. El 13,5 % salió de España

1,3 millones recibirá Papúa en 2020. El 45,4 % para gastos ordinarios y el 16,7 % para formar a 1.902 catequistas

37,9 % para construir y mantener edificios, transporte, y medios de comunicación

Llega el hombre blanco

La parroquia Santísima Trinidad, la del padre Ravaioli, no está tan aislada: solo 20 minutos la separan de la ciudad. Aun así, la gente vive de la pesca y la agricultura, y funciona el trueque. No hay agua potable o electricidad, «pero no pasan hambre, porque es una zona tropical y la naturaleza les da de todo», matiza el misionero. Con una de las dos escuelas primarias de la Iglesia en la zona como base, él atiende con otro compañero cinco aldeas. La comunidad la completan dos religiosos más.

Los primeros misioneros, pasionistas, llegaron allí en 1961. Eran un ejército de religiosos, religiosas y laicos (ingenieros, pilotos, arquitectos…). «Los ancianos se acuerdan perfectamente; era la primera vez que veían hombres blancos». El cariño hacia ellos creció más aún al constatar que, a diferencia de otros occidentales venidos después para intentar explotar sus recursos, «no vinieron a pedirles nada, sino a entregarles a Cristo y la Eucaristía». Por no hablar de la puesta en marcha de obras sociales. En todo el país, «la mayoría de escuelas son de la Iglesia», subraya el religioso. Y en Vanimo, 50 dispensarios son la única atención sanitaria en aldeas desde las que se tarda una semana a pie hasta el único hospital público. «Por eso la Iglesia es muy respetada».

La labor de los laicos

En la parroquia de la Santísima Trinidad, el sábado está dedicado a confesiones, «aunque la gente puede venir en cualquier momento». Además de la catequesis para niños, hay varios grupos para adultos: de padres, de madres, Legión de María o grupo de la Divina Misericordia. «Nos ayudan mucho», explica el padre Ravaioli. «Tienen buena formación y son muy apostólicos. Visitan a los enfermos, a las familias, a los alejados…».

Paganismo y violencia

La labor del padre Ravaioli y sus compañeros (dos argentinos como él y un mexicano) no está, con todo, exenta de dificultades. «El 80 % de la población viene a Misa los domingos, pero luego uno se entera de que algunos siguen con prácticas como invocar a los espíritus» de los antepasados y de la naturaleza. «Es un gran desafío que el Evangelio termine de echar raíces», promoviendo todo lo que la cultura local tiene de bueno –«todo niño es bienvenido, los ancianos son respetados y en las familias no hay miembros ricos y pobres»–, y al mismo tiempo «predicando con firmeza sobre lo que es contrario a la fe».

Otro reto es combatir la violencia contra la mujer, muy extendida. «Vemos con nuestros propios ojos casos de mujeres que son compradas y vendidas como mercancía», y cómo las propias esposas justifican después que «mi marido me compró y puede hacer lo que quiera conmigo». La exigencia de la parroquia con los novios que van a casarse –a los que se investiga, además de que «en las aldeas se sabe todo»– hace que el matrimonio católico sea una protección. «Pero esta práctica va a tardar mucho en erradicarse».

Papúa Nueva Guinea
Población:

7,3 millones (86,75 % en zonas no urbanas)

Capital:

Port Moresby

Religión:

64,3 % protestantes y 26 % católicos